
Alberto Lecchi: Hecho en la Argentina
Durante años, sus películas se hicieron hipotecando casas propias y ajenas. Pero ahora a Lecchi le va bien: acaba de estrenar Apariencias, con gran éxito, y en pocos días vuelve a las salas con Nueces para el amor
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Todo empezó en La Victoria, un pueblo de calles secas y gente tranquila. Allí fue Alberto Lecchi a exponer sus cuadros. El público compró mucho, tanto que Lecchi conoció una pequeña abundancia, pero compró justo aquellas obras que a él le parecían malas.
-Me sentí muy mal y dije: "Esto no es para mí". Con esa plata viví casi un año, pero de inmediato me puse a estudiar cine.
Cuenta Lecchi veinte años más tarde, sentado en los austeros confines de su propia productora en Barrio Norte. En su despacho hay dos televisores, dos videocassetteras y un par de afiches de películas, entre ellos el de El dedo en la llaga. Para filmarla, Lecchi necesitaba encontrar un pueblo oxidado y libre de esperanzas. Junto con su equipo, recorrió seis provincias y preseleccionó noventa locaciones. Hasta que, una vez más, quedó La Victoria. El lugar donde él se decidió a pintar de otra manera.
-Hoy, a la distancia, a El dedo... le sacaría por lo menos diez minutos. Además, aunque es una película que quiero mucho, la siento muy empalagosa. Hay secuencias que cuando las veo me duele el estómago, cosa que no me pasa con Nueces para el amor. Es la primera vez que termino una película y digo me gusta. Las demás... me gustaban, pero había algo que no cerraba.
El 10 de agosto, su niña prodigio dará la cara en los cines. Cuentan los recuerdos que era 1996, que se acababa de terminar la filmación de El dedo... y que era una playa. Lecchi y su productor de siempre estaban veraneando en la costa carioca, y en una noche de vino quisieron soñar. "Empezamos a hablar de lo lindo que sería hacer una historia de amor que contara las vidas de nuestra generación, estos últimos 25 años. Y surgió la idea de que Adiós Sui Generis, el recital de despedida, era un buen motivo para que una parejita se conociera. Y empezamos a escribir el guión."
Hubo muchas novedades desde entonces. Novedad uno: en un país con la industria del cine en crisis, el señor Lecchi se dispone a parir el tercer hijo en lo que va del año. En la primera mitad de 2000 llegó Operación Fangio ("un fracaso absoluto"), y se repuso ampliamente después con Apariencias, su primera película por encargo. Como si fuera poco, en enero empieza a rodar un policial con Julio Bocca y Enrique Pinti. Novedad dos: en España apostaron al proyecto Nueces... y llegaron capitales privados que engordaron un chanchito anémico. Novedad tres: la corriente ibérica trajo también una perla, Ariadna Gil, estrella top de su país, que ahora está filmando en Hollywood.
"Supongo que aceptó porque le gustó el papel, que es absolutamente intimista y protagónico. Y el trabajo que hace es impresionante. Aun así, para nosotros fue muy duro: peleamos mucho porque la hicimos en un momento en que la Argentina estaba fatal, y sin plata del instituto. Es más: todavía no terminamos de cobrar el crédito que debíamos haber terminado de cobrar en octubre. Y con todas esas inseguridades nos arriesgamos a todo para no perderla a Ariadna, que nos daba un par de fechas para filmar y si no, sonábamos."
-Estás estrenando tres películas en un año. ¿Es suerte?
-Es casualidad, más allá de que uno trabaje para eso. Mientras yo batallaba por Nueces... aparecieron dos películas por encargo: Fangio, una idea ajena que finalmente la terminó haciendo Sarlec, que es mi productora, y Apariencias, para la que me llamó Suar. Pero eso es una suerte que se te da sólo una vez en la vida. No es trayectoria, porque hay montones de directores con más que yo, y hacer una película les cuesta horrores. El cine no escapa a la realidad del país. Si todas las industrias están quebradas, ¿por qué no va a estarlo la del cine? Si el Gobierno decide como estrategia política sacarnos plata a todos para pagar la deuda, ¿por qué no le va a sacar al cine? Es parte de la globalización.
