Trump prometió evitar guerras, pero Irán se convierte en su mayor trampa
La presión interna, una tregua cada vez más frágil y el pulso con Teherán complican el intento del presidente de presentar como victoria una crisis que no logra cerrar
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WASHINGTON.- El 6 de enero de 2024, cuando aún estaba en plena interna republicana para volver a convertirse en candidato presidencial, Donald Trump les afirmó a sus seguidores en Iowa que darle una nueva oportunidad al frente de la Casa Blanca le permitiría a Estados Unidos “pasar página para siempre a esos días insensatos y estúpidos de guerras interminables”. Un argumento que iba en línea con las promesas de su primera campaña, hace ya 10 años.
Pero en la última semana, a medida que el enmarañado conflicto con Irán se encarriló a sus primeros 100 días -este domingo-, entre analistas, think tanks y la prensa internacional afloraron conceptos como “la trampa de la guerra perpetua”, el “dilema estratégico” que enfrenta Trump para terminarla, lo mucho que le costará al presidente norteamericano “vender su debacle como una victoria“ y cómo “el factor tiempo juega a favor” de Teherán a medida que las negociaciones diplomáticas se estiran.

“Su guerra contra Irán tal vez no dure para siempre, pero ahora a Trump le resulta muy difícil sacar a Estados Unidos de un conflicto que tiene buenas razones para lamentar“, escribió en Foreign Affairs el historiador y autor británico especializado en relaciones internacionales Lawrence Freedman.
Mientras en el frente interno la presión para Trump va in crescendo -entre su base de votantes, por el persistente impacto económico del conflicto, y en su partido, con una incipiente rebelión republicana-, y en el terreno en Medio Oriente le resulta cada vez más difícil sostener una tregua a varias bandas, el presidente norteamericano insiste en que la guerra terminó y en que hay avances para sellar un acuerdo final con Irán.
La última -enésima- estimación llegó esta semana en un diálogo con periodistas en la Casa Blanca. “Escuché que la negociación en sí va muy bien en realidad. [El acuerdo] quizás no suceda... Pero podría ocurrir durante el fin de semana”, dijo Trump, cuyo relato triunfalista desde que estalló el conflicto bélico, el 28 de febrero pasado, ha chocado recurrentemente con un frente cada vez más incierto.

“La administración Trump se encuentra ahora en un dilema estratégico provocado por ella misma. Tiene tres opciones: perpetuar el actual statu quo inestable, volver a la guerra o acordar un pacto con Irán. Ninguna resulta favorable para la Casa Blanca“, señaló a LA NACION Robert Geist Pinfold, experto en estudios de defensa del King’s College, en Londres.
La primera opción, explicó, implicaría que los mercados económicos y energéticos, tanto a nivel global como local, no logren recuperarse del terremoto que significó el bloqueo iraní del estratégico estrecho de Ormuz, por donde antes del inicio de la guerra se transportaba un quinto de la producción mundial de crudo y gas.

“Los mercados valoran la previsibilidad y la estabilidad, cualidades que el actual paradigma de ‘ni guerra ni paz’ no ofrece en absoluto. El estrecho de Ormuz permanece prácticamente cerrado y continúan los ataques iraníes contra la infraestructura civil en el Golfo. Sin embargo, un retorno a la guerra exacerbaría todos estos problemas. Estados Unidos solo debería volver a la guerra si cuenta con un plan claro sobre cómo deteriorar objetivamente la posición de Irán y obligarlo a hacer concesiones", señaló Pinfold.
El experto además sostiene que el régimen de los ayatollahs está “mucho más dispuesto y capacitado para tolerar una guerra interminable” que la Casa Blanca.
En las últimas horas, las negociaciones entre Washington y Teherán se empantanaron aún más luego de que el grupo terrorista Hezbollah rechazara un acuerdo de alto el fuego entre Israel y el Líbano bajo la mediación norteamericana, una condición que Irán reclama para avanzar en el diálogo con la administración Trump.
Irán reafirmó su apoyo a su aliado Hezbollah -el proxy del régimen más poderoso en la región- y exigió a Israel que se retire del sur del Líbano, lo que exacerbó las complicaciones que enfrenta un acuerdo provisional para poner fin al conflicto más amplio entre Washington y Teherán.
Un posible acuerdo depende de que la administración Trump acepte liberar 24.000 millones de dólares en activos iraníes congelados, informó un alto funcionario iraní a la cadena CNN, y advirtió que Estados Unidos entraría en un “corredor oscuro” si decidiera reanudar la ofensiva militar.
“Irán abraza una guerra eterna. Es poco probable que se logre una paz real porque Teherán concluyó que el conflicto es preferible a la diplomacia“, escribió en Foreign Affairs Mohammad Tabaar, investigador de la Harvard Kennedy School y del Fondo Carnegie para la Paz Internacional. “La guerra, después de todo, parece estar ayudando a Irán a aumentar su poder internacional”, agregó.
En esta etapa, las opciones de Trump son más limitadas de lo que podrían parecer, y el factor tiempo le juega en contra a medida que se acercan las elecciones de mitad de mandato del 3 de noviembre, cruciales para determinar el margen de maniobra que tendrán los republicanos en el Congreso para el segundo tramo del mandato del magnate.
Mientras Trump enfrenta los peores índices de aprobación a su gestión (el 58% la rechaza, según los promedios de encuestas), un reciente estudio elaborado por The Economist y YouGov indicó que el 68% de los norteamericanos pretende que Trump “llegue a un acuerdo para poner fin a la guerra lo antes posible”.
Desafíos
La idea de que una escalada militar sustancial ofrecería una vía de salida viable resulta cada vez más difícil de sostener, señalan los expertos. Según reveló The Wall Street Journal, Trump les comunicó a sus asesores que no reanudará una guerra total a menos que Irán mate a tropas estadounidenses “Esa sería una buena razón” para poner fin al alto el fuego, advirtió.

