
Coldplay
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La gran esperanza blanca del rock atp intenta sostener la épica de "A Rush of Blood to the Head".
Coldplay no parecia destinado a la grandeza. Su debut de 2000, Parachutes, estaba lleno de baladas rock tristes y lindas que eran apenas tan memorables como para evitar que el grupo fuera confundido con Travis. Por supuesto, ese álbum también incluyó una gran canción de lamento llamada "Yellow", que bien puede inspirar un canturreo de borracho en tu bar mientras leés esto.
Pero lo que vino después pegó más todavía. En 2002, Coldplay lanzó A Rush of Blood to the Head, que reflejó a la perfección la sensación de banda chica que la hace en grande. El líder de look abatido, Chris Martin, se transformó en un tipo con mucha más onda. El resto de la banda aportó ritmos propulsores, y le dio a su ahora imponente líder algo a lo que encaramarse; las canciones salieron todavía mejores. La banda había perfeccionado el arte de escribir buenas baladas –decepcionantemente simples, amistosamente duras– para dislocar el cerebro.
Desde entonces, Martin se convirtió en una estrella del rock global, para mejor y para peor. Tiene una esposa llamada Gwyneth y una beba llamada Apple, quien acaba de cumplir un año y tal vez ya sepa lo que significa "paparazzi". La reciente notoriedad de Martin implicó más exposición para sus causas favoritas, como la del fair trade [por un comercio internacional más equitativo]. En medio de tanto chismerío, el regreso de la banda pareció poca cosa. Coldplay comenzó a hacer campaña para x&y con "Speed of Sound", una canción atractiva pero no emocionante (suena un poco como "Clocks" de A Rush of Blood..., pero sin tanta fuerza). Si A Rush... fue un nervioso impulso a la grandeza, x&y es un poco menos excitante. Es el sonido serio de Martin intentando interpretar canciones que estén a su altura; es el sonido de una banda inflada que intenta no desinflarse.
Como el anterior, este álbum comienza en el espacio exterior. La otra vez, estaban esos irritantes acordes de piano de "Politik" y una apertura audaz. Esta vez hay un tono atmosférico, y Martin murmura "The future’s for discoverin’/ The space in which we’re travelin’" [El futuro es para descubrir/ el espacio en el que viajamos]. El baterista Will Champion abre con un ritmo tenso, Guy Berryman agrega una de esas líneas de bajo catalizadoras, y Jonny Buckland redobla con una delgada línea de guitarra. Mucho para escuchar, poco para enamorarse.
Por suerte, el álbum contiene su cuota de agradables baladas que suenan, bueno, muy Coldplay. (Gracias a Keane y a otros imitadores, "Coldplay" se convirtió en un adjetivo.) Uno de los mejores temas es "Fix You", una canción descaradamente sentimental en la que Martin canta frases de aliento en un amable falsete. Ninguna otra banda puede hacer una balada rock tan sólida como ésta. Y aunque "Twisted Logic" puede ser un robo a Radiohead, el grupo logra crear suspenso mientras se encamina hacia el clímax.
Aun así, muchas canciones nunca remontan vuelo, desde "The Hardest Part" (que se debilita a medida que avanza), hasta "A Message", que ya es demasiado Coldplay. Martin habló de lo duro que trabajó en este álbum, y eso se nota: nada suena ligero.
Puede que x&y encuentre el modo de recompensar a los oyentes persistentes, especialmente a aquellos que lleguen hasta el bonus track, "‘Till Kingdom Come", el tema más relajado y tal vez el mejor del álbum. "No sé para qué lado voy/ No sé de qué lado vengo", canta, acompañado de poco más que una guitarra acústica. Y después de lo que vino antes, es una delicia escucharlo sonando tan pequeño otra vez.




