Una chica muy especial
Dolores Fonzi salta de la TV al cine independiente, dirigida por su novio, Luis Ortega
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Hay quienes dicen de ella que es la verdadera "Amélie", ese personaje encantado del film francés de Jean-Pierre Jeunet que se ocupaba de dar felicidad a los otros. Lo dicen de la actriz Dolores Fonzi, de 24 años, en especial por su trabajo en "Caja negra", la opera prima de Luis Ortega (uno de los hijos menores de Palito), que sorprendió por su sencillez y sensibilidad para explorar la silenciosa relación entre un padre, su hija y una abuela centenaria.
Esta película, que se estrenará mañana, no tuvo ni más (ni menos) pretensiones que mostrar personas reales. "Mi experiencia fue entregarse a servir a alguien." Así describe Fonzi su convivencia de cinco meses previos al rodaje con la anciana Eugenia Bassi, con todo lo que ello supone: cuidar de su fragilidad y acompañar su fortaleza, del día a la noche. ""Sos la persona más noble que conocí", me dijo ella, rodeada de muchachos que queríamos hacer una película. Yo tenía 21 y ella tenía cien."
Dolores se pone seria y su mirada se torna penetrante. Se diría que, a veces, incluso intenta no parecer tan bella como es, afearse ("Eso mismo me dice mi mamá", comenta), buscando un modelo estético más personal y alternativo. Pero al rato vuelve a resplandecer con una llana inocencia, con apreciaciones sobre su personalidad que sorprenden y que la transforman en una especie de pequeño duende hablador, que se toma las cosas muy en serio. Alguien le regaló el piropo de considerarla la reencarnación de Romy Schneider, a lo que ella agradeció con un: "¿Eso es bueno o malo?"
"Siempre fui muy buena alumna, buena compañera, buena deportista, respondiendo a todo muy bien hasta que quise ganarme mi propia plata. Entonces empecé a ver si me podía meter en publicidad -cuenta, verborrágica- . Después me llamaron para el casting de "La nena", en Canal 9, pero la pasaba muy mal porque no estaba preparada para actuar, no sabía, pero sí era muy tenaz".
Terminó lo que le quedaba del colegio y por un año trabajó en distintos programas del canal. "Todos fracasos", señala ella, sin pudor: "Ricos y famosos", "De la nuca", "Aprender a vivir" (o "a volar", dice, no está muy segura). Después estudió teatro con varios maestros; sabía que le faltaba escuela. Su preferido, Gandolfo. "Fue el único que me quemó el bocho", dice. Pero le propusieron trabajar en "Verano del 98" y no dijo que no. Hoy no se arrepiente, para nada: "Me dio un lugar, como a muchos. Después, depende de lo que vos hagas con ese lugar. Es como cuando te preguntan si ser linda es un problema. Lo negativo te viene en contra, pero también te vienen cosas positivas, ¿entendés? A mí, "Verano.." me sirvió para eso. La gente empezó a pararme en la calle. Pero en el segundo año lo dejé para hacer la película "Plata quemada"."
Dice que le gustaba tanto el personaje de Vivi, una prostituta, en la película de Piñeyro basada en la novela de Ricardo Piglia, que fue a la audición con la seguridad de sentir que "ese personaje soy yo. Fui a la audición con un tapado, y debajo una bombacha y un top. Mi propuesta fue muy firme y a Piñeyro le gustó. Pero no siempre me pasa".
Todavía le resulta fácil enumerar su historia. En cine, trabajó también en "Esperando al mesías", de Daniel Burman; "Caja negra", de Luis Ortega, "Vidas privadas", de Fito Páez. Y actualmente, está terminando el rodaje de "El fondo del mar", la opera prima de Damián Szifron, autor y director del programa de TV "Los simuladores".
En TV, además de "Verano del 98", tuvo un destacado papel en "El sodero de mi vida". Y en teatro, sólo en dos obras; ella destaca "El señor Bergman y Dios". Pero dice que todavía no le encontró "el real sabor al teatro", que le da mucho "vértigo". Por eso prefiere, toda la vida, el cine.
