Una infidelidad, con clown y técnica mixta
"El magnífico cornudo". Autor: Fernand Crommelynck. Intérpretes: Diego Mariani, Déborah Heler, Diego Freigedo, Jazmín Ríos, Larisa Ramos, Andrés D´Adamo, Germán Salvatierra, Hernán Romero, Mariana Blanco, Carla Frassinelli, Maisa Armeri, Celeste Rena. Conjunto musical: Eugenio Buccello (violoncello), Adrián Crocce (percusión), Silvia Zermoglio (oboe). Vestuario: Alicia Briel. Luces y escenografía: Horacio Bustamante. Música original: Oscar Laiguera. Dirección de actores: Edgardo Moreira. Dirección general: Cristina Moreira. Centro Cultural Recoleta. Nuestra opinión: regular.
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El año último, como parte de las residencias, un buen número de egresados de la carrera de actuación de la Escuela Nacional de Arte Dramático tuvo la invalorable oportunidad de realizar trabajos guiados por directores de reconocida trayectoria. "El magnífico cornudo", que acaba de volver a escena en el marco del ciclo Teatro al Aire Libre que organiza el Teatro Alvear, es una de esas experiencias.
La obra tiene una estructura de enredos, a la clásica usanza de las comedias de Moliére o de Goldoni. La trama pone su centro en las dudas que el celoso Bruno tiene sobre la fidelidad de su amada Stella. A estas confusiones privadas se suman las condenas sociales, ya que la joven está en los anhelos de todos los hombres del pueblo y despierta los celos de las mujeres y la consecuente caza de brujas.
Esta versión de la directora Cristina Moreira concibe la puesta en escena por medio de la utilización de técnicas mixtas, aunque ostenta una base construida sobre los recursos que brinda el clown, una disciplina en la que Moreira es experta.
Es elogiable el esfuerzo de los jóvenes actores para realizar un trabajo exigente. Todos despliegan una energía y muestran una entrega que es digna de ser tomada en cuenta.
Sin embargo, la concepción de Cristina Moreira no llega a funcionar, pese a que este trabajo suyo generaba expectativas. La directora combina los gags y la inocencia del clown con una actuación -cuya dirección asumió Edgardo Moreira- orientada hacia el realismo, y a esto le suma algunos recursos de la commedia dell´arte. Pero el resultado final, en la totalidad, parece no cuajar. Se aprecian buenas ideas, pero separadas unas de otras sin conseguir construir un lenguaje mixto, fusionado. Se podría decir que en el transcurso de las funciones el espectáculo podría conseguir la cohesión que le falta, si no fuese porque tiene otros inconvenientes que sortear. Uno de ellos es un exceso de música, que es tocada en vivo por un trío compuesto de oboe, cello y percusión; excesiva e innecesaria cuando se superpone con los textos e impide la comprensión de la historia o cuando se toca sin un objetivo concreto, como crear climas, por ejemplo.
Cabe advertir que la obra transcurre durante dos largas horas, con un intervalo en el medio, y que lo más logrado del espectáculo son las actuaciones de Celeste Rena y Hernán Romero, dos clowns que ofician como maestros de ceremonia en el espacio abierto del Patio del Aljibe.




