
Una herencia afinada
Los recitales multitudinarios, la popularidad en escala mundial, la influencia de la TV y el poder del marketing son fenómenos que llegaron para quedarse en el escenario de la música lírica de la mano de los Tres Tenores; hoy, a la nueva generación de cantantes que asoma para reemplazarlos se le exige, además de talento artístico, una auténtica imagen vendedora
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Ya nadie discute que, para el mundo de la lírica, hay un antes y un después del fenómeno "los Tres Tenores".
La fructífera -y muy lucrativa- asociación entre los españoles Plácido Domingo y José Carreras más el italiano Luciano Pavarotti los proyectó a niveles de popularidad impensados para intérpretes provenientes de la ópera. Desde hace casi diez años pelean mano a mano, a través de sus discos en los que conviven arias de óperas, canzonettas y popurrí de música popular, con las estrellas del pop y el rock internacional.
Por tercera vez consecutiva, el campeonato mundial de fútbol les sirvió de marco para atraer todas las miradas y los oídos hacia sus voces. Esta vez París, con su torre Eiffel como escenografía de tamaño real, sirvió de punto de reunión para el emprendimiento de carácter multitudinario, el viernes último.
Pero aunque los números todavía les sonríen, el desgaste de la ultraexposición pública se está haciendo notar, a lo que se agrega, en un horizonte ya no tan lejano, el retiro de la escena.
De hecho, el único que todavía participa activamente en su lugar de origen, esto es, en puestas de óperas completas es Plácido Domingo. Pavarotti, de 62 años, viene alternando buenas y malas en los grandes teatros europeos y norteamericanos, y Carreras nunca fue el mismo después de una enfermedad que puso en riesgo su vida.
Eso sí, es tan fuerte el fenómeno "Tres Tenores" que las revistas especializadas y los sellos suelen caer en el latiguillo de promocionar a los que hacen fila detrás de Pavarotti-Carreras-Domingo, como el posible "cuarto tenor".
Obviamente, sin la masividad de sus colegas hombres, en los últimos años se inició también el lógico recambio generacional entre las mujeres.
Y aunque un prestigio sólido -aún hoy- sólo se consigue demostrando la real capacidad para cantar sobre las tablas de los grandes escenarios del mundo (léase, Scala de Milán, Metropolitan de Nueva York, Covent Garden de Londres), ya no alcanza para hacerse un lugar en el competitivo mundo de la ópera.
Cada vez más se tiene especial cuidado en que, además de poder cantar bien, un artista sepa actuar y posea un physique du role adecuado para los personajes que deba enfrentar. La aparición de la televisión y sus primeros planos, el mayor peso de la dramaturgia dentro de la ópera y también el marketing empresario acentuaron esta tendencia.
Lo que pide la industria
La industria discográfica aprovecha muy bien la imagen vendedora del matrimonio entre el tenor italiano Roberto Alagna y la soprano rumana Angela Gheorghiu, la belleza y juventud de la italiana Cecilia Bartoli, el estilo "Elvis Presley" del ruso Dmitri Hvorostovsky, la inquietante sugerencia de Anne Sofie von Otter y hasta el aspecto barroco del robusto barítono-bajo galés Bryn Terfel.
No se trata de un invento novedoso, sólo que la tendencia es a mostrar una imagen más llana y menos anticuada para un género que carga con el mote de "anticuado y elitista", como reconocen estos cantantes que andan por los 30 años.
Con los Tres Tenores, los sellos discográficos registraron además que hay mucha más gente que escucha y asiste a recitales de artistas líricos que a funciones de óperas completas.
