
"Zamarra", para las retinas
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"Zamarra". Creación colectiva del Teatro Sanitario de Operaciones. Elenco: Pablo Alberti, Nadia Boscarol, Alba Farina, Enrique López, Diego Mergen, Jackie Miller, Fernando Mut, Tito Palazzo Caputo, Pato Turchi, Omar Rodríguez, Facundo Gamallo y actores invitados. Luces: PabloJensen. Vestuario: Jackie Miller. Diseño de objetos y escenografía: Facundo Gamallo, realización del TSO. Sonido: Aníbal González. Música: Richard Coleman, Paul Medina. Voces: Cajas Rojas. DJ: Lucha Dj. Fuegos: Les Artificiers y TSO. Viernes y sábados, a las 20.30. Patio del Tanque, C. C. Recoleta.
Nuestra opinión: bueno.
"Zamarra", según sus hacedores, es una batalla, una ciudad, un pueblo, un grito, un elemento, una palabra... En resumen, puede ser cualquier cosa que el ojo del espectador asocie. Pero en términos concretos, es el último espectáculo del grupo Teatro Sanitario de Operaciones (TSO), una alianza ejecutora de performances nacida allá por el 95 de unas clínicas dictadas por la catalana Fura Dels Baus, de la que fue grupo soporte durante sus actuaciones en la Rural de Palermo, en 1997.
En sus cortos años de vida, el TSO generó varias versiones de su espectáculo "Cuatro estómagos" y participó en el Festival Internacional de Buenos Aires con "Aparecido", que fue montado en el viejo puente transbordador del Riachuelo.
Con "Zamarra", el grupo intenta un leve desprendimiento de sus progenitores catalanes con la incorporación de un hilo relativamente narrativo.
En el Patio del Tanque del Recoleta, con el cielo otoñal como testigo, el grupo monta su show que, como se acostumbra en el género, no prescinde de poleas, arneses, fuego, tierra, agua, cuerpos desnudos, violencia, ritos tribales y corridas entre el público. Todo esto, inmerso en lo que los grupos cultores del género han llamado "estética posnuclear"; esto es, una estética que juega con la idea del mundo luego de un gran holocausto.
Apenas ingresa el público, el olor a incienso y la música indican el comienzo del espectáculo. Un personaje parecido a un Hare Krishna comienza a transitar entre la gente mientras pronuncia un texto que, entre las deficiencias del sonido, se presume como el de un mesiánico que arenga a las masas. Este mismo personaje será el que, de tanto en tanto, reaparecerá portando su mensaje redentor. Entretanto, se verá lo que quienes hayan presenciado espectáculos de performances ya conocen, salvando los detalles: un hombre y una mujer que se bañan ante los espectadores; cuatro carros con una persona adentro cada uno, tapados de ripio, que luego serán, golpes mediante, liberados de su prisión de tierra; el bello ombú del Patio del Tanque acondicionado como habitáculo; despliegue de fuegos, tierra y agua; en fin, terreno conocido.
El TSO contó, obviamente, con suficientes recursos de producción como para construir la parafernalia de objetos móviles. Y el esfuerzo por contar una historia, que incluye la música del líder del grupo Los Siete Delfines, Richard Coleman, y un coro en vivo, Los Cajas Rojas, es evidente. "Zamarra", si simplemente se trata de repetir lo que ya se ha visto, es un buen espectáculo.
Lo que el espectador avezado se preguntará es hasta dónde puede llegar la performance como género con estética "posnuclear". Seguramente, reflexionará también acerca de la originalidad, perseguida por el TSO por medio de la incorporación de elementos nuevos, sin tener en cuenta que ser original no es más que darle el propio tamiz a los elementos que el teatro utiliza desde siempre. Porque lo que queda después de "Zamarra" no es más que alguna impresión en la retina. Ninguna otra cosa más que cierta sensación en el ojo. Ni más, ni menos.




