Abandonado: la historia del parque de juegos que fue arrasado tras el huracán Katrina
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El 29 de agosto de 2005 no fue un día más para los Estados Unidos. El huracán Katrina sorprendía a propios y extraños dejando un saldo de 1.833 muertos, 107.379 casas inundadas y un impacto económico en daños materiales de aproximadamente 145.000 millones de dólares. Se trató de uno de los desastres naturales más devastadores que se produjeron en ese país.
Como consecuencia de este huracán, que ascendió a categoría cuatro y que alcanzó vientos superiores a los 225 kilómetros por hora, el 80% de la población de Nueva Orleans, una ciudad de Luisiana en el río Misisipi, cerca del golfo de México, se vio obligada a abandonar sus casas.
Cinco años después de la apertura
La tragedia no fue benevolente con Six Flags, uno de los parques de diversiones más populares en el mundo, que había sido inaugurado en el año 2000 en Nueva Orleans. El área donde se encontraba el parque fue una de las que se vio más afectada. La tormenta dejó inundadas todas las hectáreas, lo que ocasionó que casi todas las atracciones del parque quedaran inutilizadas.

En el año 2000, después de haber conseguido el terreno y el permiso de construcción, el consorcio Alfa Smartspark inauguró Jazzland, el primer parque temático en Nueva Orleans, cuyo objetivo era aprovechar el apego por el jazz en la región, en un marco lleno de diversiones, atracciones y escenarios para conciertos y juegos mecánicos.
Sin embargo, un año después los dueños del parque comprobaron que su inversión no les había dado los réditos económicos que esperaban y las ganancias, al parecer, ni siquiera alcanzaban para abonar el costoso alquiler del sitio ni mucho menos los sueldos de los empleados.
Una de las causas por las cuales no funcionó el negocio habría sido la ubicación del parque: se encontraba en una zona de pobladores de bajos recursos económicos, bastante lejos de otras atracciones turísticas clásicas de Nueva Orleans como, por ejemplo, el Barrio Francés.

Cambio de dueños y de suerte
En 2002 se anunció que Six Flags Entertainment Corporation, más conocida como Six Flags, la cadena más grande a nivel mundial de parques de atracciones y temáticos, se iba a hacer cargo del contrato de alquiler del parque, cambiándole el nombre (en 2003) a Six Flags Nueva Orleans. Además, se produjeron algunas modificaciones en los nombres para las áreas temáticas del lugar.
Un año después del cambio de dueños, para finales de 2003, el parque se tornó redituable y las ganancias comenzaron a aumentar, producto de la gran cantidad de niños y de adolescentes que lo visitaban a diario disfrutando de todas sus atracciones. Con el paso de los meses se fue convirtiendo en un lugar cada vez más conocido y concurrido en Nueva Orleans.

Un sueño frustrado
Durante 2004 el negocio continuó incrementándose y hasta llegó a superar las expectativas de sus nuevos propietarios que para 2005 anunciaban con mucho entusiasmo la realización del primer gran festival de Jazz, evento que no pudo llevarse a cabo a raíz del desastre que dejó el huracán Katrina. Además, las consecuencias de esta tragedia natural terminaron con otros proyectos de la compañía que tenía en mente la construcción como, por ejemplo, de un parque acuático.
Pasadas unas semanas del huracán, Six Flags realizó un estudio para determinar el estado del parque para ver si era probable o no su reapertura. El resultado reveló que la reconstrucción implicaría millones de dólares por lo que decidió terminar con el alquiler del lugar y el parque de atracciones, finalmente, cerró.

Un hogar para lagartos
A partir de ese momento, Six Flags New Orleans se transformó en un lugar abandonado y hasta dicen que los lagartos de los pantanos aledaños encontraron un nuevo hogar provocando que cientos de curiosos visitaran el lugar para tomar fotografías de ese nuevo escenario. Atrás habían quedado esos pocos años de éxito y de diversión.
Actualmente, el parque de diversiones es uno de los destinos más visitados de los turistas que viajan a Nueva Orleans. Ylos juegos siguen estando en el mismo lugar, en su mayoría, aunque obviamente se encuentran deteriorados y hace años que nadie los mueve.
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