Si con respecto a los grandes recitales al aire libre el eje del debate se centraba en saber si acercarían nuevo público a la ópera, el tiempo demostró que lo que consiguieron fue instalar la figura del cantante lírico dentro del mercado masivo, incluso más allá del repertorio que interprete. Las exitosas experiencias crossover de Pavarotti & friends, compartiendo escenario con artistas tan disímiles como Zucchero, U2, Sting o las Spice Girls, los discos con música popular de Plácido Domingo y de José Carreras, prueban que la gente sigue a sus cantantes favoritos en estas incursiones, a veces cuestionadas por la crítica. En muchos casos, los tenores no cantan adecuados al estilo, pero eso no parece importarles a sus seguidores. No casualmente, antes que grabar óperas, los sellos prefieren que sus nuevos cantantes se dediquen a los recitales. Claro, tienen innumerable cantidad de óperas de las cuales extraer algunas de sus arias, que se han transformado en una especie de "cancionero lírico", independiente del contexto original en el que fueron pensadas. Aunque, nobleza obliga, es muy probable que alguien que por ejemplo se entusiasme con la belleza del aria "Nessun dorma", de "Turandot", termine buscando un video o asistiendo a alguna función con la versión completa de la última ópera escrita por Giacomo Puccini.
Recitales y óperas
Tenores candidatos al trono como Roberto Alagna o el argentino José Cura se ganaron un lugar, gracias la obtención de concursos (¡organizados por alguno de los tres tenores!) y por resonantes éxitos en papeles "pesados", interpretados en diferentes teatros de Europa. Pero al firmar contratos con las grandes multinacionales comenzaron grabando recitales de arias.
El primer disco que grabó Cura para Erato, uno de los sellos de la la multinacional Warner, estuvo dedicado a las arias de Giaccomo Puccini. Y para darle un mayor impacto a esta primera aparición, Cura contó con verdadero padrinazgo: en la dirección de la orquesta estuvo nada menos que su colega Plácido Domingo.
A tal punto funcionó este método que EMI lo repitió con una de sus nuevas sopranos, la rumana Leontina Vaduva, con Plácido Domingo al frente de la Orquesta Philharmonia y naturalmente en un disco con una selección de arias.
La carrera de la nueva camada de cantantes líricos después de los Tres Tenores parece dividirse en dos frentes: el original, que se construye teatro a teatro, ópera a ópera, y el de la industria discográfica, en la que se conjugan el marketing que pone su mirada en un público que, al igual que lo que pasa con el fútbol, es miles de veces más amplio que el que solamente asiste a los teatros.
Los 200.000 ejemplares que Cecilia Bartoli vendió solamente en los Estados Unidos con su disco "Mozart portraits", en el sello Decca, o los 170.000 del matrimonio Gheorghiu-Alagna cantando duetos y arias, con EMI, son los números que reforzaron la tendencia.
Hay varios cientos de cantantes trajinando el circuito mundial de teatros líricos, de los cuales unos pocos tomarán la posta que dejan los Tres Tenores y los demás grandes colegas (hombres y mujeres) de este siglo.
Pero sin duda encabeza el lote "la pareja de oro", como llaman al matrimonio Alagna-Gheorghiu, que venció a la ciclotímica prensa especializada europea con su participación en la multipremiada versión de la ópera "La rondine", de Puccini. Después de ser disputada palmo a palmo, la pareja dejó de lado al sello Decca y firmó la exclusividad con EMI, pero aseguran que se cuidarán para que la profesión no les arruine el matrimonio, desacelerando el frenético ritmo de conciertos, giras y grabaciones.
La generación de estos cantantes que tienen entre 30 y 40, que incluye a Bryn Terfel, la soprano Renée Fleming, el barítono Thomas Hampson, la mezzo Cecilia Bartoli, y José Cura, entre otros, tiene, además de un espacio propio legítimamente ganado, una idea en común: hacer que la ópera sea aún más popular.
La clave la dio Roberto Alagna en una entrevista concedida a la revista Classic CD. Explicando por qué grabó un disco con canzonettas napolitanas y planeaba realizar otro con composiciones propias de corte popular, dijo: "Es interesante tener una voz lírica en este tipo de repertorio, porque puedes hacer regresar a mucha gente a la ópera. Estoy buscando formas de hacer que la ópera sea popular. Y no sólo yo. Creo que es lo mismo para Bryn Terfel, Cecilia Bartoli o Thomas Hampson; todos están tratando de hacer algo nuevo con la ópera. Algunos piensan que es anticuada y elitista, Y no es así. Tenemos que cambiar algo para tender un puente sobre el vacío".
El tiempo dirá si el planteo del tenor nacido en Francia, pero de padres sicilianos, se concreta. Por lo pronto, Domingo, Carreras y Pavarotti ya abrieron el juego.





