ACQUA AL RESCATE DE LA MUSICA
Dos jóvenes de 30 y 33 años manejan un sello discográfico que rema contra la corriente marketinera. Reeditan joyas perdidas de la música popular y producen discos de artistas extraordinarios a los que la difusión masiva les cierra las puertas. Con poca plata, están haciendo milagros. Desde aquí les hacemos propaganda
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La voz intrépida de la venezolana Cecilia Todd canta aquello de Pajarillo verde, ¿cómo no quieres que llore?, porque una sola vida tiene y se la van a quitar. Después, Pablo Neruda pide permiso para entrar y viene con aquello de Sangre sobre las calles y las plazas, dolor de corazones rotos, padre de hastíos y de lágrimas. Un negro de dientes cubanos desparrama: La llamaban Rosa Luna, era de rosa y marfil, gitana de las Castillas nacida en Valladolid y el bandoneón de Eduardo Rovira suena en arreglos clásicos, coqueteos barrocos, talento. Y la voz temblona de Paco Ibáñez canta a Miguel Hérnandez: Andaluces de Jaén...
En un dos ambientes de Almagro hay dos que ayudan a levantar olivos: de 3o y 33 años, Diego Zapico, ex pianista, y Pablo Voitzuk, ex maestro primario, son los dueños del sello Acqua Records desde 1991. Primero una distribuidora de sellos independientes extranjeros y, desde hace un año, sello con peso propio que edita con un criterio inusual: desde reediciones de Cecilia Todd, folklorista venezolana, hasta discos de Eduardo Rovira, contemporáneo de Piazzolla y exponente del movimiento de vanguardia del tango, pasando por Juan Gelman leyendo poemas propios, musicalizados por el Tata Cedrón en 1964. Conviven en sana comunidad dos trabajos de Bola de Nieve, una reedición de un disco de murga, tangos y candombes de Gustavo Mozzi, Teté Montoliu interpretando a Serrat, la banda de sonido de El maestro de música y Cinema Paradiso, Pablo Neruda leyendo sus propios poemas, Fernando Samalea con un trabajo llamado El jardín suspendido junto a músicos como Tony Levin y Daniel Melingo, y las voces de cuatro cordobesas cantando canciones típicas de Zimbabwe, Colombia, Malí, la Argentina y Bulgaria.
Raro. Como encendido.
Todo empezó en Nueva York. Pablo Voitzuk vivía en Manhattan y compró el disco de un músico puertorriqueño, Jerry González, en el que figuraba el teléfono del sello editor. Pablo llamó y lo atendió François Zalacain, actual dueño del sello americano de jazz Sunnyside, que le dijo en perfecto castellano: "Venite, que en la Argentina no conozco a nadie y por ahí te podés llevar unos discos". Fueron más de unos discos. La distribuidora empezó a funcionar de a poco, primero con Edgard Betelu y Pablo Voitzuk desde Estados Unidos y Diego Zapico -con quien ya se conocían desde el colegio secundario- en Buenos Aires. Después Pablo volvió a la Argentina y todo fue más fluido.
-Cuando empezamos no teníamos mucha idea -dice Diego-. Yo soy pianista, y acá estaba tocando en un conjunto de bailanta, en hoteles, entonces me fui a Nueva York a lo que saliera, pero después apareció esta posibilidad de distribuir discos. Al principio traíamos discos de distribuidoras grandes, los Rolling Stones, y no podías competir con eso. Entonces la idea fue buscar cosas independientes que no estuvieran acá.
El catálogo de Acqua brilla como una perla sencilla en el mar de las multinacionales. Entre Diego y Pablo, más Alejandro Iriart a cargo del diseño de las tapas, lo hacen casi todo. Editan, distribuyen, buscan material nuevo, escuchan los demo que les llegan en catarata. El encargado de hacer contactos fue Pablo, que compraba discos y llamaba al famoso teléfono de la tapita para proponer la distribución.
-Así lo conseguimos al Tata Cedrón -dice Pablo-. Llamé al teléfono que figuraba en uno de sus discos y él estaba chocho, porque iba con el bolsito por las disquerías de Corrientes, llevando sus discos.
-¿A cuántos consiguieron así?
-Y... todos fueron así. Igual yo soy muy agradecido con las disquerías, aun con las cadenas grandes, porque fueron muy pacientes y abiertas con nuestros discos.
Acqua es el tipo de sello que surge y se embandera en la siguiente frase: "Si vende 1500 discos, está bien. Si vende más, mejor. Si vende menos, igual valió la pena".
