Una familia muy anormal

Juan Garff
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26 de julio de 2015  

Los fabulosos ¡buu! / Autor: Gastón Marioni / Director: Rubén Viani / Intérpretes: Sofía Pachano, Silvina Tomé, Meme Mateo, Alfredo Allende y Sebastián Pajoni / Escenografía: Magalí Acha / Música: Hernán Matorra / Vestuario: Laura Staffolani / Coreografía: Barby Ostrovsky / Dirección musical y piano: Hugo Hoffman / Sala: Teatro 25 de Mayo, Triunvirato 4444 / Funciones: martes a domingo, a las 16.

Nuestra Opinión: Buena

La familia Buu vive en Villa Espanto, apartada de la gente "normal", que es la que desde su visión es la "rara". Se plantea así desde el vamos en Los fabulosos ¡Buu! un punto de partida que pone en evidencia la arbitrariedad de toda discriminación. Mía, la hija de la familia "monstruosa", lleva dentro el gen infantil del desprejuicio y la rebeldía y cruza la frontera prohibida hacia Bella Vista, la ciudad de los "normales" (que muestran tener más de un tic al menos llamativo). Entra camuflada en la escuela, se sienta junto a Luna, una niña con ínfulas de estrella en ciernes y asiste a la clase de un profesor de música que muestra tener en su cabeza algo más que un peinado vistoso.

El encuentro de los dos mundos pone en juego una trama interesante en la obra escrita por Gastón Marioni ( Tanguito mío), en la que cada uno tiene algo que aportar y algo que aprender. La música es un eje temático de ese intercambio de experiencias que canaliza naturalmente la puesta en escena como musical, reforzada con el acompañamiento en piano en vivo sobre el escenario.

La escena del primer contacto entre Mía y Luna, interpretadas por Meme Mateo y Sofía Pachano, respectivamente, constituye uno de los momentos más intensos. Una expansiva y radiante, la otra reticente y escondiendo su condición de "monstrua", son los polos que tensan la cuerda sobre la que se desarrollará la obra.

La puesta en escena de Rubén Viani encuentra aquí el tono justo. No ocurre ello en todo momento. La escena inicial de presentación de la familia Buu se extiende en demasía en gags verbales de ese mundo al revés, en el que se saludan con "Mal día", es buen augurio levantarse con el pie izquierdo y un piropo decirse "feo". Un nivel de cierta estridencia sonora sostenida a lo largo de la obra -salvo en breves momentos como el de ese primer encuentro entre Mía y Luna- desmerece también las indudables cualidades vocales del elenco -que completan Silvana Tomé, Alfredo Allende y Sebastián Pajoni-, al no permitirles emerger claramente en el canto como puntos de destaque.

La atractiva caracterización visual de unos y otros, con una historia que en clave de humor plantea un nudo fuerte, permitía una aproximación más matizada a la resolución de la distancia entre "monstruos" y "normales". Le habría dado mayor potencia a la festejada integración de Mía en la escuela de talentos.

Por: Juan Garff
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