
Nadie es profeta en su tierra, dicen, pero el caso del cantante y compositor colombiano es extremo. Gracias al éxito de su canción de salsa “Ne me quitte pas"
1 minuto de lectura'
No hace mucho, el escritor caleño umberto valverde protestó porque uno de los talentos más grandes de la música tropical de Colombia se escucha en todos los rincones menos en su país de origen. En un texto en que defendía el álbum Vagabundo como el mejor disco de salsa de 2003, dijo: "He visto a través de Internet que lo ubican entre los mejores del año en Estados Unidos y Francia, pero en Colombia no se oye ni nadie lo comenta. Los «críticos» de la salsa dicen que no hay propuestas ni figuras nuevas. Entonces uno se pregunta qué pasa con Yuri Buenaventura, por qué no lo escuchan, por qué no lo difunden". Ese es tal vez el misterio más grande que rodea a Yuri Buenaventura. Lleva ya tres álbumes publicados con evidente éxito en Europa y África, pero sin mayor eco por estos parajes.
Escucharlo hablar es increíble; conoce de memoria el trayecto mundial de su música y va trazando en un mapa mental cada rincón en que es famoso: "Cuando sacamos esa canción en francés [dice refiriéndose a "Ne me quitte pas", grabada en 1995] los primeros que reaccionaron fueron los africanos que tienen al francés como lengua. La gente de Martinica, de Argelia, de Marruecos, de Túnez. Luego las comunidades afro de Europa y por último Canadá".
Le recuerdo entonces que "Ne me quitte pas" sonó en las emisoras de Cali con mediano éxito y que es acaso la única grabación suya que se conoce masivamente en Colombia. Yuri se ríe: "Sí, eso es una cosa extraña, porque el resto del disco es salsa en español y precisamente viene a pegar una canción en otro idioma".
Con respecto a su ausencia de las ondas y las listas de popularidad en su país, la razón que da Yuri es muy sencilla: su agenda está copada de presentaciones en vivo que este año incluyen una aparición en el Festival Musical de Lyon en Francia [junio], otra en el Festival de Jazz North Sea de Holanda [julio] y una invitación a la Fiesta de las Antillas que se celebra en Bélgica [agosto]. Con todo el pesar del caso, no queda tiempo para venir a América del Sur a promocionar un álbum. Y ya se sabe qué pasa cuando una disquera lanza un álbum sin hacerle publicidad: lo escuchan seriamente dos o tres melómanos, lo difunden en programas especializados de emisoras culturales y alguno, como Valverde, escribe un artículo elogioso. Pero el grueso de los programadores de la radio tropical prefiere no correr riesgos.
Yuri se muestra muy crítico con esa infraestructura que es, en resumidas cuentas, la que no le ha permitido surgir en Sudamérica. Y para no hablar de sí mismo, cita como ejemplo a Jerry González, el legendario trompetista del Bronx: "La difusión que puede tener la buena música afrolatina es estrecha. Los grandes músicos están ahí pero la difusión es cada vez más difícil. Por ejemplo, Jerry González es musicalmente más importante que Elvis Crespo, pero ya sabemos a quién le hacen más publicidad". Luego ahonda en la ironía mencionando otro caso célebre: "Hay emisoras en donde tú escuchas "el baile del perrito, el baile del perrito pero no conocen a Rubén Blades".
a venido de paso por bogota. estara apenas unas horas, que aprovecho para sacarle sus conceptos generosos antes de que vuele a Cartagena donde tiene programado un concierto en un portaaviones. Es fácil pensar que ése sea el escenario más original en el que ha tocado, pero en su memoria hay otro aún más exótico: un lugar en Francia llamado el Teatro del Mar, con una tarima que se levanta por encima del océano y mientras que el público se ubica sobre la ladera de una montaña. Eso sin contar los siete palacios del rey Mohamed VI de Marruecos, un fanático de la salsa, que lo ha invitado en varias ocasiones a amenizar sus fiestas.
