Un experimento abierto a la creación
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Recital del cantante, guitarrista y compositor Juan Quintero . Con Rodrigo Domínguez, saxo; Fernando Tarrés, guitarra y arreglos; Jerónimo Carmona, contrabajo; Juan Pablo Di Leone, flautas, y Mercedes López, saxo. El viernes, en Notorious.
Nuestra opinión: muy bueno
Para los seguidores de Juan Quintero, el recital que el músico dio el último viernes era una cita obligada. Para los que no conocían a este folklorista tucumano y tuvieron la oportunidad de escucharlo se habrán llevado una muy grata sorpresa. Seguramente, encontraron a un artista talentoso, que hace comentarios divertidos sin proponérselo entre una canción y la siguiente, que llevó un buen repertorio y estuvo magníficamente acompañado por Fernando Tarrés y compañía (un grupo pensado especialmente para este proyecto musical).
Claro que quien haya hilado más fino en el desarrollo de este recital habrá notado algunos cambios en el enfoque musical. Poner la atención en esto es una manera de explicar, en estas líneas, el proyecto que llegó al escenario. Porque en ese concierto se escuchó a un Juan Quintero distendido, que montó su voz al sonido de su guitarra y se dejó acompañar en ocasiones por el flautista Juan Pablo di Leone. Pero también hubo otro Juan Quintero que fue menos extravertido, aunque muy concentrado y certero, que estuvo dedicado a la interpretación de temas arropados por los arreglos de Fernando Tarrés y el resto de los músicos. Esa fue la parte experimental del recital. Algo así como un work in progress, que suena bastante avanzado en cuanto a la escritura de los arreglos, pero lo suficientemente abierto para seguir trabajando la sonoridad. De hecho, días atrás Tarrés contó a LA NACION su deseo de grabar un CD con una orquesta.
Lo que se escuchó en este recital fue un grupo. Incluso, por el currículum de los músicos que participaron, más de uno habrá pensado que se trataría de alguna clase de mixtura entre el folklore de Quintero y el jazz del combo. Pero nada de eso se escuchó. Excepto por una versión de "La cruzadita", con un interesante trabajo de leves ornamentaciones jazzísticas del saxofonista Rodrigo Domínguez, los espacios creados para que allí se plantaran los temas no respondieron a un género en particular. La experiencia también dejó la sensación de que la instrumentación, además de ampliarse, puede modificarse. El arreglo de "Paloma", por ejemplo, podría estar pensado para cuerdas en vez de aerófonos.
No es fácil correr de sus ejes rítmicos y armónicos a las piezas seleccionadas. Con mayor o menor éxito, el recital fue transitado con temas exquisitos de Quintero, Pepe Núñez y Juan Falú, Manzi y Piana, Félix Dardo Palorma, Carlos Aguirre y Fernando Barrientos, entre otros.
Esa tarea de amalgamar estas músicas criollas o antiguas nativas en la voz de Quintero con lo escrito por Tarrés no siempre dio los mismos resultados. Hubo desniveles. Pero queda un interesante camino para seguir recorriendo, especialmente por el minucioso trabajo sobre las coplas (algunas de vidalas) para las voces de flauta, saxo y clarinete. A favor de Tarrés también hay que decir que es un músico muy abierto a la búsqueda de timbres y texturas. De hecho, como lo ha demostrado en otras ocasiones, no piensa desde (su instrumento: la guitarra) sino para (el conjunto).






