
Una historia de amor, locura y muerte
Leopardi, el joven fabuloso, retrata a un autor imprescindible de la literatura italiana
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El fervor y la pasión que emergen de los textos de Giacomo Leopardi justifican su intacta vigencia, hasta hoy, en el contexto de la literatura italiana. Para trasladar esa fuerte personalidad literaria al lenguaje del cine, Mario Martone, reconocido régisseur de teatro y ya experimentado realizador, eligió una vía desafiante. Así, la agitada existencia del escritor, que murió a los 39 años (al cabo de un periplo vital hecho de dolor físico, rebeldía, amores, creación y muerte), se instala en las imágenes de Leopardi, el joven fabuloso, un fresco de la vida romántica del ottocento aplaudido en la pasada Mostra de Venecia, que Anica-Artkino presentará mañana en las salas porteñas.
"'Mi Leopardi es esencialmente un rebelde -afirma Martone, acerca de su visión de este escritor que, nacido a fines de 1700, trascendió a su época-. Su discurso trasuntaba un pensamiento dinámico, que no pertenecía a su tiempo. Todo lo que escribió fue autobiográfico. Es un poeta que habla a todo aquel que sienta la necesidad de romper las rejas que, desde la adolescencia en adelante, todos sentimos alrededor de nosotros: la familia, la escuela, la política, la sociedad, la cultura. Las concesiones, esas hipocresías con las que estamos obligados a pactar, él no las toleraba, y terminaba por romper esas rejas una a una, jugándose la vida. Una vida inevitablemente incómoda."
El guión de Leopardi, el joven fabuloso desarrolla el peregrinaje del protagonista (Elio Germano) junto con su amigo Antonio Ranieri (Michele Riondino) a Nápoles, que le depara un golpe al corazón y el impacto de un rayo. El poeta se enamora de los barrios populares: de los chicos, de las prostitutas, de las tabernas, del vino y de los dulces típicos napolitanos. Su infancia había transcurrido en su Recanati natal, entre los diez mil volúmenes de la biblioteca de su padre, que se le antojaba una prisión. En esa época, se debatió entre múltiples amores y los padecimientos por sus dolencias óseas, que le ocasionaban una deformación corporal.
Cuando en Nápoles estalla el cólera, su amigo Ranieri lo arrastra a Torre Annunziata, al pie del Vesubio, donde escribe La ginestra (o Il fiore del deserto), la extensa poesía que resume su pensamiento y que corona su obra. "El desafío era recitar aquel texto sin declamar, decir esos versos sintiéndolos en la carne, en la cotidianeidad -dijo Germano-. Traté de pensar que no era un actor que recita una poesía, sino la persona que la había escrito."
El intérprete dice haber encontrado en Mario Martone un agudo conocedor de los recursos de la actuación por su experiencia teatral. Debutó en cine con la comprometida Muerte de un matemático napolitano (1992) y luego sumó títulos relevantes; entre ellos, el recordado Teatro de guerra, de 1998. Leopardi, el joven fabuloso es su noveno largometraje de ficción.
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