Una oración tensa y orgánica

Jorge Aráoz Badí
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10 de noviembre de 2013  

Cuarto concierto del ciclo de Música Contemporánea / Programa: Kevin Volans: Viola-Piano; Kaija Saariaho: Viento nocturno; Morton Feldman: Rothko Chapel/ Dirección musical: Mariano Moruja/ Intérpretes: Garth Knox (viola), Silvia Dabul (piano y celesta), Martín Diez y Fabián Keoroglanián (percusión), y el Grupo Vocal de Difusión/ Sala: Teatro San Martín.

Nuestra opinión: muy bueno

Fue evidente que el público reunido el martes en la sala Casacuberta, del San Martín, no necesitó un curso básico Morton Feldman (1926-1987) para involucrarse de inmediato con la obra Rothko Chapel , que el martes se volvió a escuchar, por tercera vez, en Buenos Aires.

Los oyentes medianamente enterados saben que el compositor neoyorquino figura como el representante musical más transparente del movimiento asociado ideológicamente al expresionismo abstracto de la plástica, protagonizado entre otros, por Jackson Pollock, Lee Krasner, Mark Rothko, Franz Kline. El clima que se respiraba en la sala daba cuenta de que el auditorio estaba maduro para lo que decía Feldman y para entenderlo en cuanto lo decía.

Abstracto no es vacío. El contenido de una obra puede ser muy bien el contenido de otra. Y el mensaje es el fascinante fenómeno de la comunicación. Así sucede con los 14 monocromos que Rothko pintó para la capilla y sobre los que Feldman compuso su absorbente obra, no como un esquema predeterminado, sino para apoyar una idea específica.

Rothko Chapel es un oratorio compulsivamente intimista, una oración tensa, orgánica, pero no sombría, diseñada con mínimas sugerencias sonoras, subrayadas por un silabeo que el coro humaniza con extraño dramatismo, sin hacer hincapié en la emoción sino en las sensaciones. Es notorio que Feldman vivió intensamente la exigencia de participación frente a las imágenes claras e integrales de Rothko, que rodean los bancos de la capilla interconfesional consagrada con carácter póstumo en 1971 por la Rice University de Houston, después del suicidio de Rothko.

Garth Knox, el violista que actuara como solista en el estreno en Buenos Aires de la Rothko Chapel hace 11 años, volvió con sus interesantes sonoridades, implicado profundamente en el juego recíproco de todos los sentidos. También se produjo el retorno decisivo para la claridad de este idioma de Mariano Moruja en la dirección musical, desde donde, con trascendente sabiduría, hizo bien visible la percepción. Por su parte, tuvo especial relieve Silvia Dabul en piano y celesta, tan clara para las inteligentes ideas de esta escritura, tan segura para expresarse. El decisivo papel de la percusión estuvo a cargo de Martín Diez y Fabián Keoroglanian.Y el Grupo Vocal de Difusión hizo gala de una musicalidad esencial para entender que esta oración fúnebre pertenece, sobre todo, a la cultura oral.

En este concierto se produjeron dos estrenos nacionales. Del pos-minimalista sudafricano Kevin Volans su obra Viola-Piano, donde el formato es el verdadero medio de ideas. Una composición reiterativa, demasiada extensa para decir tan poco y con vaguedad. Y Vent Nocturne de la finlandesa Kaija Saariaho para viola y electrónica, en la que se advierte una consideración del tema por segmentos, como si se hubiera propuesto no desarrollar sus ideas. Ambas obras escuchadas antes de la valiosa composición de Morton Feldman (pese a la interesante y ardua interpretación de Garth Knox) quedan como borrosos recuerdos.

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