Una radiografía de la sexualidad

Hernán Ferreiros
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24 de mayo de 2016  

The Girlfriend Experience / Creado por: Lodge Kerrigan y Amy Seimetz. / Con: Riley Keough, Paul Sparks, Mary Lynn Rajskub, Briony Glassco. / Disponible en: FoxPlay. / Nuetsra opinión: muy buena.

En 2008, Steven Soderbergh dirigió un film llamado como esta serie y protagonizado por la estrella porno Sacha Grey. Esa película vinculaba los inicios de una joven en la prostitución de alto nivel con la recesión norteamericanas para esbozar una crítica de trazo grueso al capitalismo en general. El film no fue un éxito y permaneció olvidado casi una década, hasta que el realizador y los cineastas independientes Lodge Kerrigan y Amy Seimetz rescataron el título y la idea original, que no era precisamente original ( Klute, film de 1971 con Jane Fonda es la primera de las muchas iteraciones de esta historia que viene a la mente), para convertirla en un drama de 13 episodios de media hora. ¿Por qué? Quizá quisieron aprovechar un coletazo del éxito indescifrable de 50 sombras de Grey, con la que tiene un remoto contacto, o quizá sintieron que esta vez podían hacer un mejor trabajo. Si éste fue el caso, no se equivocaron.

The Girlfriend Experience, la serie, es también un relato acerca de cómo el capitalismo convierte a las personas en objetos, pero sin la cercanía de la crisis su "mensaje" se aligera: ya no parece estar hablando sólo de la realidad urgente y, por ello, es más rica, más enigmática.

El programa no hace una crítica al estado de las cosas, sino una biopsia. Los personajes existen en un mundo cerrado, cercado por los grandes ventanales que enmarcan buena parte de los planos y que muestran un afuera nebuloso, opaco, desenfocado: estamos en una jaula de cristal, una matriz de privilegio y riqueza aislada del exterior, eso que para la mayoría de nosotros pasa por la realidad. La protagonista, Christine (Riley Keough, incidentalmente la nieta de Elvis Presley), ingresa a este mundo con un bien de cambio fuerte: su belleza, que pronto logra monetizar. Su vida se desdobla entre el trabajo que realiza como pasante para una poderosa firma de abogados y el trabajo que hace para sí misma, como escort de hombres mayores y de recursos.

Es curioso que la crítica haya señalado que este personaje no es una víctima de la explotación porque elige libremente esta actividad y obtiene mucho dinero de ella. El filósofo coreano Byung-Chul Han, que estudió el vinculo entre la sexualidad y el capital en su libro La agonía de Eros, señala que "el régimen neoliberal esconde su estructura coactiva tras la aparente libertad del individuo... La ética se opone al poder político represivo y a la explotación por parte de otros, pero es ciega ante aquella violencia de la libertad que es la explotación de sí mismo".

Para Han, en la sociedad del rendimiento somos nuestros patrones explotadores. El sexo es también un rendimiento, un capital que hay que aumentar. Christine dice literalmente que sólo disfruta de estar con otros si siente que "logra otra cosa al mismo tiempo". El otro se vuelve un instrumento.

"Vivimos en una sociedad que se hace cada vez más narcisista. La libido se invierte sobre todo en la propia subjetividad y el mundo se vuelve una proyección de uno mismo", escribe Han. Para Christine no hay otros, nadie le interesa, al punto de que teme ser una sociópata. Su fórmula para tratar con los demás es la misma en su búsqueda de empleo formal que en su vínculo con clientes: "Les repetís a ellos sus propias palabras, es lo que les gusta". Como no se puede reconocer al otro, tampoco se puede tener una sexualidad plena. Los momentos de placer de Christine son siempre solitarios. La desconexión entre individuos y la disolución de la alteridad y la negatividad, imprescindibles según Han para que exista un eros, son aquí totales.

The Girlfriend Experience es una radiografía de la sexualidad en los tiempos del capital desregulado. Su frialdad, su lentitud, su narración leve en acontecimientos, sus composiciones geométricas y sus tonos acerados son a la vez una elección estética y un reflejo del estado de ánimo que impone el programa, a la vez alienado y cautivante.

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