-Hay un público para eso -convence Pablo, tranquilo como estanque al sol-. Tal vez no sea un megaéxito, pero hay cosas que eran tesoros y que a nadie le interesaba explotar. Las cintas de Cecilia Todd estuvieron sin ser editadas 20 años. Cecilia no vende como un éxito latino, pero a nosotros nos alegró poder recuperar eso, y a mucha gente también. Hacemos los discos pensando que hay 1500 personas que tienen que recibirlo muy bien. Ahora vamos a hacer un disco con Maceo Parker, que fue saxofonista de James Brown, y yo sé que hay gente que espera que estos discos sean editados. María del Mar Bonet, que es conocidísima en Cataluña, le daba tal calidad al catálogo que eso mismo nos entusiasmó para hacer el disco. Lo que uno evalúa es si es música que sale del corazón o de una idea marketinera. Nos alienta mucho cuando vemos que alguien alcanza un nivel de excelencia. Bola de Nieve agota la canción; Cecilia Todd es impecable en el folklore venezolano; María del Mar en la música mediterránea; Maceo Parker, Rovira, en el tango.
-Es un catálogo... emocionante.
Jura Pablo. Pablo es pequeño y pálido. Diego es grandote y habla en susurros, fumando a veces. Pablo, que estudia medicina china en sus ratos libres, dice que más allá de los géneros editan gente emocionalmente atenta. -Es difícil encontrar en el catálogo alguien que haga algo fácil o calculado en el mal sentido.
No hay subsellos para las colecciones de jazz, rock, folklore, tango. Aquí todo está mezclado y a mano, como una estantería despeinada donde pueden encontrarse chupetines, galletitas y un Ludo Matic.
-Vamos desde AQ01 hasta AQ020 -enumera Diego-. La Q19 es Raúl Carnota y la Q20 es Maceo Parker, y pasás de la chacarera al jazz sin problemas. No tenemos una intención deliberada de hacer un catálogo cultural, sino algo integral, ecléctico, y el año que viene vamos a sacar música clásica. El eclecticismo es muy común en gente de nuestra edad, que puede escuchar jazz, rock, música étnica, tango, porque en las discotecas de nuestros padres todo eso se mezclaba. No es un gesto impostado el que hacemos. Nos sale, pero no somos ingenuos. Sabemos que estamos en un mercado en el que tenemos que vender discos a la mayor cantidad de gente posible. Me gustaría que esta música llegara a los jóvenes, porque nuestro público es de 30 para arriba y hay un puente que se perdió. Acqua es un continente de música por esta idea ecléctica y continental, donde podés escuchar de todo.
La música como un gran vaso comunicante. Una sangre de notas que corre por venas desprejuiciadas. Alimento para todos. Festín de muchos.
-El otro día vi un programa -dice Pablo- en el que el chelista Yo-Yo Ma visitaba una tribu en Africa y tenía un encuentro con un músico de la villa, que usaba un chelo muy primitivo. El tipo tocaba la música de ellos y Yo-Yo Ma decía: "Ahora me doy cuenta, él es un gran músico", y después, cuando él tocaba una suite para chelo, el otro lo miraba. Yo creo que con nuestros discos se puede experimentar eso. No son para un público educado, melómano, cualquiera podría disfrutar. La música habla. No se necesita un crítico para entender la música. Estos discos son muy fáciles de escuchar, y de vender, no son ni elitistas ni raros. El hábito de hoy con respecto a la música y a muchas cosas es como la comida rápida, y hay cosas que necesitan un tiempo para sorprenderte. Los discos son para ser escuchados. No para ser música de fondo. Los nuestros son discos que no entran en la lógica de que todo es consumible y descartable. Creo que hoy los chicos tienen otra relación con respecto al consumo. Por ejemplo, el otro día me acordé que mi papá me llevaba a jugar al fútbol al parque Saavedra, y cuando terminábamos le decía a mi viejo: "Pa, ¿me comprás una Coca?", y mi viejo me decía: "¿Te la vas a tomar toda?" Yo lo pensaba bien, y no había mayores conflictos. Libros y discos había, pero la Coca era para festejar. Discos para comer con cuchillo y tenedor. Para no hacer zapping. Discos que no vienen en combo. Discos altamente digeribles que provocan hambre de más.
-Afuera es común que haya este tipo de sellos independientes -aclara Diego-, incluso si el nuestro hubiera estado acá en la década del 60, las cosas hubieran sido distintas. En aquel momento era más común. De todos modos, Buenos Aires conserva un grado de sensibilidad grande, por eso existimos. Cuando decidimos hacer los discos de Rovira que era por un lado tan poco conocido y por el otro tan genial, la decisión de hacerlo era muy clara. Por el otro, claro, venía la pregunta: ¿qué vamos a hacer con 2000 discos de Rovira? Pero cuando algo es correcto, uno llega a buen puerto. Y aun si fuera un fracaso comercial, no cabe la duda. El convencimiento sigue estando. Si el tipo fue el que inició la vanguardia del tango junto con Piazzolla y nadie pudo hacer algo distinto a eso todavía, Rovira merecía el libro de 20 páginas que acompaña al disco donde se habla de él, con fotos, y no importaba si eso salía 40, 50 centavos o un peso más. No estamos para programar o prever. Me parece que lo nuestro no es deliberado, que si ocupamos un espacio es porque las cosas se van dando.