Pero para llegar hasta allí tuvo que pasar varios sacrificios. Yuri llegó a París como cualquier estudiante latinoamericano, con la intención de regresar con un título en ciencias económicas. Para sobrevivir comenzó a hacer música en el metro, y poco a poco el poder de los tambores lo fue alejando de sus estudios. "Llega un momento en que uno empieza a ir más a los ensayos que a las clases, la rumba te va sacando de la universidad". Luego vino una gira en que tocó los bongós con la orquesta de Adalberto Santiago y el salto siguiente fue al canto y la composición. Al final, había cambiado los estudios universitarios por aquel estudio de grabación en que registró la maqueta de su versión tropical de "Ne me quitte pas". Pero era sólo eso: una maqueta, una grabación inconclusa. Al no encontrar apoyo para seguir adelante, regresó a Colombia desencantado en 1996.
Resulta, sin embargo, que un programador de la estación francesa Radio Nova había recibido una copia de la canción y empezó a difundirla con creciente éxito. En tanto que Yuri vivía en su tierra una crisis existencial, Europa comenzaba a apreciar su música. Un día recibió una llamada del ejecutivo Jacques Sanjuan de Universal Music en Francia. Estaba tan entusiasmado por lo que había oído que le envió un pasaje para que fuera a París a firmar su contrato de grabación. Lo curioso del asunto, confiesa Yuri, es que la grabación de "Ne me quitte pas" que aparece en el álbum es exactamente la misma maqueta original: "Eso tiene unos errores musicales y de dicción del francés, pero así gustó y así se quedó".
Desde entonces vino una ola de reconocimientos que culmina, por ahora, en el álbum Vagabundo, donde la gran sorpresa es escucharlo cantar al lado de Cheo Feliciano. Se conocieron en Puerto Rico en 1999, presentados por el compositor Tite Curet [autor de uno de los éxitos más sonados de Cheo: "Anacaona"]. Yuri le declaró su admiración y hablaron de grabar un par de temas juntos. Uno de ellos, "Palo y cuero", los muestra adentrándose en ese arte que en el mundo de la salsa se conoce como soneo: la improvisación de letras por encima de la melodía. "Primero grabamos la letra y dejamos los compases libres para improvisar. Luego él se fue a un concierto en Panamá y cuando volvió hicimos la otra parte". ¿Y la experiencia de sonear con uno de los grandes? "Bueno, Cheo es un excelente sonero y yo no, pero ahí vamos", responde entre risas.
Esa oportunidad de alternar con los clásicos le ha enseñado mucho, sin duda. "Cheo es un tipo muy honesto. Cuando él dice: «¡Oye, familia!» está sintiendo que somos de verdad su familia. Él me recordó algo que es muy importante y es la transparencia en el momento de grabar. Hay gente que canta una canción como si la tuviera domesticada, se la sabe de memoria; lo que te enseña Cheo es que hay que sentirla a medida que se va cantando, como un acto de amor".
Cheo no es la única figura sobresaliente con quien Yuri Buenaventura ha hecho contacto. Corre el rumor de que en su próximo disco estará presente el pianista Eddie Palmieri. Yuri dice que prefiere no adelantar nada, pero luego de un rato confirma algunos detalles. "Nos vimos en Nueva York, en el local de B.B. King, y allí hablamos de trabajar juntos. Ahora todo depende de que se entiendan nuestros managers".
Recientemente, The New York Times publicó una dura crítica a Palmieri por su actuación en Le Jazz Au Bar: dijo que su piano suena cada vez más parecido a un trueno y que sus conciertos son claustrofóbicos. Yuri opina que eso, justamente, es lo fascinante de Palmieri. "Me encanta que él va tocando y cuando llega al final del acorde le mete un codazo al teclado ¡Pum! Eso fue lo primero que me impresionó de Eddie Palmieri, esa disonancia".
