
Un pionero del cine pornográfico local
El cineasta alguna vez se definió como “un Ed Wood porno”
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Maytland (ídem, Argentina/2010, color; hablada en español). Dirección y guión: Marcelo Charras. Con Víctor Maytland, Roberto Solano, Francisco Trull, Pilar Orellana, Adrián Martel. Fotografía: Guido Lublinsky. Dirección musical: Pablo Chimenti y Hernán Kertleñevich. Edición: Marcelo Charras. Presentada por Magoya Films. 82 minutos. Sólo apta para mayores de 18 años. Nuestra opinión: buena
Como Víctor Maytland, el pionero del cine pornográfico que está en el centro de la película, también ésta describió una trayectoria curiosa: empezó en clave de documental acerca del personaje ilustrando algunos episodios de su vida, y al llegar a un último proyecto que el protagonista nunca pudo concretar (una porno ambientada en un campo de la dictadura), adoptó la vía de la ficción, y en una suerte de cine (porno) dentro del cine puso en escena la concreción de aquella filmación frustrada, y la rodeó de apuntes anecdóticos secundarios, algunos inventados, otros inspirados en hechos vividos por Maytland o en los argumentos de sus películas, ya que en ellas solía incluir apuntes de la realidad o historias cómicas, dramáticas y aun políticas.
En el caso del cineasta, un porteño llamado Roberto Sena que alguna vez se definió como un Ed Wood porno, el recorrido se inició en los sets como meritorio junto a Pino Solanas, pasó por Canal 9 y terminó como realizador de la primera película nacional del género al que asegura haber aportado más de cien títulos.
Con el tiempo, esa industria, que tuvo su época de florecimiento, le dio a Maytland cierta fama de director de culto y hasta lo llevó a trabajar en Los Angeles, fue desvaneciéndose golpeada por la piratería, la competencia del material importado y la ilimitada oferta de Internet.
La película que Marcelo Charras le dedicó propone al principio el retrato de este cineasta con aspiraciones de autor, pero se dispersa al torcer el rumbo hacia la ficción y termina en un cierto extravío. De tal giro, resulta que el retrato de un personaje de historia poco común y rasgos tan personales termina postergado por un relato que no llega a ser tan bizarro como los de Maytland y anda bastante a la deriva. Quedan ciertas pinceladas sobre un ambiente cinematográfico con reglas propias, la eterna contienda entre la independencia creativa del cineasta y el ojo comercial del productor, algunas secuencias logradas (casi siempre las vinculadas con el hijo que bucea en los secretos de su padre), y un lenguaje cuidado en lo visual y el empleo de la música, pero no en la conducción de actores. Conviene aclarar que, si bien no faltan imágenes de sexo, quien vaya en busca de un film pornográfico saldrá decepcionado.
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