Desde un fondo de boca con gusto a progresismo romántico, habla Lecchi. Y también filma. Sus dos primeras películas fueron eso: una mirada idealista y compasiva sobre las víctimas de un país quebrado. En Perdido por perdido, el protagonista es un hombre de clase media que trabaja en una fábrica de vidrio (El Progreso) y decide comprar su lindo departamento en cuotas. Financiera usurera e hiperinflación mediante, está al borde del remate de su casa y, perdido por perdido, decide engañar a la aseguradora de su auto fingiendo un robo inexistente.
Y en El dedo en la llaga, una multinacional quiere construir un hotel de lujo en un pueblo tronchado tras el cierre de su única fábrica, La Victoria. Y para levantar esa torre hay que demoler el cine local. Entretanto, llegan dos comediantes españoles y buscavidas. Detrás de cada uno de ellos, camuflado, está el señor Lecchi.
-El dedo... es una película que quiero mucho por esto de los ideales. Pero la misma historia hecha menos empalagosa hubiese funcionado mucho mejor.
El tiempo tiene esa capacidad que no logran ni las parejas más militantes: transformarnos. Cuenta Lecch que solía ser un estudiante de ojo crítico y colmillo atento dedicado a destrozar todas las películas del cine nacional. Y que ahora, décadas más tarde, filma las mismas cosas que antes repudiaba. Esa lógica mutante, esos cambios traicioneros, figuran también en Nueces para el amor.
-No es una película autobiográfica, pero tiene mucho de mí y está armada a partir de todos mis amigos nuevos y de la adolescencia. El protagonista es un hombre de clase media argentino, que hace 25 años tenía sueños distintos a los actuales. Ese es el resumen.
El resumen es que Lecchi, hace más de 30 años, cumplía con el formulario clásico de la Infancia del cineasta: se rateaba del colegio sólo para atragantarse con horas de cine continuado. Pasó el tiempo y llegaron la facultad y las carreras truncas: un año en ciencias económicas, dos en sociología y tres en Bellas Artes, mechados con trabajos como encuestador, vendedor de zapatos y empleado de la Dirección de Limpieza de la Municipalidad. En el medio, ocurrió el episodio de los cuadros.
-Después de eso, me fui a estudiar al Museo del Cine, necesitaba encontrar algo más. No tenía un peso y me iba a los cines de Corrientes, que en esa época estaban de moda, y esperaba diez minutos a que empezara la función y me metía porque ya habían cerrado la boletería, y veía las películas casi todas diez minutos después de empezadas. Varias de Resnais las debo haber visto cinco veces de esa manera.
Ahora, que ya las vio enteras, que egresó del museo trabajando, él es quien aparece en carteleras. Aunque no siempre por mucho tiempo: de todas sus películas, Perdido..., El dedo... y Secretos compartidos tuvieron una taquilla que él cataloga de "muy buena. Bah, digamos la verdad, buena". Hasta que llegó Operación Fangio. "Fue un fracaso absoluto, rotundo, no la vio nadie, ni mis enemigos."
-¿Y a vos te gusta?
-Siempre me pareció una película simpática.
-No linda, sino simpática...
-Sí. Y bueno, muchas veces preferís las simpáticas a las lindas. Pero la verdad es que no me explico el fracaso. No sé, tal vez la gente no tenía ganas de ver una de Fangio. Pero, por ejemplo, al Museo Fangio le encantó, a la familia de Fangio le encantó, la sobrina de Fangio estuvo en el estreno y lloró. Pero en Balcarce, donde nació Fangio, de jueves a domingo la vieron apenas cien personas. ¿Cuál es la explicación? No sé. Aristarain hace Un lugar en el mundo con un éxito brutal, y a La ley de la frontera no la vio ni Cristo. Subiela hace un éxito como El lado oscuro del corazón y después a Pequeños milagros no la ve nadie. Hay películas que son éxitos totales con críticas espantosas, o críticas maravillosas que no ve nadie.
