
“Yo no era una alienígena, sino una mujer intuitiva”
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"La intuición tiene dos grandes censores, el interés excesivo en algo y el miedo excesivo de algo. Todos sabemos, porque lo hemos experimentado, que cuando olvidamos un nombre lo peor que podemos hacer es tratar de recordarlo frenéticamente. De esa forma bloqueamos las posibilidades de la mente y sólo después, cuando estamos relajados o pensando en otra cosa, el nombre aparece en forma espontánea", asegura Ana Andrade, especialista en el desarrollo y manejo de la intuición, una capacidad que todos tenemos, pero que pocos usamos productivamente.
Andrade nació en Lima, Perú, donde cursó dos licenciaturas, Administración de empresas y Recursos Humanos. "Y en eso ocupaba buena parte de mi vida cuando comencé a sentir una necesidad imperiosa de desarrollar una actividad artística. Empecé a estudiar escultura y a interesarme en el desarrollo de formas de hierro negro."
–¿Cómo eran?
–En realidad, eran candelabros muy lineales que coronaba con velones de colores muy puros buscando contrastes. Invitada por una galería, preparé una muestra e instalé mis obras en una de las salas. Pero al día siguiente, poco antes de la inauguración, al volver a mirar mis obras sentí que me parecía imposible que yo fuese la autora de esa formas. ¿De dónde venían? Poco a poco descubrí el origen: eran fragmentos de esas figuras extrañas que aparecen en las mesetas desérticas de Nazca, al sur de Perú. Mirando con atención se descubría la cola de un mono, el ala de un pájaro, una araña, el fragmento de la corola de una flor... Que según algunos investigadores son dibujos del movimiento de las estrellas, algo importante para las cosechas. La muestra gustó y sorprendió. Pero la más sorprendida era yo, que comprendía que había entrado en contacto con algo importante, que no sabía qué era y, lo peor, no imaginaba dónde comenzar a buscarlo.
–¿Qué hizo?
–Busqué y rebusqué, hasta que una noche, navegando por Internet, descubrí en una universidad de California una disciplina que parecía ofrecer lo que buscaba. Tenía un nombre muy raro: coach ontológico. Allí descubrí la intuición y sus posibilidades, y que yo no era una alienígena, sino una mujer intuitiva. Después seguí viajando y estudiando hasta que, orientada por mis intuiciones, recalé en Buenos Aires.
–¿Qué es la intuición?
–Los antiguos yoguis tenían una manera muy linda de nombrarla: la llamaban el maestro interior. La intuición es algo que todos tenemos, hombres y mujeres, pero que no todos desarrollamos ni usamos convenientemente. El buen uso de la intuición nos ayuda a vivir mejor y no cometer errores. Se expresa de cuatro maneras: físicamente: por medio de temblores, escalofríos, cuando se nos eriza la piel. Emocionalmente: por sorpresivos sentimientos de tristeza, alegría, paz. Mentalmente: con la aparición de ideas o soluciones originales, propuestas distintas. Espiritualmente: son las experiencias de los místicos, o sentir que no estamos solos en el mundo. Se suele hablar de la intuición femenina y es muy cierto, porque las mujeres estamos más unidas a nuestros sentimientos. Los hombres tienen más problemas; por una razón cultural necesitan darse permiso para expresar sus sentimientos. En ellos son más comunes las intuiciones mentales. Pero todos estamos capacitados para utilizar las cuatro formas de expresión.
–¿Un consejo para encontrar nuestra intuición?
–En primer lugar, no tenerle miedo. Porque como la intuición es algo desconocido, que no se expresa racionalmente, nos produce temor. En segundo lugar, comprender que es muy difícil ser intuitivos si no nos conocemos a nosotros mismos.
–¿Qué más podemos hacer?
–Hay varias maneras, pero vamos a tomar dos de las más comunes. Nos relajamos, esto es muy importante, y formulamos una pregunta. Por ejemplo, ¿dónde podría pasar mis próximas vacaciones? Luego salimos a caminar sin rumbo fijo y sin pensar en el tema. Al regresar, hagamos un inventario de lo que hemos visto, lo que nos llamó la atención. En la interpretación de toda esa información que recogimos está la respuesta. Otra posibilidad es la del espejo. Nuevamente, relajados, formulamos una pregunta, y nos miramos al espejo. Nos miramos sin preocuparnos por las arrugas, el color de los ojos irritados por la computadora, etcétera. Nos miramos y poco a poco iremos descubriendo en nuestra expresión pistas que nos llevarán a la solución del problema. Siempre, lo más difícil es la interpretación, por eso es conveniente, al comienzo, trabajar con un guía experimentado.
–¿Por qué es tan importante relajarse?
–Relajarse significa no ofrecer resistencia. Recuerde lo que comentábamos al principio cuando forzábamos la mente para recordar un nombre y con el esfuerzo sólo conseguíamos bloquearla. Albert Einstein tenía la costumbre de pasar horas en la bañera jugando como un niño y sostenía que allí, distendido y divertido, encontraba sus mejores ideas. Y esto no es nuevo, recuerde a Arquímedes corriendo desnudo por las calles de Siracusa, gritando ¡Eureka!, después de haber descubierto, mientras se bañaba, el famoso principio de que todo cuerpo sumergido en un líquido experimenta un empuje hacia arriba igual al peso del líquido que desplaza. Y Arquímedes vivió entre los años 287 y 212 antes de Cristo.
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