Valentina Bassi: "Me gusta ser Fabi Cantilo"

Un espacio experimental en busca de la entrevista soñada: el invitado se interroga y se fotografía
Laura Lunardelli
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4 de julio de 2014  

Acompañada por un niño, un perro y un gato, la actriz Valentina Bassi se desdobla en dos papeles, el de entrevistadora y el de entrevistada, para reflexionar sobre ella misma, su infancia patagónica, su parecido a Fabiana Cantilo y la obsesión por la hora. Finalmente, también se vuelve fotógrafa y fotografiada, todo en la misma imagen.

-¿Qué le diría hoy esta mujer a la que por aquel entonces dejo su Trelew natal en busca de sus sueños?

-Te cuento que tengo muy poco tiempo, preferiría que vayamos al grano.

-Entonces, ¿qué le respondería hoy a aquella muchachita patagónica y sin rumbo que soñaba frente al mar?

-Pero si no le pregunté nada... No te entiendo.

-¿Es verdad que suelen confundirla con la cantautora Fabiana Cantilo?

-Sí, una vez, en una heladería, una pareja me saludó y después escuché que comentaban: "Che, ¿viste quién estaba? La del rock". Así varias veces. Cuando tenía flequillo, más todavía. Por lo general no lo desmiento, me gusta ser Fabi Cantilo.

-Tengo entendido que en materia de derechos humanos tiene el carnet al día. ¿Podría contarnos el origen de estas inquietudes?

-Si querés puedo contarte una anécdota de mi infancia.

-¡Adelante!

-Un día, mi mamá me llevo a buscar a un tío mío que había estado preso en Rawson durante la dictadura. Cuando volvíamos por la ruta yo iba ansiosa, quería llegar rápido a casa porque el desierto patagónico siempre me había parecido aburridísimo. De repente veo que mi tío mira por la ventanilla y dice: "¡Qué hermosura, cuánto horizonte, cuánto cielo!" Desde entonces y para siempre miré con otros ojos mi paisaje. Mi mamá quería que, al llegar a casa, mi tío viera algo suyo, entonces había puesto sobre las sillas y la mesa un montón de ropa de él que había guardado durante años en un baúl. Nada era útil, la ropa con olor a naftalina estaba fuera de estación y de época, pero todo fue muy conmovedor. Yo veía los pantalones (creo que celestes) y no entendía por qué terminaban tan anchos. "Patas de elefante -me decía mi mamá-. Así se llaman."

-Entonces debe ser cierto que usted se llama Valentina por aquella cosmonauta comunista.

-Sí, Valentina Vladimirovna Tereshkova, la primera astronauta mujer que dio una vuelta por el espacio.

-¿Se atrevería a revelarnos un pronóstico de sí misma?

-...

-¿Un secreto?

-Jamás.

-¿Peine o cepillo?

-Cepillo.

-¿Alguna excentricidad?

-Soy puntual hasta la exageración.

-¿A qué se debe?

-Mi papá era psiquiatra y tenía el consultorio en casa. Siempre salía y 20, y volvía a entrar y 30. En casa se almorzó siempre a las 12.20, se merendó a las 17.20 y se cenó a las 21.20. Tengo los y 20 incrustados en la cabeza. Ahora que pienso, mi hijo nació a las 20.20. ¡Justo para el vermucito!

-¿Sótano en el abasto o marquesina en la calle Corrientes?

(Piensa. Se fastidia un poco) -He tenido la suerte de formar parte de los dos ambientes y ambos resultaron ser ámbitos muy estimulantes. Preferiría ir cerrando esta nota, si no te molesta.

-Madre de un hijo, un perro y un gato que se entretiene con el cable del MP4 de esta entrevistadora: ¿querría agregar alguna otra cosa?

-No, gracias. Muchas gracias. Me he sentido muy cómoda.

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