A tres años de los disturbios que marcaron su último show en Vélez, la banda liderada por Pity Álvarez volvió a presentarse en Buenos Aires; crónica y fotos
1 minuto de lectura'
Los policías que circundan el cilindro de Avellaneda no son los que se ven todos los días: son los uniformados "antidisturbios", con casco y escudo, entrenados para acorralar barrabravas o manifestantes. Una vez adentro del estadio, Viejas Locas hace su puesta en escena. Y pone, de paso, otro ladrillo en la pared, como alguna vez lo hizo Waters con Pink Floyd. Sólo basta cambiar "control" por "educación", y "autoridades" por "maestros". Y entonces, sí, el mensaje implícito –con tanta paranoia como desenfado– se vuelve unívoco: no necesitamos control, que las autoridades nos dejen tranquilos.
Los fantasmas de Vélez 2009 todavía merodean. No fue poca cosa: muchos detenidos, muchos heridos y una muerte. Ese antecedente bastó para que, a la hora de buscar un lugar donde tocar en Buenos Aires, las puertas se les fueran cerrando. Así estuvieron, de aquí para allá, con una fecha fallida en Ferro y la posibilidad de presentarse en Racing.
La distancia no es problema para los peregrinos de la banda, que la siguen "a todas partes". Pero hay sacrificios más duros que otros, como esperar dos horas más de lo anunciado en una de las noches más gélidas del año. Se impacientaron: volaron botellas de plástico, y alguna que otra zapatilla. ¿Quién si no Pity, frontman indomable de Viejas Locas, podía colgarse y llegar tarde a la gran cita? Pero si hay algo que sobraba acá, sin dudas, era el aguante. Porque esto –ya se dijo cientos de veces– no se explica: hay que sentirlo y vivirlo.
Finalmente se apagaron las luces. No hubo estallido, sino un piano acompasado, en "El árbol de la vida". Después, sí, el desparpajo de rocanroles que el público necesitaba para sacarse un poco el frío de encima: "Nena me gustas así", "Adrenalina" y "Contra la pared". La banda, que hoy conserva a Pity Álvarez y al bajista Fachi Crea como integrantes originales, se muestra ampliada con Peluca Hernández en guitarra, Mono Avellaneda en batería, Matías Mango en teclados, Diana Bifulco en coros y una sección completa de vientos. Lo malo es que esa apuesta no alcanzó a sonar con justicia. El volumen resultó algo escaso para las dimensiones del lugar. Y la calidad del sonido, de a ratos, fue errante. La mística es maravillosa, aunque ciertas cuestiones técnicas no conviene dejarlas en manos del azar: no se puede operar exitosamente sin ensayos y chequeos previos (más adelante, en un rapto de autocrítica, Pity confesó: "No te quejes, esto pasa porque no viniste a la prueba de sonido"). La fiesta, sin embargo, estaba en marcha. Y nada iba a detener a una multitud que muere por saltar, corear y agitar trapos. El momento de mayor delirio, tal vez, llegó con "Una vez más": una de esas melodías que se cantan de a miles y parecen tirar abajo las tribunas. Un video erótico deleitó a las huestes masculinas en "Dos nenas". Y luego se sucedieron varios temas del reciente Contra la pared (2011): "Ella no me quiere creer", "Perdóname mi amor" y "No me pienso levantar". Entre tanta novedad, para equilibrar un poco, colaron otro flashback ("Balada para otra mujer").
Ya para la segunda mitad, con una bola de espejos en la pantalla, Viejas Locas abrió las puertas de su boliche stone (esa fórmula de rock y música disco que patentó "Miss You"). Así fueron de lo nuevo, con "Bailando en el infierno", a lo clásico, con "Lo artesanal" (el invitado de la noche fue Valentino en guitarra). A continuación, la banda se trasladó a un segundo escenario, situado en el medio del estadio, sobre la torre de sonido. La idea, desde ahí, era proponer un breve repertorio en un formato más íntimo ("Tirado en la estación"), pero los desajustes técnicos hicieron de este tramo lo peor de la noche. Pity hizo su mea culpa y, monólogo mediante, se cambió de ropa. La banda lo esperaba listo para el gran cierre, con dos perlas de su debut: "Intoxicado" y "La simpática demonia". Los bises tampoco escatimaron en éxitos: "Perra" y "Homero".
El grupo se despidió, pero su líder, como el Charly García de Say No More, estaba inquieto, casi insatisfecho: volvió al segundo escenario, tocó un poco la batería, pidió que le llevaran la guitarra acústica y, justo cuando parecía hundirse en una laguna de memoria, se despidió con "Fuiste lo mejor" y "El rey", dos temas de su otra banda, Intoxicados. Pity no perdió oportunidad para mostrar su verbosidad. Algo de ironía, algunos dislates y varias iluminaciones. Pensamientos de una de las últimas estrellas del rock local que, a pesar de todas sus faltas y desprolijidades, sigue siendo genuino, real y, por lo tanto, creíble.
Por Santiago Delucchi
1Matteo Bocelli: cómo prepara su debut en la Argentina, por qué canta en español y el consejo de su padre famoso
2El thriller alemán de seis episodios que está en Netflix y se convirtió en un fenómeno global
3Cuándo es la final de MasterChef Celebrity
- 4
Adiós al maestro de música: a los 85 años, murió José van Dam





