
Zubarry: retrato de una generación ausente
Protagonista de grandes éxitos del cine nacional, hoy la actriz está decidida a que su trabajo no le impida disfrutar de la vida
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Olga Zubarry es una rara especie dentro de un medio donde la mayoría de sus colegas siente pánico por el paso del tiempo o -la otra variante- ya no sabe qué hacer para seguir reflotándose mediante una adicción desmesurada a las cirugías estéticas.
Ahora está más exultante que nunca, lo cual ya es mucho decir tratándose de esta mujer que se lleva tan bien con la vida. Ocurre que su hija Mariana, radicada en Los Angeles, la hizo recibir de abuela.
Para Olga fue una fiesta viajar, asistirla, participar del baby shower (algo así como una fiesta donde los amigos aportan a la lista de regalos del bebe), volver a Buenos Aires y prepararse para un encuentro que acaba de terminar y que se repetirá en pocas semanas más, cuando vengan a bautizar al chico a la Argentina.
Ella no se casó por Iglesia, ya que su marido tenía un matrimonio anterior. Papeles vía México y ninguna sensación de déficit: "Yo soy profundamente creyente. ¿Lo demás que importa?" Esta última frase parece haber sido rectora para que su carrera nunca le complicara su vida familiar. Y eso que fue protagonista de una época irrepetible del cine argentino: "Los empresarios hacían viajes por toda América latina y con el adelanto que traían ya podían pagar la filmación. Les pedían: "Dos de Niní, dos de Libertad, dos de Mecha, dos de Amelia, dos de Mirtha". Y alguna mía. Claro: no existía la televisión."
La mano de Dios
Se casó con alguien de la industria, el doctor Garate, desde siempre ligado a Argentina Sono Film, en una historia de amor que también -por cómo empezó- podría ser apta para un guión de cine: "Nos conocimos en el estreno de "El extraño caso del hombre y la bestia", que se hizo a bordo de un avión rumbo a Lima, y ya no nos separamos. Pero mi carrera la hice en Lumiton: "El ángel desnudo", "Los pulpos", las películas con Carlos Hugo Christensen y con Arturo de Córdova. Todo se aceleró para mí cuando Mirtha rechazó "El ángel desnudo". En uno de sus almuerzos me dijo: "Ese libro lo tendría que haber hecho yo". "No lo hiciste porque no lo leíste", le contesté. Nunca hubo un desnudo. Christensen me contó antes de filmar cómo iban a hacerlo. Sólo me tomarían de espalda."
Ingresó en el mundo del cine por la mano de Dios, para usar su expresión textual. A los 13 años le pidió a Juan Carlos Thorry (por entonces su cuñado) que la llevara a los estudios para conocer a María Duval. Estaban filmando la fiesta de fin de curso de un colegio y, sin aviso, había faltado una chica. El director Christensen le preguntó si se animaba y ella contestó que sí. "Debuté con letra, porque en mi segunda película, "La pequeña señora de Pérez", no tenía texto. Y en la tercera, "Safo", ya estaba de espaldas; aparecía así, disfrazada de duende".
A todas esas películas, más otras, como "La muerte camina en la lluvia", "Abuso de confianza" o "Yo no elegí mi vida", las mira con gusto cuando las pasan por algún canal de cable. ""El ángel..." y "Marianella" fueron de las primeras filmadas en exteriores, en Brasil. Allí me fui a los 16 años. No podía viajar sola porque era menor. Y me acompañó mi hermana, que también era menor", dice muerta de risa.
Eufemismos
En comparación, a las jovencísimas estrellas del cine argentino de aquellos años les fue mejor que a sus colegas de Hollywood que también empezaron de muy chicos: Judy Garland, Mickey Rooney oElizabeth Taylor padecieron desde temprana edad problemas de salud, medicados como estaban, de un modo salvaje, por los profesionales de los consultorios de los estudios.
"Elisa Galvé o Delia Garcés también formaron familias muy felices -dice Olga pasando lista-. Mamá me acompañaba a las filmaciones. Y María Duval o Susana Freire iban con el papá; Mirtha, con la mamá. Cuando apareció el primer suelto donde me nombraban, papá me regaló un libro enorme como los del banco, para que coleccionara los recortes. Es una de las pocas cosas que conservo, porque la colección de revistas, los premios y los libretos originales los doné al Museo del Cine. Son documentos de sesenta películas y pueden ser más útiles allí que apilados en mi casa."
Las revistas de esa época eran muy ingenuas al meterse en casas de famosos y al hablar de las vidas privadas. "Para decir que alguien no estaba casado, ponían elípticamente vive con", dice antes del convite de asomarse a sus fotos más queridas.
El lujo y la sabiduría de saber decir que no
En el caso de Olga Zubarry no se puede hablar de un retiro definitivo, porque cada tanto hace participaciones especiales, como las que tuvo en "Plaza de almas", opera prima de Fernando Díaz que fue exhibida durante el Festival de Cine de Mar del Plata, o en la tira "Hombres de mar", de la que formó parte con un personaje episódico que falleció en el primer capítulo.
Su representante sabe que los ofrecimientos de trabajo (los tiene de todo tipo, incluidos muchos teleteatros) sólo serán viables en la medida en que no se conviertan en un obstáculo para la vida personal y familiar de esta mujer luminosa y encantadora.
