1871. Los detalles del cuadro uruguayo sobre la fiebre amarilla en Buenos Aires

Daniel Balmaceda
Daniel Balmaceda PARA LA NACION
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5 de mayo de 2020  • 00:35

Con veinte años en 1850, el montevideano Juan Manuel Blanes ya se dedicaba en forma profesional a la pintura. En 1857 lo contrató Urquiza para pintar el Palacio San José, en Entre Ríos. Luego se esa actividad volvió a su ciudad natal. El gobierno uruguayo le pagó una beca para perfeccionarse en Italia. Si bien fue avanzando en el terreno artístico con notable talento, su consagración fue a partir de una de las páginas negras de la historia sanitaria argentina.

En Montevideo pintó Un episodio de la fiebre amarilla en Buenos Aires . Se refiere específicamente a uno hecho que tuvo lugar en la madrugada del 17 de marzo de 1871 cuando la epidemia ya empezaba a preocupar mucho y gran parte de la población de Buenos Aires se había alejado de la ciudad. Esa noche, el sereno Manuel Domínguez caminaba por la calle Balcarce. Era la una de la mañana. Advirtió que la puerta de la casa con el número 384 (de la numeración vieja) se encontraba abierta. Por lo anormal de la situación, golpeó para ser atendido. Repitió el llamado y decidió entrar. Allí encontró a una mujer tendida en el piso y encima de ella una niña que estaba aferrada a su pecho tratando de ser amamantada. Con la beba en brazos, buscó a su superior de guardia en la comisaría, José María Sáenz Peña, y le entregó la criatura. Ya en la mañana unos policías concurrieron a la casa de la calle Balcarce donde yacía el cuerpo de la mujer.

La obra muestra a los doctores Roque Pérez y Manuel Argerich, abogado y joven médico, respectivamente, observado la trágica escena que, en realidad, tuvo lugar por la noche.
La obra muestra a los doctores Roque Pérez y Manuel Argerich, abogado y joven médico, respectivamente, observado la trágica escena que, en realidad, tuvo lugar por la noche. Fuente: Archivo

Preguntando a los vecinos se supo que la tarde anterior había sido llevada hasta esa casa en un carro, ya en muy mal estado de salud. Había dicho que se llamaba Ana Bristiani, que era italiana y que su marido enfermo estaba en La Boca. Por lo tanto, ese no era su hogar. Pero en esa Buenos Aires abandonada, una casa vacía era tierra de nadie.

El comisario Lisandro Suarez dispuso que se tomaran los objetos que claramente pertenecían a ella para entregárselos al marido, si en algún momento aparecía. Además, dio instrucciones para retirar el cuerpo, llevarlo al cementerio y dejar bien cerrada la puerta de la casa.

La nota que permitió reconstruir la crónica de aquella noche había sido escrita por el comisario Suárez al Jefe de Policía Enrique O´Gorman, hermano de Camila, aquella mujer que fue ejecutada en 1848 por haberse escapado con el cura Ladislao Gutierrez. En el diario La Nación escribieron el 18 de marzo:

A medida que la epidemia va azotando a la población, vamos conociendo cuadros desgarradores y tristísimos, principalmente entre la gente ajena a toda clase de recursos.

Sabemos que anoche un sereno penetró en una casa de la calle Balcarce llamando la atención que la puerta estuviera abierta a altas horas y se encontró con el cadáver de una mujer y entre sus brazos una criatura de cuatro meses que mamaba aun entre los pechos de aquella. Es de suponer que esta mujer ha sido atacada por la fiebre y ha muerto sin tener a nadie que le prestara el menor auxilio. La niña fue recogida y remitida a la Casa de Expósitos.

En su evocación artística, Blanes incorporó a los doctores Roque Pérez y Manuel G. Argerich dentro de la fatídica casa. Fue para rendirles homenaje, ya que el abogado Pérez y el médico Argerich también resultaron víctimas de aquella peste. Los dos murieron por contagio atendiendo a las víctimas. En esos días se comentó que el Padre Fahy, sacerdote de los irlandeses y confesor del almirante Brown, había muerto atendiendo a una persona que había habitado esa misma casa.

