
Una manera original de hacer justicia
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"Paradero desconocido", de Kressmann Taylor. Intérpretes: Raúl Rizzo y Roberto Catarineu; coro integrado por Alicia Iacovello, Diana Pereyra, Juan Pablo Gollian, Horacio Oriez e Ingrid Liberman. Dirección de coro: Ana Carfi. Dirección musical: Emilio Valle. Coreografía: Marcelo Carte. Escenografía y vestuario: María Marta Cicilia. Dirección: Lía Jelín. Duración: 63 minutos. En el Teatro del Nudo, Corrientes 1551. Estreno: 22 de agosto.
Nuestra opinión: bueno
Con una visión premonitoria, Kressmann Taylor escribió, en 1938, "Paradero desconocido", donde, en forma epistolar, anticipaba lo que luego ocurriría en la Alemania nazi. Para plantearlo no recurre a relatos épicos o genocidios, sino que simplemente se limita a describir una pequeña historia: la relación de amistad entre dos amigos, alemanes ambos, de los cuales uno de ellos es judío.
Ambientada en California, comienza con el viaje de Martin a su país natal, en 1932, mientras que Max se queda en los EE.UU., atendiendo una galería de arte de la que ambos son propietarios. La correspondencia es la forma de diálogo que tienen estos amigos entrañables y es a través de las cartas que Max nota el cambio ideológico que está experimentando Martin frente al avance del nacionalsocialismo y la atracción que ejerce Adolf Hitler sobre la población alemana derrotada y en la miseria.
Sin entrar en juicios de valores, la autora plantea, en forma literaria, ya que se trata de cartas, de qué manera el pensamiento de un hombre, condicionado por su entorno, puede modificarse hasta convertirse en un ser mezquino, egoísta y prejuicioso.
Del mismo modo, Kressmann Taylor muestra el cambio que se produce en el judío cuando llega la hora de reclamar justicia, la que obtiene de una manera premeditada, sin clemencia y sin necesidad de recurrir a la violencia.
El peso de la interpretación
Para la versión escénica de estas cartas, Lía Jelín agrega un marco musical integrado por un coro que se integra dramáticamente a las acciones.
Dos escritorios, a los laterales, y cinco sillas, en el centro del escenario, son los elementos necesarios para ilustrar la pieza.
Indudablemente, el peso recae en la actuación de Raúl Rizzo y Roberto Catarineu.
Rizzo, como el amigo judío, encontró el papel justo para mostrar su ductilidad, con un trabajo sutil, cargado de matices que le permiten marcar la transformación de su personaje. Se lo ve bien instalado y muy enganchado en la composición, aun en los momentos en que la palabra la tiene su compañero.
En cambio, Roberto Catarineu, en una clara aproximación a su personaje, no se encuentra cómodo en cuanto a la respuesta física que debe dar a su texto, pero es más que elocuente en la interpretación del coro de "TannhŠuser", de Wagner.
Una lograda realización, mérito de una inteligente versión que supo rescatar momentos dramáticos de un texto que se apoya fundamentalmente en el género epistolar.
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