Ella asiente cuando se le dice que, por su carrera, no resignó otras cosas importantes de la vida. "Una vez le preguntaron a Dolores del Río qué había dejado de hacer por ser actriz. "Ir al mercado", contestó con tristeza. Yo nunca dejé de hacer eso, ni de estar en contacto con la gente de la calle."
Tomarse tiempo
Cuando nacieron sus dos hijas, en los años sesenta, comenzó a regular sus apariciones, pese a que su carrera en TV estaba en los inicios, luego de sus tiempos dorados en el cine. "Una comedia en la noche" se llamaba aquel primer ciclo en Canal 13, con dirección de María Herminia Avellaneda y en rubro con Raúl Rossi. También recuerda con mucha felicidad otros programas más cercanos, como "De fulanas y menganas", "Situación límite" o los tres años de "Nosotros y los miedos".
Lo cierto es que Olga quizá trabaja menos que otra colegas de su generación y, paradójicamente, su figura sigue estando muy presente en el público, tanto que hace poco -más precisamente el 31 de octubre, día de su cumpleaños- viajó a San Jorge, donde el cine de esa localidad santafecina fue bautizado con su nombre. Como decía el fallecido crítico Alberto Tabbia, "si Olga hubiera nacido en los Estados Unidos, sería una estrella en todo el mundo".
Es una persona que transmite optimismo, algo que no significa negación. Para comprobarlo alcanza con dos anécdotas de momentos difíciles. En el ´80 estalló una bomba en el edificio donde ella vive desde hace mucho. Y, encima, ese mismo año se enfermó de tifus. Una temporaria caída del cabello fue la consecuencia de semejante temporada en el infierno. Su peluquera le hizo notar el problema y Olga, con sonrisa de reina, simplemente le contestó: "Son rachas".
Después, a mediados de los ochenta, empezó a padecer diabetes, lo que le impuso, desde entonces, muchos cuidados para impedir el avance del mal. En vuelo a Los Angeles, leyó una nota donde se enumeraban todas las consecuencias secundarias de esa enfermedad. "Decía: "Te puede pasar tal cosa, tal cosa y tal otra". Yo preferiría que hubieran escrito: "Te puede pasar todo eso. O no". Porque yo aquí estoy, feliz de la vida y con buena salud."
Gestos son gestos
La generosidad de Olga Zubarry es un hecho conocido en un ámbito donde suelen primar las pequeñas envidias y las grandes rivalidades. Un día se enteró por la TVde que la institución MAMA (Mis Alumnos Más Amigos) tenía graves problemas para seguir adelante. Llamó enseguida, se conectó y, desde entonces, es la madrina de estos hogares de chicos en los cuales se montaron unas panificadoras que van viento en popa.
Y aunque ella, con modestia, no quiere que Irma Roy siga hablando del tema, lo cierto es que la actual diputada aprovecha cuanta oportunidad se le presenta para volver a recordar con emoción cómo, en tiempos del Proceso y cuando estaba prohibida en la televisión, Olga se le apareció en su casa sin previo aviso y la obligó a que aceptara una respetable suma de dinero.
La alergia del teatro
Debajo del vidrio de una mesa hay una foto tomada en una sesión de antaño. Olga Zubarry aparece acompañada por toda su familia. Siempre la apoyaron. La mamá la acompañaba en el colectivo 31 hasta los estudios Lumiton. En la escala en Chacarita se sumaban los técnicos. Todavía no tenían auto y era una fiesta cuando Roberto Escalada o Enrique Santos Discépolo las traían de regreso a Parque Patricios.
No había furor por las cirugías ni riesgos de anorexia. "Nos cuidábamos solos. Y, además, trabajábamos mucho, una película detrás de otra. No había tiempo de engordar. Las fotos de esa época me mostraban como una muchacha normal, equilibrada en lo físico. Tuve que aprender a fumar para "Los pulpos". Los cigarrillos sin filtro me daban un mareo..."
Así, le parece de terror que Leonor Manso no sea convocada para actuar en TV porque se niega a que un bisturí le cambie los rasgos. "Es injusto, porque es excelente, como lo era Barbarita Mujica. Con ella hice presentaciones de teatro leído. Las tengo grabadas en cassette y lo pongo en la cocina sólo para escucharla a Barbarita. Qué muerte tan tonta."
Llama la atención que nunca haya hecho teatro. "Bueno, nunca, nunca, no. A los tres años hice un truco con Chan, el hombre demonio, en el Avenida, disfrazada de diablito. Y mucho después, un musical con Alberto Closas y Elena Lucena. Temporada de verano. Yo estaba en el Tigre, disfrutando mucho, y tenía que volverme temprano. No me gusta el olor a encierro del teatro; huele a polvo, a decorados, a alfombras, a pintura, todas esas cosas amadas por la gente de teatro. Cuando me tentaron para hacer "La voz humana", en el Colón, me decían todo lo que iban a poner en el escenario; pero cuanto más me prometían menos ganas me daban. En la vida tengo muchas otras cosas y las disfruto mucho. Como dice Santa Teresa: "Necesito muy poco, y a lo poco que necesito también lo necesito muy poco"."