Psicoanalizada
Dolores repite seriamente, varias veces, la palabra "psicotizada". "¿Hablo como mi psicoanalista?", pregunta, preocupada. "Hago terapia cuatro veces por semana -cuenta-. Es que el actor trabaja con lo que es. Entonces, pienso que si no sabés lo que sos no sabés actuar. Quiero decir: cuanto más me entiendo, más confío en eso que sé que soy, y cuanto más creo en mí mejor me va en ese sentido. Por eso me analizo. Bueno, no sólo por eso..." Y sonríe.
Entonces cuenta que estuvo un año "psicotizada" con el personaje de Romina, sobrina de Dady Brieva en "El sodero de mi vida". "Cuando me lo propusieron, me dijeron: "¿Viste a la hija del juez Fraticelli, la que asesinaron? Bueno, a ella queremos que hagas". A mí me sirvió una imagen de la película "Contra viento y marea". Emily Watson está llorando, tapándose la cara con las manos, y cuando se le acerca una mujer para ver qué le pasa ella se está riendo. Entonces leí hasta el capítulo 24 y a partir de ahí sólo preguntaba qué tenía que decir, y como tengo muy buena memoria me manejaba con mucha libertad. Me encantó el personaje. Me gustaba también que no tenía que seguir un hilo: si Romina se había peleado el día anterior con alguien no importaba que al día siguiente estuviera contenta. Como si de verdad fuera nueva cada día."
Entonces insiste en que estuvo todo el año "poseída" por ese personaje, "que me conectó con mi infancia, con... No... Iba a decir algo re- grasa : con mi niño interno. Estuve psicotizada. Me vestía con su ropa para salir a la calle. Robaba ropa, usaba remeras del Increíble Hulk. Fue medio regresivo. Pero también me divertí haciéndola... con mi retraso natural -bromea-. Mi hermano menor me decía: "¡No tenés que hacer nada, no necesitás actuar!"".
Muchos destacan el pequeño papel que interpretó en "Esperando al mesías", una lesbiana amiga de la actriz Chiara Caselli. "Fue un toque. Pero yo no lo veo como algo por lo cual tengan que felicitarme. Fue simplemente el personaje de una chica que en ese momento está con otra chica. Fue un solo día de rodaje. Pero no es a conciencia como elijo los personajes. No me propongo una lista, y digo: "Ahora quiero hacer a una lesbiana, después a una minusválida..."."
"Caja negra" fue una experiencia compartida con su novio, Luis Ortega, uno de los hijos del cantante y dirigente político Ramón "Palito" Ortega.
"Lo conocí hace cuatro años. Nos separamos luego un tiempo y ahora volvimos a estar juntos. El estudiaba filosofía, después cine, hasta que se cansó y la plata que pagaba en la Universidad del Cine decidió ahorrarla para una película. Y así empezamos este experimento. Yo no estaba trabajando, tenía tiempo. Un día, Luis me dijo: "Conocí a tu abuela, la tenés que conocer y tenés que empezar a entablar una relación con ella"."
Dolores ocupó el lugar de la señora que cuidaba de Eugenia. "Yo la levantaba, la bañaba, le cambiaba la ropa, le daba de comer... También llevaba una camarita digital y tomaba imágenes que después Luis veía. O le comentaba sobre diálogos que teníamos con Eugenia. Fue muy fuerte participar en la vida de alguien de forma tan directa. El día de su muerte real fue igual que el de su muerte en la ficción. Usó el mismo vestido. Nunca estuve tan cercana a la muerte. Yo estuve ahí, sabiendo que estaba para eso, para acompañarla en sus últimos momentos de vida, haciéndoselos pasar lo mejor posible." Con Eduardo Couget, que interpreta a su padre, tuvo una experiencia similar. "Sí, ya es un amigo. Cada tanto lo vamos a visitar. Vive en un local del Ejército de Salvación. Pero Dolores prefiere no quedarse con el recuerdo de que "Caja negra" fue su experiencia de trabajo más liberadora como actriz.
Entonces retoma su veta sentenciosa, y promulga: "Si te quedás en algo, te perdés. Si permanecés en la creencia de algo, te estancás, pensando en que algo no te funcionó. Nosotros en ese momento no teníamos demasiada confianza en lo que hacíamos. Ahora somos un poco menos inocentes, somos más conscientes de la aceptación del otro. El transcurrir sin expectativas es algo que te libera de presiones y ataduras".