Siguiendo con la obra, muestra al marido que yace muerto en una cama, aunque sabemos que se trata de una licencia de Blanes, muy válida, ya que él creó una obra de arte, no un documento gráfico de rigurosidad histórica.

Lo completó hacia fines de octubre de 1871. Las primeras impresiones fueron muy halagadoras. Se decía que el cuadro podía llegar a inspirar una ópera por el realismo que planteaba. A su vez, mientras recibía los elogios, hubo una disputa en Montevideo entre el editor del periódico El Siglo, Carlos María Ramírez y Alejandro Magariños Cervantes, ex Secretario del Tesoro. Se debatía la compra del cuadro por parte del gobierno uruguayo. El titular del Poder Ejecutivo cuando se realizó la compra era el general Lorenzo Battle, quien había encargado al coronel Manuel Pagola que se ocupara de obtenerlo. Se pagaron diez mil pesos, una cifra alta, pero lógica de acuerdo con el valor de la obra.

En los últimos días de diciembre Blanes viajó a Buenos Aires para exponer sus trabajos en el hall del Teatro Colón, que en ese momento estaba frente a La Plaza de la Victoria (actual Plaza de Mayo). La exposición fue inaugurada por el presidente Domingo F. Sarmiento.

Entre las nueve de la mañana y las seis de la tarde, el público visitaba la muestra. Más allá del deseo de conocer cada cuadro del pintor, gran parte del interés se concentraba en el que le había dado renombre, el de la epidemia.

Hay algo muy importante en esa obra. Si bien, como se explicó, el artista buscó expresar las sensaciones de aquellos días trágicos, muchos lo tomaron como una clara confrontación con la incipiente fotografía. Si bien las albúminas presentaban imágenes reales, un cuadro ofrecía mayor tamaño, la posibilidad de mostrar personas en acción, sin que se desdibujara la silueta, y colores.

Por eso, y por el dramatismo que expresaba, el cuadro generó una gran asistencia de público al Colon. Incluso, frente a una nueva tragedia, el hundimiento del vapor América en la Navidad de 1871, se pensó en Blanes para que volviera a utilizar su talento en una reconstrucción del episodio.

Las autoridades porteñas quisieron comprar el cuadro de Blanes, pero el gobierno de Uruguay se había adelantado. También se pretendió convencer al pintor de que hiciera una alternativo para Buenos Aires. Respondió que ya no encontraría el ánimo para encarar tan ardua tarea. Entonces, se encargó una copia a un autor anónimo. En marzo de 1872, mientras se organizaba una muestra para exponer el nuevo óleo, se pusieron en venta fotografías del cuadro original. Llevaban la firma de Blanes, para evitar engaños.

La exhibición de la copia se realizó en abril de 1872, en un salón de la calle Cerrito. La crítica especializada le bajó el pulgar y la muestra estuvo lejos de tener el éxito de la original.

El cuadro sustituto pasó al Museo de Bellas Artes, donde se mantuvo hasta 1980. En la Nochebuena de ese año, mientras Buenos Aires celebraba la festividad con brindis y pirotecnia, cuatro hombres se descolgaron del techo del mencionado museo, ubicado en la Recoleta. Esquivando la vigilancia de los únicos dos serenos, robaron nueve objetos de porcelana y jade, más dieciséis obras de valiosos artistas: Matisse, Renoir, Cézanne, Degas, Rodin y Gauguin, entre otros. Además del cuadro de la epidemia, el que no fue hecho por Blanes.

En 2001, tres de las pinturas sustraídas fueron detectadas en Taiwan y, luego de innumerables peripecias y trámites, regresaron en 2005 al patrimonio del museo local. En cuanto a la copia del cuadro de la fiebre amarilla, sigue sin aparecer.

El original de Blanes se encuentra en exhibición en el Museo Nacional de Artes Visuales de Montevideo, aguardando para convertirse en uno de los más visitados, cuando el público vuelva a recorrer sus salones y se detenga a observar un hecho cuya significación, para nuestros contemporáneos, es mucho más perceptible que apenas ayer.

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