
El personaje que interpreta es Padme Amidala, la reina, devenida senadora, que se convertirá en la esposa de Anakin Skywalker.
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(El personaje que interpreta es Padme Amidala, la reina, devenida senadora, que se convertirá en la esposa de Anakin Skywalker.) Y lo cierto es que ella tampoco quedó muy impresionada cuando Lucas la tuvo en cuenta para el papel. "Dije: «¿La guerra de las qué?»", recuerda Natalie, hija de una pareja que emigró de Jerusalén a los Estados Unidos cuando ella era muy chica. (Portman no es su verdadero apellido; adoptó el de su abuela para no comprometer a su padre, especialista en fertilidad, cuyo nombre es muy conocido.)
De su primera incursión en el mundo de La guerra de las galaxias -en La amenaza fantasma, de 1999- le quedó una experiencia: actuar con efectos especiales… y sentirse perdida. La flamante Episodio ii: El ataque de los clones, la entusiasma más. Allí, el idilio entre Padme y Anakin -interpretado por Hayden Christensen- le dio la oportunidad de convertirse en la Chica de la Ropa Reveladora, como dice ella. "Esta vez hay mucha cintura y hombros al aire", comenta.
Una noche, camino de una lectura en público a cargo de los novelistas Salman Rushdie y Jamaica Kincaid, y del poeta John Ashbery, Natalie me cuenta cómo viven los estudiantes en la universidad. "Mis compañeros tienen unos logros fantásticos", dice. "Lo mío es apenas un logro de otro tipo, que para ellos no es necesariamente superior a lo que hacen. Pero claro que también están los trepadores que quieren codearse con vos; con esos hay que estar alerta."
Durante la lectura de los textos, Natalie escucha con atención, y en alguna parte cómica reacciona con la risa más estentórea de toda la sala. Lleva el pelo recogido en dos trenzas iguales, a ambos lados de la cara, a manera de mudo homenaje: "Ahora mi ídolo de la moda es Willie Nelson", dice. "Agradecé que no me puse también el pañuelo en la cabeza." Después vamos a su salón de té preferido, fuera del campus universitario.
Natalie quizá se reciba este cuatrimestre, y está pensando en volver el año que viene para seguir estudiando. Ella está acostumbrada a sacarse 10, "Pero, para mí", plantea, "los que son verdaderamente inteligentes no se sacan 10. Se dan cuenta de que no es tan importante entregar los trabajos en fecha. Mis trabajos, en cambio, los presento siempre en fecha. No soy de desafiar mucho las reglas."
Natalie Portman nació el día de cumpleaños de su mamá, Shelley: el 9 de junio. Pero lo más extraño -y de esto se dio cuenta, no hace mucho, Avner, su papá- es que la fecha más probable de su concepción fue el día de cumpleaños de su papá. "Es el dato más obsceno que me hayan dado en mi vida", les dijo Natalie.
Como estudiante, le interesa mucho todo lo que tiene que ver con la memoria. El experimento que pensó para la tesis que debe hacer el año que viene está relacionado con la teoría de que "la identidad es la forma en que construimos nuestro pasado con base en los recuerdos". Asegura que sus primeros recuerdos son tardíos -a partir de los 4 ó 5 años- porque creció con dos idiomas distintos. Vivió en Israel hasta los 4; luego su familia se mudó a Maryland e hizo varios viajes más hasta que su padre se acomodó en su profesión. Lo que más recuerda de Maryland es una alfombra rosada y sus muñecos. Tenía un montón de muñecos. "Me acuerdo de que tenían mucha carga sexual", dice. "Siempre los hacía tener relaciones sexuales entre ellos."
-¿Y qué les hacías hacer?
-Es rarísimo, porque no recuerdo haber hablado nunca de sexo con mis padres... pero siempre supe que existía. Y todos mis muñecos se montaban unos a otros. Hasta las Barbies se montaban a otras Barbies, y los varones entre ellos.
-A ver si entiendo bien: ¿había una orgía polisexual en la habitación de los juguetes?
-Sí. Y mis muñecos para la bañera también tenían relaciones.
Agrega que no sabía qué era exactamente el sexo, así que los muñecos más bien se frotaban uno contra otro, y listo. Pero cuando le sugiero que la profesión de su padre tuvo algo que ver, dice que no.
-Cuando era chiquita a mi papá no lo veía casi nunca, porque estaba haciendo la residencia.
