Su debut llamó la atención menos por sus canciones que por su voz: un voluptuoso contralto, un poco rasposo, que bajaba en picado y revoloteaba como una estudiante. Ahora que es mayor de edad -21 hace referencia a la edad que tenía cuando compuso las canciones-, Adele ha endurecido el tono, dejando atrás las florituras del jazz, y parece preparada para una pelea en un pub.