
Zapatos voladores, una forma de protesta en alza
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LONDRES.– Fue durante unos días célebre en todo el mundo. Se trata de un periodista de televisión iraquí que se convirtió de repente en un héroe para millones cuando arrojó sus zapatos a la cabeza del presidente estadounidense George W. Bush y lo llamó perro.
Poco se oyó de Muntadhar al-Zeidi desde que salió de Irak y fundó una organización de caridad en Suiza el año pasado. Pero su momento de fama dejó un legado perdurable para disgusto de líderes mundiales y de sus guardaespaldas.
Tirarles zapatos a los poderosos se fue convirtiendo en un fenómeno global que no da muestras de desvanecerse.
Desde aquella conferencia de prensa en Bagdad el 14 de diciembre de 2008 volaron zapatos sobre los primeros ministros de China y Turquía, el juez principal de la Corte Suprema de Israel, el director gerente del Fondo Monetario Internacional, un político ucraniano que estaba a favor del ingreso de su país a la OTAN y sobre una serie de representantes políticos en la India.
Hace unos días, el presidente paquistaní, Asif Ali Zardari, y el funcionario elegido de mayor rango de la región de Cachemira controlada por la India fueron atacados por zapatos voladores.
Un choque emocionante
Lanzar un zapato es un gesto que mezcla humor y agresión, una acción violenta de la que nadie sale lastimado, pero aun así es una señal fuerte, como un grito o una consigna.
Esta clase de acción rompe las barreras entre el público y los que están en el escenario, y altera la realidad con un choque emocionante (al menos para el espectador), en cierta medida parecido a los programas de televisión en los que filman secretamente a personas inocentes mientras les están haciendo bromas.
En el mundo árabe y musulmán, la sucia suela del zapato simboliza un insulto. Al-Zeidi le puso un sello nuevo y único a la acción de lanzar un zapato. Este acto se convirtió en un símbolo que tiene eco cada vez que un zapato vuela sobre alguien importante.
El zapato volador crea un paralelo instantáneo con el incidente de Bush.
Al-Zeidi también fue una pieza clave; si él hubiera sido, por ejemplo, un ciudadano sueco, habría parecido un loco, pero el hecho de que fuera un hombre iraquí culpando al entonces presidente estadounidense por la destrucción de su país convierte su acción en un acto político, un tanto poético y susceptible de imitaciones.
"El acto de mi hermano fue algo espontáneo –dice el hermano de Al-Zeidi, Durgham–. Nunca pensé que sería imitado, pero él lo apoya siempre y cuando se realiza en contra de los tiranos.’’
Pero en algunos casos la emulación se vuelve un poco ridícula.
Otros ejemplos
La primera imitación a la actitud de Al-Zeidi fue probablemente la de Stephen Millies, un neoyorquino que la policía logró detener cuando se quitó un zapato y trató de lanzarlo contra el director del servicio de transportes (MTA, por sus siglas en inglés), tres días después del incidente de Al-Zeidi contra Bush. Millies protestaba por los recortes del presupuesto de la MTA y un aumento en la tarifa del metro de 2 a 2,25 dólares.
El lanzador de zapatos más reciente fue Abdul Ahad Jan, un oficial de policía fuera de servicio que arrojó su zapato y una bandera negra contra el funcionario de más alto nivel en la región de Cachemira controlada por la India, el ministro Omar Abdula, en una tribuna de alta seguridad durante una ceremonia por la independencia de la India, el 15 de agosto.
Imposible de prevenir
¿Cómo evitar que se arrojen más zapatos? Los funcionarios de seguridad pueden revisar el calzado con rayos X para asegurarse de que no contenga explosivos, pero despojar a las personas de sus zapatos antes de una manifestación o conferencia de prensa es difícil de imaginar. Esto hace que esta práctica sea casi imposible de frenar.
Incluso Muntadhar al-Zeidi recibió una dosis de su propia medicina: el año pasado dio una conferencia de prensa en París para hablar sobre sus experiencias tras el incidente con Bush, que incluyó, según él, nueve meses de cárcel, abusos y represalias.
Y mientras hablaba, Al-Zeidi fue atacado también con un zapato por un hombre que parecía ser iraquí. Al-Zeidi se agachó y el zapato golpeó la pared detrás de él.
"Se copió de mi técnica’’, dijo Al-Zeidi un poco en broma. Maithan al-Zeidi, su hermano, persiguió al atacante y al salir de la habitación lo golpeó. Con un zapato, claro.





