
Y vos, ¿de qué te reís?
Una vista panorámica sobre el humor en la cartelera
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Usos y abusos del acto de reír en los espectáculos que ofrece la ciudad. Desde el género revisteril hasta el humor inteligente, la risa, este año, convocó a la mayor cantidad de espectadores.
Es de reír o de llorar?", pregunta la señora a su marido que sacó las entradas con descuento para ver un espec-táculo el fin de semana. La pregunta es en sí misma una síntesis que apunta al efecto y no a la causa. Porque la señora no pregunta si se enfrentará al teatro de la palabra o de la imagen, si la estética será naturalista, absurdista o posmoderna, ni siquiera si el espacio escénico será convencional o no convencional. Sólo quiere saber si, por fin, vivirá alguna de las dos emociones más fuertes que se pueden experimentar en un teatro. Y a la hora de elegir, tratándose de un fin de semana, luego de tener que lidiar con el jefe en el trabajo, los chicos, las compras, la casa, las boletas de los servicios, los suegros y el estress de las elecciones, por qué no optar por una para reír. Según la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales, durante este año las obras que más recaudaron y que convocaron a la mayor cantidad de espectadores fueron "Nación imposible" y "Más pinas que las gallutas", la primera, con Nito Artaza, Miguel Angel Cherutti y Daniela Cardone, y la segunda, con Emilio Disi, Tristán y Cris Miró.
Cuadros musicales, chicas lindas, humor de capocómico y la nueva atracción que significan refinadas modelos vedetizadas o delicados travestis a quienes resulta casi imposible descubrir su parte masculina.
Aquí el humor es directo y sin mayores complicaciones e, inclusive, en algunos casos, puede llegar a la misoginia o al prejuicio en relación con los homosexuales o los inmigrantes de países limítrofes.
A estos podría sumarse el espectáculo de los DaChi "En Sincro", que separados de Miguel del Sel, aunque no hayan llegado a las recaudaciones cuantiosas de sus vecinos, convocaron a un amplísimo sector de fieles espectadores.
Esta primacía numérica cedió su lugar en muy pocas oportunidades. Las excepciones fueron "Master Class", la obra que dirigió Agustín Alezzo en donde Norma Aleandro recreaba a la cantante lírica María Callas; "El vestidor", un éxito que conjuga las excelentes actuaciones de Julio Chávez y Federico Luppi, con dirección de Miguel Cavia, y "Brujas", que después de siete años de éxito ininterrumpido atrapó a las mujeres que querían escuchar sus propios conflictos en forma irónica, y a los hombres que esperaban divertirse a su costa y, si se podía, entenderlas un poco más.
Pero... ¿qué es la risa y para qué sirve? Sin ponernos solemnes, resulta interesante repasar algunosconceptos que desde la filosofía han querido explicar el fenómeno social de la risa. Henri Bergson, en su libro "La risa. Ensayo sobre el significado de lo cómico"(1924), apunta: "Fuera de lo que es propiamente humano, no hay nada cómico. Un paisaje podrá ser bello, sublime, insignificante o feo, pero nunca gracioso. Si reímos a la vista de un animal, será por haber sorprendido en él una actitud o expresión humana".
Y más adelante: "Un síntoma notable del efecto de reír es la insensibilidad que de ordinario acompaña a la risa. No hay mayor enemigo de la risa que la emoción". Podemos reírnos de una persona que nos inspire piedad y hasta afecto, pero sólo si, por unos instantes, olvidamos ese afecto y silenciamos esa piedad. También la risa permite el distanciamiento del espectador. Si nos compenetráramos al punto de identificarnos con el payaso, ese bobo al que todo le sale mal, que se cae y se equivoca y que es el centro de la burla de los demás, no podríamos jamás reírnos de él. "Lo cómico, para producir todo su efecto, exige como una anestesia momentánea del corazón. Se dirige a la razón pura", concluye el autor.
Pero el hallazgo más interesante es el carácter social de la risa, porque lo cómico no se saborea lo suficiente si estamos aislados. Necesita de un eco. Y su carácter social controla nuestros actos cotidianos: el temor que inspira la risa del otro reprime las excentricidades. Por eso no salimos a la calle con un pato en la cabeza, por ejemplo.