“Tras 100 días de conflicto, no existe evidencia alguna de que el régimen iraní se encuentre al borde del colapso, ni tampoco hay indicios de que Teherán esté dispuesto a capitular ante las exigencias fundamentales de Washington", como la entrega del uranio enriquecido, señaló a LA NACION John Calabrese, experto sobre la región de la American University y del Instituto Medio Oriente, en Washington.
“Los ataques adicionales podrían imponer mayores costos a Irán, pero no parece probable que generen el resultado político que la administración Trump persigue. Ese escenario deja a la diplomacia como la única vía de salida realista”, amplió el especialista.
El desafío radica en que ambas partes siguen creyendo tener suficiente poder de negociación para resistir más tiempo que la otra. Mientras Washington confía en las sanciones, la presión militar y las consecuencias económicas del bloqueo para forzar concesiones por parte de Teherán, el régimen considera que sus capacidades de represalia, su habilidad para perturbar la infraestructura energética regional y su capacidad para amenazar o impedir el tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz le otorgan suficiente margen para mantener su resistencia.
El memorándum de entendimiento sobre el que trabajan los negociadores representa un intento de romper este estancamiento mediante un proceso gradual de desescalada y concesiones recíprocas durante 60 días, pero que no terminarían por doblegar a Irán tal como Trump ambiciona.
“Persisten obstáculos significativos. Desde la perspectiva de Washington, es probable que este marco no sea lo suficientemente ambicioso en lo que respecta al futuro del programa nuclear iraní. Trump continúa buscando concesiones que exigirían al régimen abandonar el enriquecimiento de uranio y entregar sus reservas. Se trata de exigencias que los líderes iraníes tienen muy pocas probabilidades de aceptar, independientemente de la presión a la que se vean sometidos", dijo Calabrese.
En consecuencia, la vía diplomática permanece abierta, “pero la brecha entre las posturas de ambas partes sigue siendo sustancial”, advirtió.
El politólogo Robert Pape, experto de la Universidad de Chicago, apuntó por su parte que el poder de negociación de Irán aumentó en el último tiempo y que “Trump no tiene salida de la trampa de escalada que él mismo creó”.
Es sabido que Estados Unidos tiene superioridad convencional y una fuerza militar mucho más poderosa que la del régimen, pero lo que tienen los iraníes, en cambio, es la voluntad de ampliar el conflicto, remarcó Naysan Rafati, analista sobre Irán del International Crisis Group, en Washington.
“Se trata de un enfoque que contrapone lo convencional a lo no convencional en la manera en que ambos bandos están gestionando esta situación“, dijo Rafati a LA NACION.
Para el presidente norteamericano, los riesgos se acumulan en múltiples frentes. A nivel interno, un conflicto prolongado amenaza con erosionar el apoyo público, incluso entre sectores de la propia base política del magnate que históricamente se han mostrado escépticos ante las intervenciones militares indefinidas de Estados Unidos.
A medida que el conflicto se prolonga, es probable que se intensifiquen las preguntas sobre los objetivos, los costos y las perspectivas de éxito de Estados Unidos.
El miércoles, en un revés simbólico para Trump, cuatro republicanos de la Cámara de Representantes se desmarcaron del presidente y se aliaron con los demócratas para exigirle -mediante la aprobación de una resolución- que retire las fuerzas estadounidenses enviadas a Medio Oriente o que obtenga la aprobación del Congreso para continuar la guerra.
Yesterday, in a meaningless vote, the House voted, 4 bad Republicans and all of the Dumocrats, to limit my War Powers, right in the middle of my final negotiations to end the War with the Islamic Republic of Iran. Who would do such an unpatriotic thing. They know where the… pic.twitter.com/QfITpX3dbN
— Commentary Donald J. Trump Truth Social Posts On X (@TrumpTruthOnX) June 4, 2026
Fue la señal política más palpable de la creciente oposición a la campaña militar en Estados Unidos -y el malestar por sus consecuencias en sectores del Partido Republicano. “¿Quién haría algo tan antipatriótico? Saben en qué punto se encuentran las negociaciones", fustigó Trump a los cuatro “malos” legisladores de su partido que se unieron a los demócratas.
De llegarse a un acuerdo con Irán, según Rafati la narrativa de Trump para cantar victoria probablemente giraría en torno a los reveses sufridos por Irán en su infraestructura militar, la reapertura del estrecho de Ormuz y algún tipo de entendimiento para mitigar las amenazas nucleares.
Según a un reciente estudio de la Universidad de Maryland realizado por Ipsos, solo uno de cada seis norteamericanos considera que Estados Unidos está ganando la guerra.
“Los iraníes consideran que, dadas las circunstancias, les ha ido bien en lo que respecta a esta guerra. Si se tiene en cuenta que fue abatido el líder supremo [Ali Khamenei] y que fueron atacados tanto por la superpotencia mundial como por una potencia regional como Israel, su convicción es que no solo lograron sobrevivir a esa fase inicial del conflicto, sino que también fueron capaces de infligir costos a Estados Unidos, a sus aliados en Medio Oriente y a la economía global“, señaló Rafati.
Por ello el principal desafío para la Casa Blanca es que el tiempo mismo se está convirtiendo en un factor estratégico. Tanto Washington como Teherán parecen convencidos de que la otra parte terminará cediendo ante la presión, señaló Calabrese. “Pero si ninguna de las dos lo hace, es probable que los riesgos asociados a un conflicto prolongado aumenten más rápidamente que las perspectivas de lograr un resultado decisivo“, concluyó.
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