Le pregunto a qué se dedica específicamente como especialista en fertilidad. "Insemina y hace cirugía, y es endocrinólogo reproductivo", responde la hija con total naturalidad. "Para mí, el olor a hospital es como el olor de mi papá."
Sin querer, hago un gesto de disgusto.
-Eso es como decir: "Qué tétrica es Natalie" -concluye, acusándome y riéndose a la vez.
Natalie es hija única. "Si hubiera podido elegir un hermano", dice, "hubiera sido un varón mayor que yo, así me presentaba muchachos lindos. No habría sido actriz si no fuese hija única, porque mis padres nunca habrían dejado que yo fuera la estrella de la familia, a expensas de otro chico". Y, por ser hija única, siempre sintió a sus padres como amigos: "Durante toda mi infancia fui a las fiestas de ellos. Siempre supe hacerme pasar por adulta".
A los 8 años, Natalie dejó de comer carne "por respeto a la vida".
Le comento que está nominada para la elección de El Vegetariano Más Sexy, que lleva a cabo por Internet la organización Personas a favor del Tratamiento Etico de los Animales (al final, ganó).
-De ninguna manera -reacciona-. No sé qué significa ser sexy y ser... A ver, ¿contra quiénes compito?
-Jude Law... David Duchovny... Angela Bassett...
-Son todos gente muy sexy -dice con una mueca-. No sé qué posibilidades tengo al lado de semejantes nombres.
-¿Salís con chicos que no sean vegetarianos?
-Sí. Es un poco raro encontrar tipos vegetarianos. Por eso Jude Law me parece más sexy todavía.
-Igual, está muy casado.
-Ya sé. Mejor cierro la boca. No está bien decir eso. Pero, o sea, supongo que puede seguir siendo sexy aunque esté casado. O sea, ni loca iría detras de él...
L a historia de como natalie fue descubierta y cómo se convirtió en actriz comienza en una pizzería de Long Island, donde una vez se le acercó una persona que buscaba chicas para una campaña de Revlon. Natalie no quería ser modelo, pero aprovechó la oportunidad para conseguirse un representante de actores. Su debut cinematográfico, en El perfecto asesino [The Professional], tardó en llegar; el primer papel que consiguió fue el de suplente en un musical del off-Broadway: Ruthless. En esa obra ya había participado otra joven prometedora: Britney Spears.
Hace poco, Natalie y Britney tuvieron ocasión de recordar juntas aquella época. Natalie recibió una invitación a una fiesta de la cantante, y la reenvió en broma a sus amigos varones. "Ellos me dijeron que me asesinaban si no iba y los llevaba a todos conmigo, así que fui con seis chicos", cuenta. Después de clase, la pequeña comitiva universitaria marchó en auto hasta Nueva York para encontrarse con Britney. "Podría decirse que fue lo mejor que les pasó en la vida."
Unos seis meses después de Ruthless, Natalie se probó para El perfecto asesino, que trataba de un francotirador huraño (Jean Reno) y una nena de 12. Cuando se estrenó la película, sus padres recibieron críticas severas y desubicadas por dejarla "hacer de Lolita", recuerda Natalie. A partir de entonces, se volvieron muy protectores. "No querían que, si caminaba por la calle, pensara que la gente podría estar imaginándome desnuda."
Es cierto que alguna que otra vez se dieron situaciones molestas. Hace un par de años, en St. Barts, en el mar Caribe, Natalie y una amiga se tiraron de un velero y fueron nadando hasta una isla desierta, donde juguetearon en la orilla, sin corpiño. Muy pronto, las revistas y los diarios sensacionalistas estaban decorados con esas fotos.
-Lo espeluznante es que ahí había alguien, alguien que nos seguía -dice-. Me enojé muchísimo... Es algo que, en el fondo, te hace sentir obscena... Bueno, quién no vio tetas alguna vez, pero es que no me gusta que me conviertan en un objeto. No ando sacudiendo las tetas delante de todo el mundo. Estaba en una isla desierta. -Se encoge de hombros.- Igual, el diario de hoy se usa mañana para envolver huevos, ¿no?
Pero antes lo lee la gente. Y a veces las consecuencias pueden ser desagradables. Su papá le contó que, después de publicadas las fotos, algunos colegas le comentaban, levantando las cejas en señal de aprobación: "¡Vi a tu hija..!".
