
Una historia robada a la soledad
Assumpta Serna: la actriz española vino a Buenos Aires para el estreno de "Momentos robados", de la que es protagonista.
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Assumpta Serna es luminosa, pero muy introvertida. Es conversadora, pero su discurso siempre gira alrededor de la idea de estar viajando de un lado a otro, en busca de cosas que la movilicen. Prefiere la vitalidad del sol por las mañanas, como las de su Barcelona natal, pero también las que vivió en Los Angeles y las de Buenos Aires, a pesar del otoño y del frío. Recién llegada de Roma, no ve la hora de poder volver sin compromisos de estreno para conocer algo más que Puerto Deseado y Comodoro Rivadavia, donde en 1996 filmó "Momentos robados", dirigida por Oscar Barney Finn, que finalmente se estrena pasado mañana.
En realidad, Assumpta Rodés Serna, tal como nació en Barcelona, es una mujer enigmática, esquiva de la prensa "del corazón" que desde que cumplió veinte años, a finales de los setenta, viaja de aquí para allá con la ilusión de encontrar ese lugar que, está convencida, la espera. Trabajó en más de cincuenta películas, pero no recuerda que lo haya hecho dos veces con un mismo director. Recibió órdenes de Olea, Saura, Berlanga, Miró, Picazo, Almodóvar, Bigas Luna, Camus, Monicelli, aunque también de Ted Kotcheff y Zalman King. Los que tienen memoria recuerdan haberla visto en series como "Historia del crimen" y "Falcon Crest". En la Argentina ya estuvo dos veces. La primera, cuando en 1990 le tocó encarnar a Sor Juana Inés de la Cruz en "Yo, la peor de todas". La segunda, hace dos años, cuando regresó de la mano de Barney Finn para dar vida, pasión y locura a esa suerte de Madame Bovary patagónica que tiene como eje "Momentos robados", según la historia hecha guión por el mismo director, junto al uruguayo Antonio "Taco" Larreta.
Assumpta y Letty
Con un look muy distinto al de su personaje, Assumpta Serna observa cuidadosamente a su interlocutor, pero su mirada es impenetrable. Sabe muy bien lo que dice, pero difícilmente hable de sí misma. Esconde una personalidad sensible y profunda, que aparece en cada uno de esos pocos personajes que, como el de Letty, la conmovieron: "Viendo la película, descubrí cosas en mí que no imaginaba. Recuerdo cuando hicimos la secuencia del desenlace de la película, con Letty en la playa... Me sentía vacía como actriz, y pensaba que el personaje también, porque ya lo había hecho todo", asegura.
"Es importante estar al lado de películas que te han dado mucha ilusión. Creo que con el papel de Letty se dio en mí un antes y un después en mi vida personal. Fue un tiempo de descubrimientos. Pero esto de hacer un film y estrenarlo dos años después es como parir un hijo y no mostrarlo, cuando en realidad la felicidad está en compartirlo con los demás. Da pena. Pero en esta profesión hay que acostumbrarse: ocurre todos los días".
Matar al personaje
"Cada película es como o la vida: hay nacimiento, infancia, adolescencia, madurez y muerte. Como no nos queremos morir, es duro sufrir esa situación una y otra vez, cada rodaje. Se trata de personajes a los que les das tu piel y... Es un horror tener que morir. Hay personajes que te matan y otros que tienes que buscar cosas en ti, que te mueven más que otros, y es difícil desprenderse. El de Letty fue uno de ellos -reflexiona-. Marcó un momento clave de mi vida, porque venía de una vorágine de trabajo, de un lado para otro, y de repente encontrarme en la Patagonia con un personaje que se refugia en la fantasía para seguir, en una realidad sin frontera, me hizo tocar cosas mías, como el hecho de no tener hijos.
"Es necesario ver esta historia en una pantalla grande, más grande que uno, y descubrir lo que la soledad significaba para esa mujer. Es un problema universal: el hecho de que tengamos más fácil acceso a la comunicación no nos hace menos solitarios. Letty se refugia en mundo fantástico. En realidad, todo el mundo se la pasa refiriéndose a cosas que no tiene y le gustaría tener. En el caso de Letty, hay un destino que la castiga porque ella no ha sabido distinguir entre la realidad y la fantasía", reconoce.
Un libro, una película
En el después que dice haber iniciado tras aquel rodaje austral en 1996, Assumpta Serna comenzó a hacer realidad dos proyectos. Acaba de terminar un libro, "Página abierta a un actor de cine". "Mi primera idea nació en la Patagonia, y mucho me ayudaron Oscar (Barney Finn) y Elena (Tasisto). Las páginas están allí, nacieron de una necesidad y es como una recapitulación de cosas que quiero decir, cómo lo he hecho y cómo me han contado que otros lo hacían. Por qué hago las cosas de determinada manera... Es decir, la verdad de un actor, esas cosas que no tienes otro lugar donde contarlas que no sea en un libro", confiesa. También cuenta con un proyecto para hacer en cine, como directora, "un hecho real que me contaron hace años y es el punto de partida para el guión de "Boris I": la historia de Boris, un conde polaco que en 1934 llegó a Andorra con la idea de ser rey, la lucha por una quimera. Se me ocurrió indagar en el porqué y en el cómo. Y aparece el deseo de ese hombre de encontrar su Shangri-la, rodeado por esos personajes viajeros con los que de pronto me puedo identificar o no, y esos otros que me gusta encontrar y escuchar, enraizados en sus costumbres".
El regreso de Barney Finn
"Momentos robados" es el sexto largometraje de Oscar Barney Finn, recordado por títulos como "Contar hasta diez" y "Cuatro caras para Victoria". El guión, escrito por el director junto a Antonio Larreta, tiene como protagonista a la solitaria esposa de un médico instalado en la Patagonia, una mujer soñadora que se refugia en la fantasía del cine para poder superar su desesperación por huir de una vida sin sorpresas.
Junto a Assumpta Serna trabajan el francés François-Eric Gendron, Jorge Rivera López, Betiana Blum, Pepe Soriano, Elena Tasisto, Roberto Carnaghi, Martin Karpan, Arturo Maly, Julia von Grolman, Juan Manuel Tenuta y Rita Cortese, con dirección de fotografía de Félix Monti y música de Baby López Furst. El rodaje, que tuvo lugar en Puerto Deseado (Santa Cruz) y en Comodoro Rivadavia (Chubut), a más de 2000 kilómetros de Buenos Aires, se llevó a cabo durante el invierno de 1996. El film sólo se terminó a fines de aquel año y recorrió durante 1997 distintos festivales, como Toronto, Biarritz, Estambul, Valencia, Dublín, La Habana, Santa Barbara, Los Angeles y Chicago, además del Forum de Cannes ´98.
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