No se le niegan a nada, pero a su majestad el rock le tienen un respeto que por el momento los ha dejado en orillas diferentes a la hora de editar.
-No se ha dado. No es por un prejuicio; escuchamos mucho rock -aclara Diego-, pero en el rock la difusión pesa mucho, y ahí nosotros estamos limitados. Es más parte del mercado establecido, y ahí te tenés que mover con las reglas del juego que ya existen, costosas. No es que seamos marginales, pero no estamos dentro de las reglas del juego que tienen las grandes compañías.
-Pero -se ilusiona Pablo- no estamos cerrados a nada. Ojalá que venga un día Spinetta y nos diga: "¿Quieren hacer un disco?", o que venga Charly.
En un cuarto repleto de discos, ordenados por nombre y azar, hay cajas acarameladas selladas con el logo de Acqua. Figuritas codiciadas. Artistas que coleccionaron desde chicos al alcance de la mano.
-Qué cosa, que confíen en nosotros tipos talentosísimos -se maravilla Diego-, tipos de los que uno tenía los cassettitos, como el Tata, o la Todd. El otro día la revista Billboard le dedicaba un número homenaje a Leonard Cohen, y la compañía publicaba un anuncio en la revista que decía: "Estamos orgullosos de tener a Leonard Cohen en nuestro catálogo". Como compañía, poder decir una cosa así es fantástico, por eso nuestra actitud es de agradecimiento a los músicos.
Algunos de los artistas que editaron, reeditaron o distribuyen han tenido presentaciones muy exitosas en Buenos Aires: Martirio, María del Carmen Bone, Marina Rosell.
-¿No se sienten iniciando una corriente, una movida de música distinta?
-No, no, eso sería muy pedante -se niega de cuajo Diego-. No inventamos nada. Martirio es Martirio. En todo caso, si alguien piensa que es al revés, no es nada más que un grandísimo malentendido.
Para este año tienen en carpeta más de veinte discos, algo de música clásica y mucho de música tradicional del mediterráneo. La filosofía del sello es probar con lo improbable. Si algo les parece difícil, insisten un poco. Si les parece imposible, insisten un poquito más. Los derechos para la edición de la banda musical de la película El maestro de música, por ejemplo, eran propiedad de la televisión belga.
-Hay unos primeros pensamientos -dice Pablo- que te dictan que no va a funcionar. Con el caso de El maestro de música buscamos dos años, mandamos 300 faxs, y ahí está el disco. Pero lo primero que pensamos fue que era imposible tratar con la televisión belga. Después te das cuenta que es una empresa, nada más. Cuando la queríamos llamar a Mercedes Sosa para que participara en el disco de Raúl Carnota nos decían: "Pero no, ¿cómo la vas a llamar?" Ahí está, escribió un texto para el disco y cantó una canción con Raúl en la presentación. Para ella debe haber sido lindo también, ¿no?
Pero no todo es idílico. Diego dice que la ingenuidad la guarda para jugar con su hijo Lautaro, de un año y siete meses, que a veces se duerme antes de que papi llegue a casa y es entonces cuando empieza a encontrar costados del trabajo menos emocionantes. Y Pablo se escapa de las chequeras y los vencimientos escuchando música. Clásica. Sobre todo Bach.
-Hay cosas que si pudiera elegir no haría -coincide Pablo-. Es estresante cobrar, tratar con un banco. Es un esfuerzo muy grande tener en las relaciones comerciales un buen modo; a veces me preocupo demasiado y entonces me digo: "Atenti, la cosa pasa más por acá", no por tener un nivel de consumo ni de éxito, que es un criterio tan extraño, tan dudoso. Yo creo que en ese punto hay una cosa muy limitante, muy inútil, que es que mucha gente tiene criterios de éxito y de fracaso para referirse a su experiencia personal. En cuanto te podés correr de eso y decir bueno, a mí me gustaría hacer esto, me parece que lo puedo hacer bien, es más simple todo.
Los dos son del signo de Acuario, pero juran que el nombre del sello es casualidad. Esquivan las reuniones sociales y los prejuicios musicales con cintura de torero. -Además, descubrí que es medio aburrido hablar tanto de uno mismo -dice Pablo-. Y una cosa en favor nuestro es que no nos tomamos muy en serio. Tratamos de ser más livianos, ¿no?