A unque natalie llego a adulta sin sucumbir jamás al encanto de La guerra de las galaxias, hay un equivalente en su vida: la obsesión que tuvo siempre con otra película: Dirty Dancing.
-O sea, para mí Patrick Swayze era el sexo -dice-. Sigue siendo lo más. Es por la mandíbula.
También tenía otras fijaciones, como New Kids on the Block. El que más le gustaba era Joey McIntyre. "Yo había decidido adorar a ése", explica. El año pasado la llamaron para decirle que McIntyre quería salir con ella. "Arrugué. A ver si pensaba que, digamos, iba a andar con él. No quedás bien parada cuando aceptás que cualquier famoso te invite a salir."
Pero Natalie desea puntualizar que esta política, por rotunda y lógica que parezca, puede descartarse de inmediato en ciertas circunstancias.
-Y... O sea, francamente, si fuese Brad Pitt, lo cual, obviamente, está fuera de discusión, porque, digamos, está felizmente casado con una mujer espectacular…, si me llamara él, diría: "Está bien". Dejaría de lado mi boicot.
-¿Entonces, si los hombres te gustan mucho, el precepto queda en la nada?
-¡Por supuesto! ¿No queda en la nada toda moral si los hombres te gustan mucho?
C asi todos los personajes que interpretó Natalie en sus primeras películas -como la peligrosa obsesión de Timothy Hutton que encarnó en Beautiful Girls, de Ted Demme- eran nenas inexplicablemente adultas, no muy diferentes de como es ella en la vida real.
-En el cine de Hollywood, los chicos son como los bufones de Shakespeare -dice-. Son tan inocentes que tienen las llaves de la sabiduría, o es tremendo lo adultos que parecen, a punto tal que nos hacen pensar en lo tremendos que son los adultos.
-¿Siempre tuviste conciencia de eso?
-(Frunce la cara.) Me creía muy inteligente. Hasta los 13 años. Después, digamos que cuando los adolescentes se burlan de vos, se anula esa parte, y ahí aprendés a ser humilde. Durante una época lo pasé mal. Quizá me lo merecía; pero, aunque me lo mereciera, fue desagradable. A veces los chicos son muy crueles. Por ejemplo, me acuerdo de que tenía novio, y le di un beso en la primera cita, y por eso me decían puta.
Cuando Natalie tenía 13 años no soportó más su colegio y se pasó a la escuela pública: "De repente estás entre 500 chicos, y hasta los más nerds tienen su grupo de amigos". (Supone que ella "probablemente formaba parte del grupo genérico de «princesas norteamericanas judías»".)
Después de esas primeras dos películas, su carrera se aplacó. (Cuando se le pregunta de qué films está más orgullosa, elige esos dos primeros, y uno solo de los que hizo después -Anywhere But Here, el drama sobre una madre y una hija que protagonizó junto a Susan Sarandon-, pero agrega que lo que más la enorgullece fue su actuación teatral en The Seagull, el año pasado, en Nueva York.) Natalie siempre trabajó solamente en las vacaciones de verano (salvo cuando hizo de Ana Frank en Broad- way; entonces, de día iba a la escuela, como de costumbre). En general interpretaba papeles pequeños en películas bastante prestigiosas: Heat, de Michael Mann; Todos dicen te amo, de Woody Allen; Marcianos al ataque, de Tim Burton. "No digo que lo mejor que me pasó en el cine fue hacer de Taffy en Marcianos al ataque", se ataja. "Pero ahí pasé mucho tiempo con Tim Burton, y Jack Nicholson trató de enseñarme a silbar." (Y no lo logró.)
-¿Pensás que creciste muy rápido?
-No. Lo malo de los niños-actores es que, por lo general, piensan que son grandes. Pero no es así, para nada. Y cuando crecen, no son tan grandes como los de su edad, justamente porque antes pensaban que sí.
V amos al pequeño departamento de Natalie. Durante los primeros dos años de facultad, ella vivió en el campus, donde tuvo que compartir el cuarto. "Es complicado", recuerda. "Extrañaba mucho aquella época en que podía acostarme tarde, quedarme leyendo y poner la música que se me daba la gana."
El departamento en el que vive ahora es muy modesto. No hay indicios de que sea el hogar de una actriz exitosa, a no ser, tal vez, por el pase para el back-stage de un recital de Björk que tiene pegado en la computadora. Le pregunto si tiene sueños recurrentes. Me cuenta uno, pero no tiene ningún interés en atribuirle significado porque, a su entender, los postulados de Freud y sus seguidores son puras tonterías. "Lo que se piensa hoy", dice, "es que en esencia los sueños son, digamos, los pedos de la mente".