-Las críticas de Fangio fueron lapidarias.
-Me destruyeron. Hay un sector que se ensaña un poco con el cine argentino en general. Y me parece que, si bien hay que ser justo, también hay que educar a la gente para que deje de decir: si es cine argentino no lo veo. Yo no pido críticas favorables, pero sí que en vez de ser desdeñosas y jocosas, sean serias. Antes del estreno de Nueces..., ya puedo adelantarte cómo va a ser el 80 por ciento de las críticas. Claro que no soy necio: el tema de fomentar la industria no es responsabilidad de los críticos. Porque afortunadamente hoy, en el Incaa, hay una persona con quien se puede hablar, pero si no existe la decisión política de que el cine funcione, tampoco va a servir la buena disposición del director del instituto.
Y cuando la buena disposición ni siquiera existe, las cosas sólo pueden empeorar.
Tiempos difíciles, los de Julio Mahárbiz. Durante el rodaje de Secretos compartidos, por ejemplo, se decidió que el crédito del Incaa llegaría sólo si la producción abría una cuenta en el Banco... Patricios. Lecchi podría ser uno de sus personajes desolados. Y es que, sí, el Patricios quebró con toda la plata adentro. Y se hizo la noche.
-Debe haber sido una paz filmar Apariencias, donde tenías el apoyo económico de Pol-ka.
-Sí. Fue la tranquilidad de no estar pensando en si te atrasaste un día, si gastaste más material de lo esperado... Siempre me manejé con presupuestos que iban de los 450 mil al millón y medio de dólares, que no es mucho en términos de cine. Y en Apariencias no tuve que pensar en dinero. Eso me tranquilizó.
A él y a su familia, una especie de cooperativa que tiembla cada vez que Lecchi dice la frase tan temida: "Tengo un proyectito". Y es que el hombre hipoteca los inmuebles de la familia entera (mamá incluida) para poder cubrir los costos. "Siempre empeñamos casas, en todas las películas que hicimos, y eso te provoca una angustia muy grande. A eso se suma que mi mujer, con la que estoy casado desde hace 16 años, no sólo tiene que sufrir eso, sino también mis viajes, llevar la familia adelante."
-¿Hijos?
-Dos: Alejo, de 12 años, que actúa en Nueces... y en Secretos compartidos; y Agustín, de 14, que es músico y que no le gusta mucho lo que hago.
-¿No le gusta el cine?
-No, el cine le encanta, pero prefiere los films de Piñeyro.
Burocracia tecnicolor
-¿Por qué es importante que el cine argentino sea una industria?
-Porque es nuestro reaseguro del patrimonio cultural. Si me decís cuál fue la última vez que se vio el mercado del Abasto, fue en la película de Pino Solanas. Y hay mil situaciones así, y es necesaria una voluntad política para que este reaseguro se mantenga. Una vez hice un guión que compró Miramax, y apenas se cerró la compra me llegaron dos carpetas gordísimas que decían: filme en Miami, nosotros ponemos a su disposición el cuartel de bomberos, autobombas para lluvias, cinco dotaciones de policías, efectos especiales y cuatro compañías de equipos técnicos. En Nueces... tuve que filmar una semana en España. Filmé en la Puerta de Alcalá, en la Plaza Mayor, en la Calle del Palacio, que ahora es peatonal pero la hice vehicular porque era 1982... Y no hubo problemas. En la Argentina, en cambio, no pudimos filmar en todo el microcentro porteño, excepto sábados y domingos: las autoridades dicen que no se puede obstaculizar el libre desenvolvimiento. Aun cuando les explicamos que es imposible filmar un sábado haciendo que parezca un día de semana, y que filmar un domingo encarece un ciento por ciento el costo de los equipos, los actores y los técnicos..."






