Variados placeres sinfónicos

Jorge Aráoz Badí
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20 de octubre de 2014  

Orquesta Filarmónica de Buenos Aires

Director: Maximiano Valdés. Solista: Xavier Inchausti, violín. b Canción de primavera. Esteba Benzecry: Concierto para violín. Dmitri shostakovich: Quinta Sinfonía. Teatro colón.

Nuestra opinión: Excelente

Al final de la Quinta Sinfonía de Shostakovich, con que concluyó el programa del jueves de la Filarmónica, el director hizo poner de pie a algunos instrumentistas de la madera y los metales que se habían destacado como solistas. Se lo merecían muy especialmente, por haber realizado una labor de verdadera trascendencia. Sin embargo, pocas veces se desarrolló un programa completo en que no sólo un grupo de ejecutantes sino la absoluta totalidad de la orquesta, hasta el último violín de la fila de los segundos, fueran exigidos de una manera tan intensa, extremada e integral. Y la respuesta de cada uno de los integrantes de la Filarmónica fue óptima, cosa que sirvió para que la ejecución se realizara pulcramente y la audición de las tres obras fuera transparente y altamente satisfactoria.

Notoriamente, al director chileno Maximiano Valdés le cabe la alta responsabilidad de este logro. Tanto en el Concierto para violín de Benzecry como en la Sinfonía de Shostakovich resolvió con solvencia, problemas de complejidad instrumental que, por cierto, no se plantean habitualmente. Hizo respirar cómodamente a su orquesta y plegarse a los cambios rítmicos de manera natural, consiguió que fuera expositivamente clara en los pianísimos como en los fortísimos y mostró un manejo sencillo, directo y eficaz de la conducción, lo que habla en favor de su seriedad profesional.

Fue muy estimulante la atención con que el público siguió el Concierto de Benzecry y el entusiasmo con que lo premió. Se trata de una obra nada fácil de tocar, aunque desde el primer compás se apodera del oyente y se hace muy grata de escuchar. Muestra una fuerte personalidad que no se deja tentar por ningún procedimiento en particular. Exhibe una fresca actualidad creativa porque a través de lenguajes nuevos, la comprensión de sus materiales expresivos es inmediata.

Es, realmente, un Concierto para violín y orquesta, no para violín acompañado de orquesta. Desde el primer momento el violín toca de manera ininterrumpida, salvo en un breve paréntesis sobre el final. La cadenza es de un impecable diseño solístico y el segundo movimiento que se subtitula "Evocación de un tango" es intensamente emotivo, casi con la expresividad íntima de una plegaria. El Concierto empieza tenuemente como una línea que viene de lejos y termina de manera resonante con alusiones a cierta temática folklórica nacional. Sin ser expuesta, deja una velada entonación argentina.

La actuación como solista del argentino Xavier Inchausti hizo mucho para la valoración cabal de esta espléndida composición, en la que queda claro todo lo que puede hacer el violín, bastante más de lo que muchos creen. Inchausti lo hizo todo con la claridad que su estupendo dominio técnico le permite. Y fue el otro héroe de la noche.

La sesión se inició con el estreno en el país de "Canción de primavera", obra primeriza de Sibelius, en la que ya se advierte su equilibrado sentimentalismo aunque con una tendencia declamatoria que, por suerte, el creador finlandés muy pronto perdería. Y se cerró con la Quinta Sinfonía de Dmitri Shostakovich, que la orquesta dirigida por Valdés tocó con verdadero apasionamiento. Ingrediente indispensable para interpretar una de las más notables sinfonías del siglo veinte, supuestamente bien conocida por el melómano argentino, aunque ante cada audición aparezcan en ella nuevos deslumbramientos.

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