Es tarde, y tiene que irse a dormir. "Nos podemos encontrar dentro de una semana", propone, "y vas a ver que ando con la misma ropa, que no me curé, que tengo olor raro...".
P ronto natalie debera instalarse en su primera casa de adulta. Quiere vivir en Nueva York, pero se la ve más entusiasmada con residir en Jerusalén. "Me encantan los Estados Unidos, pero mi corazón está en Jerusalén. Ahí es donde siento que estoy en mi patria."
La madre de Natalie se crió en Cincinnati; sus abuelos eran rusos y austríacos. Conoció a su marido en la Universidad de Ohio: ella vendía entradas para una función de cine del centro de estudiantes judíos, y él le compró una, pero no pudo ir. Avner volvió a Israel, y se escribieron durante dos años, hasta que ella viajó para el bar mitzvá de su primo, y decidieron casarse.
Los padres de Avner se habían mudado a Israel a fines de los años 30; su abuelo polaco había sido líder del movimiento juvenil judío de Polonia, y su abuela era rumana.
-Fue espía para los británicos y viajaba por toda Europa -dice Natalie-. Como era rubia, podía pasar perfectamente por no judía. Los hombres se la querían levantar todo el tiempo porque era joven y hermosa... Te la muestro. -Saca una billetera que tiene adentro una vieja fotografía de dos mujeres.- Esta foto se la sacó en Rumania con su mejor amiga. Tenía entonces un par de años menos que yo...
El abuelo de Natalie se fue a Israel pensando que más adelante llevaría a su familia, pero no hubo más adelante: la historia lo barrió de un plumazo. Los padres del abuelo terminaron en Auschwitz. Con esta historia se crió Natalie.
Los hechos que están ocurriendo en Israel la intranquilizan. "Cada vez que le pasa algo a alguien de allá, es como si te arrancaran un brazo", dice, y agrega para despejar cualquier conclusión sobre su posición política: "Es obvio que soy una gran defensora de Israel, pero soy más defensora de la humanidad que de mis sueños personales".
Sobre su religión, resume: "Me defino mucho más como producto de un médico que como judía". No se siente a gusto con el concepto de la vida después de la muerte. "No creo en eso. Creo que acá termina todo, y pienso que es la mejor forma de vivir."
L a semana siguiente, en nueva York, Natalie lleva puesta otra ropa, se sacó las trenzas a lo Willie Nelson, no tiene olor raro y se siente mejor. Le hago unas preguntas:
-¿Cuál es tu momento de mayor tranquilidad?
-Cuando estoy enamorada -responde, soltando una especie de risita.
-¿Alguna vez, cuando eras chica, te preguntaste si eras homosexual?
-Claro. Nunca anduve con mujeres ni nada, pero, o sea, creo que en primer lugar se trata de la persona de la que te enamorás... ¿Y por qué cerrarse al 50 por ciento de las personas? (Después, volviendo al tema:) Creo que mi personalidad es más compatible con los hombres que con las mujeres. En los ámbitos como el de mi facultad o mi trabajo, las mujeres están entrenadas para ser competitivas. O sea, tengo amigas a las que adoro, pero... en la facultad es muchísimo más fácil ser amiga de los varones.
Habla un poco más de La guerra de las galaxias.
-Impresiona más que nada a los chicos chiquitos. En esencia, son los únicos a los que me interesa impresionar.
-¿Por qué?
-Porque es ternura y admiración espontánea.
-Pero eso también lo recibís si les repartís golosinas.
-Tal cual, y la equivalencia entre las dos cosas está buenísima. Los chicos reaccionan igual si sos la Reina Amidala que si les das un chocolatín.
Así charla Natalie, disparando teorías con convicción, como se puede hacer a los 20 años, por puro placer. Sin embargo, en un momento se frena.
-En esencia, lo que estoy diciendo está todo mal. Pero al menos va a hacer que alguien crea que está todo bien.
No sé si es mejor discutirle o no decir nada.
-Hacéte el psicólogo -sugiere- y calláte la boca.
Los juegos de la infancia
Natalie con sus muñecos erotizados, a los 3 años (izquierda) y jugueteando con papá Avner, a los 7. "No habría sido actriz si hubiese sido hija única; no sirvo para compartir", asegura.






