
Un hotel de 2x4
Sólo para tangueros auténticos, en Balvanera abre un espacio temático
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Vivir de milonga pronto dejará de ser una utopía: en pocos días se habilitará en Buenos Aires una especie de hotel para bailar de la mañana a la noche, exclusivo para fanáticos de la música más porteña. Y no es una manera de decir: para registrarse habrá que tener chapa de compadrito o maleva, o –mejor dicho– haber venido a Buenos Aires para ver y aprender a bailar, tocar o cantar tango.
Complejo Tango es un hotel temático que funcionará desde el 7 de octubre en una casa de estilo francés y origen remoto (el más antiguo documento se remonta a 1895), en el barrio de Balvanera, en la esquina de Belgrano y Saavedra.
Se trata de 1200 metros cuadrados coronados por una cúpula de pizarra negra. Adentro, pisos de roble y herrería de época se asocian con variedad de detalles arrabaleros en nueve habitaciones de costo razonable: 15 dólares la simple, 20 la doble.
El desayuno casi obligado es el mate, y la idea es pasar el día en el salón, donde se dan clases de baile a toda hora, abiertas al público con un abono especial. En otra sala esperan un piano y un profesor para bailarines en apuros o en vías de serlo.
En el restaurante, habrá un menú liviano para los que están en plena danza, pero cada noche el plato principal será un espectáculo que narra la historia del tango, con orquesta propia, dirigido por Carlos Borquez y Martín José Jurado, y vestuario de diferentes épocas ideado por Hilda Curletto. Para variar, se irán intercalando números de circo e invitados especiales. También, un patio con parrilla.
En ese ambiente, el pasajero podrá pensar que su viaje desde el exterior o el interior fue –más bien– un viaje en el tiempo. Infinidad de fotos de bailarines y cantores ilustres tapizan las paredes. Los carteles están fileteados por Alberto Pereyra, experto en la materia, y las salas recibieron los nombres de Carlos Gardel, Astor Piazzolla y Roberto Goyeneche.
Historia de un amor
"El tango lo lleva a uno. Es más fuerte que una droga", explica Roberto Pasmanter, el creador del lugar. El metejón empezó hace cinco años, cuando este hombre de la industria química se enamoró del tango en las milongas de la ciudad. Entonces surgió la idea de darle un destino de 2x4 a una casona antigua que tenía en desuso.
Durante los años de lento reciclado, en la feria de San Telmo compró cerca de 300 fotos viejas y otros adornos con vistas al futuro hotel. También pensó en darle un perfil autóctono: en Plaza Freud contrató a una artesana que hizo lámparas y detalles en vitraux, y en Plaza Fancia, a un escultor que proveyó figuras de hierro.
Su recorrido siguió por demoliciones, de donde salió con rejas antiguas que devendrían baranda del salón principal y balconcito con aire de cabaret, y vitraux para el enorme ventanal central. Para rematar las escaleras, nada como bailarines de bronce que caben en una mano.
"Acá nada es trucho", aclara el anfitrión. Más datos: www.complejotango.com.ar .





