La ofensiva arancelaria del presidente Donald Trump inauguró una nueva era de guerra comercial internacional de resultado incierto en varios países
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Los aranceles generales del 25% a México y Canadá que el presidente estadounidense Donald Trump impuso este martes volvieron a ponerse en pausa por un mes, después de la cordial conversación que mantuvo Trump con la mandataria mexicana, Claudia Sheinbaum. No sucedió lo mismo, sin embargo, con el gravámen adicional del 10% que EE.UU. impuso a las importaciones chinas, que se suma a una tasa del 10% que ya se aplicaba desde el 4 de febrero.
China no solo respondió imponiendo a su vez impuestos de importación de entre el 10% y el 15% a los productos alimentarios estadounidenses, sino que los mensajes que llegan desde su Ministerio de Exteriores alertan de que la guerra comercial ya empezó. “Si lo que Estados Unidos quiere es una guerra, ya sea una guerra arancelaria, una guerra comercial o cualquier otro tipo de guerra, estamos listos para luchar hasta el final”, aseguró el gobierno chino.
Para muchos analistas, lo que está ocurriendo actualmente evoca un momento crítico en la economía mundial, que tuvo lugar hace casi 100 años.

Nacionalismo
En 1930, se inició una era de proteccionismo comercial. En junio de ese año, en EE.UU. se promulgó la Ley de Tarifas, también conocida como Smoot-Hawley, debido a que fue impulsada por el senador Reed Smoot y el diputado Willis Hawley.
A las medidas adoptadas en este decreto se les responsabiliza por agudizar la Gran Depresión de 1929, que afectó a múltiples países, se prolongó por una década, ocasionó una fuerte caída del PIB y dejó a miles sin trabajo. Una anécdota referida en un artículo de la revista británica The Economist da cuenta del impacto de la legislación. “Casi me arrodillé para rogarle a Herbert Hoover (el presidente estadounidense en esa fecha) que la vetara. Esa ley intensificó el nacionalismo en todo el mundo”, decía Thomas Lamont, asesor presidencial y accionista del banco de inversión J.P. Morgan.
Hay quienes incluso están convencidos de que la ley jugó un papel importante en el inicio de la Segunda Guerra Mundial porque reforzó posturas como la de Adolf Hitler.
¿Protección?
La Ley de Aranceles Smoot-Hawley incrementó los impuestos a la importación de centenares de productos con el objetivo de proteger a granjeros y empresas estadounidenses. Adam Augustyn, editor de la Enciclopedia Británica, explica que en la década de los 20 del siglo pasado, los agricultores europeos empezaron a recuperarse de la devastación causada por la Primera Guerra Mundial, lo que aumentó la competencia e hizo que los precios de los productos bajaran.
Adicionalmente, los campesinos se habían endeudado tratando de incrementar su producción. Y una buena parte de la fuerza laboral estadounidense se encontraba en el campo.

Fue así como granjeros estadounidenses iniciaron entonces un periodo de cabildeo para que el gobierno impulsara medidas de protección para agricultores locales. El aumento de aranceles afectó a una gran variedad de importaciones: huevos, ropa, barriles de petróleo y azúcar.
Es difícil calcular el porcentaje en el aumento impositivo porque su estimación dependía del volumen o el peso del producto, pero economistas estiman que los incrementos oscilaron entre el 15% y el 40%.
Consecuencias
Durante los dos años que siguieron a la implementación de la Ley Smoot-Hawley, las importaciones y exportaciones de EE.UU. cayeron alrededor de 40%. Canadá y Europa tomaron medidas recíprocas y aumentaron los aranceles para productos estadounidenses. Algunos bancos empezaron a colapsar, el intercambio comercial global disminuyó y la economía mundial atravesó un período crítico.
Es difícil saber cómo terminará este nuevo capítulo de guerra comercial entre Estados Unidos y sus más importantes socios comerciales, pero estudios recientes aseguran que los aranceles castigarán el Producto Interior Bruto y la inflación de los países implicados. Los aranceles que Trump aplicó en su primer gobierno, además de afectar a empresas extranjeras, también perjudicaron a compañías locales y a los propios consumidores estadounidenses, según varias investigaciones académicas.
Lejos de enriquecerlas, las familias tuvieron que pagar precios más altos. Y la recaudación tributaria producto de la imposición de los aranceles fue muy baja en comparación a lo que recauda el gobierno a través de impuestos individuales y corporativos.
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