Este carácter social de la risa, es decir, el hecho de formar parte de un grupo que se ríe de tal o cual cosa, es evidente en nuestra cartelera que a veces permite entrecruces de público y otras veces no. Porque aunque nadie lo diga a boca de jarro, para quien disfruta con el humor sutil e ingenioso como el de Les Luthiers o el ácido y analítico de Enrique Pinti, no es válido aproximarse a la risa báquica del género cuasi revisteril. ¿Cuál es la diferencia? Mientras estos últimos pueden reírse del inmigrante limítrofe o del homosexual, los otros lo hacen de la xenofobia y del prejuicio de los argentinos.
Sí, podría decirse que Buenos Aires ofrece humor para todos los sectores y el desafío es permitirse sondear en todos ellos para realizar una evaluación personal, para encontrar una manera distinta de conocernos por medio de nuestra risa y para pasarla bien, por sobre todas las cosas. Risas que separan por edades, por nivel social, por la opinión acerca de la mentada guerra de los sexos e, inclusive, por colectividades. Risas que pueden unir para entender un poco más al otro.
¿De qué se ríen los porteños?
En la cartelera porteña hay alrededor de veinticinco espectáculos que son autocatalogados como cómicos, y por lo menos quince más que, aunque no lo sean como planteo original, permiten hacer una mirada reidera o paródica sobre la realidad, como en el caso de "Kvetch", de Steven Berkoff, con dirección de Lía Jelín en la Fundación Banco Patricios; "Años difíciles", de Tito Cossa, y "Desde la lona", de Mauricio Kartún, espectáculos que se inscriben dentro del ciclo Teatro Nuestro, en el Centro Cultural Carlos Carella, y "La visita de la vieja dama", de Friedrich Dürrenmatt, con dirección de Inda Ledesma, en el Cervantes. ¿Qué tienen en común? El trasfondo es casi trágico, pero está acompañado de una serie de recursos que tienden a la risa para evitar el estado de agobio. Algo como reírnos todos juntos de nosotros mismos, de nuestros padecimientos y hasta del sinsentido de la existencia.
Con "Brujas" se puso de moda el teatro de sexos. "Confesiones de mujeres de 30", con dirección de Lía Jelín, en el teatro Picadilly; "¡Hombres!", por las catalanas de la Companyia T de Teatre, y "¡Sin ti!", por sus coterráneas, dirigidas por Pepe Sagristá, tuvieron una respuesta en "La mesa de los galanes", que reunió a un grupo heterogéneo de actores en torno de los textos de Fontanarrosa, hasta casi agotar el desfile de solos, solas, ex solos/as y ahora casados/as, etc.
Para los más jóvenes hay un humor que convoca, identifica y permite encuentros. A los teatros algo marginales asisten los chicos haciendo caso omiso a las formalidades que indican que el fin de semana hay que ponerse la pilcha dominguera para asistir al templo del arte. Ellos van con sus jeans, cuanto más rotos mejor y, si es posible, se sientan en el piso para festejar con silbidos, gritos o comentarios ocurrentes hechos en voz alta. En una época fueron Urdapilleta y Tortonese, Los Macocos o Los Melli. Hoy van a ver a Carlos Belloso haciendo "Pará fanático" en la Fundación Banco Patricios, "Pucha, me raspa" o "Salsipuedes" en Liberarte, "Anteboda", con dirección de Nora Moseinco en La Carbonera, o "Marchita como el día", en el Centro Cultural Adán Buenosayres.
Hay quienes dicen que el humor inteligente es aquel que aparece luego de eliminar las obviedades. Esta definición podría ser la apropiada para explicar qué hace que el público se ría en "El corte", de Ricardo Bartís o en "El líquido táctil", de Daniel Veronese. Con un marco musical y hasta de music hall, hacen reír "Caviar en bikini", en donde Jean François Casanovas utiliza el playback en canciones y fragmentos de films convocando a un público heterogéneo a Ave Porco; Cecilia Rossetto se pregunta por qué su público tiene de treinta años para arriba en "Bola de nieve", su show espectacular de música cubana; y el tanguero "Recuerdos con recuerdos", que reúne a gente de todas las edades en La Trastienda.
Pero dentro de este amplio espectro, hay algo que nunca deja de llamar la atención. Son aquellos espectáculos que generan la risa como reacción frente al muestreo de un planteo excesivamente fuerte por lo dramático. ¿De qué se ríen los espectadores en "Los impunes" de Ariel Barchilón, texto que plantea una situación entre torturadores veinte años después de la dictadura? ¿Y qué sucede con el público de "Decadencia", de Berkoff? La respuesta más sencilla, aunque no la única, es que la risa, como afirma Bergson, le permite al espectador tomar distancia de un conflicto que lo compromete más de lo que está dispuesto a tolerar.
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