Así que Yuri ha construido su música a la sombra de los grandes. Pero, contrario a lo que podría hacer otro artista, él no se pavonea. Durante esta entrevista tenemos a la mano unos viejos vinilos de Tito Puente y de Mongo Santamaría. Yuri observa las carátulas, suspira y me dice: "Cuando yo oigo a esta gente siento que mi música es demasiado chiquita. Pero no la veo como enana sino más bien como niña. Hasta ahora está comenzando, hay que darle tiempo para que crezca".
Le pregunto, no ya por los artistas que han participado en sus discos, sino por los discos de otros en los que él ha colaborado. Habla entonces de grandes nombres de la música del mundo, pero los menciona con la sencillez con que se nombra a los amigos: uno puede escuchar la voz de Buenaventura en trabajos de los Orishas, del rapero Mangú, del grupo femenino Melgroove y del cantante argelino Faudel, que hoy es una de las estrellas más sobresalientes de la música raï.
"Pero esas cosas se van dando por el encuentro humano y no por la búsqueda de nuevos géneros", aclara. Por eso mismo llegó al tango en este nuevo álbum: un encuentro con un grupo de tangueros escandinavos lo hizo preguntarse por qué esta música gustaba más allá de las fronteras argentinas. Se puso a investigar y concluyó que hay una raíz africana prácticamente olvidada en la música porteña: "El vocablo africano original es «tangó», que quiere decir reunión. Los africanos llegaron como esclavos por el Río de la Plata y luego fueron desapareciendo porque en las guerras de independencia los ponían en primera fila. Desapareció la presencia africana en la música argentina, pero quedó el término".
Luego de escuchar el "Afrotango" de su último CD es inevitable preguntarse qué nuevo género vendrá a enriquecer el panorama musical de Yuri Buenaventura. "Me gustaría cantar en la lengua de los embera [una tribu del Pacífico colombiano], pero para eso hay que ir hasta allá a pedirles permiso, y esa región es muy peligrosa". Otro proyecto que aún no ha visto la luz fue el que emprendió hace unos años con otros 29 músicos de todas partes del mundo, cuando Peter Gabriel los invitó a pasar una semana creando música en su complejo de estudios de grabación Real World, en Inglaterra. "Eso es como una finca. Hay cinco estudios, y éramos 30 músicos circulando por todas las cabinas. A veces vos llegabas a un estudio y decías: "me gusta esto, puedo agregar algo", ponías un poco de música latina, te ibas y cuando volvías en la tarde ya le habían metido otras cosas". El disco se ha demorado en salir por las dificultades para establecer derechos de autor en composiciones colectivas, pero Yuri confía en que pronto lo escucharemos como representante colombiano en esa curiosa orquesta de Babel.
La entrevista la interrumpe la llegada de un fax que confirma su próxima presencia en Colombia, en un par de conciertos que se celebrarán a comienzos de octubre en el Teatro Municipal de Cali. Yuri sonríe; es una nueva oportunidad para que sus compatriotas se enteren de un trabajo musical serio y sabroso que ya ha conquistado casi todo el planeta. Seguramente Umberto Valverde estará en primera fila, pero también es bueno que lleguen otros por primera vez. Incluso, me atrevo a comentar, los más jóvenes que creen que la salsa es siempre sinónimo de letras eróticas. "A mí el erotismo no me molesta", me responde, "lo que me preocupa es que todos están haciendo lo mismo".
¿Vendrá con Eddie Palmieri? Tal vez no, pero sí con un sonido que se ha dejado permear por esa fuerza huracanada del pianista neoyorquino. Su nueva búsqueda, confiesa, es la de una música más agresiva, más vital. Me arriesgo con el adjetivo: ¿Más rockera? "Sí; yo quiero que mi música se acerque cada vez más al rock, que tenga guitarra eléctrica". Entonces recuerdo el caso más conocido de encuentro entre la salsa y el rock: la guitarra eléctrica que tocó Jorge Santana cuando grabó "El ratón" con Cheo Feliciano en la década del 70. "Exacto", me contesta con rapidez. "Ese es el sonido que quiero: una guitarra Gibson".




