Amor adolescente: todo un aprendizaje
Poco se dice del amor adolescente salvo mencionar lo efímero que es, lo romántico que puede ser (en comparación con otros amores posteriores) y el casi seguro destino trunco de esa eternidad amorosa que, paradojalmente, se supone que terminará pronto, dado que, estadísticamente, las experiencias iniciales no suelen llegar al altar o a nada que se le parezca.
Verdad es que se habla de sexualidad adolescente, en general en clave de alarma absoluta. También se habla de promiscuidad, de los riesgos de la noche, de los abusos de todo tipo?
Pero poco se habla del enamoramiento (que es real y existe en los chicos y chicas) y sus circunstancias.
El discurso adulto abunda en disquisiciones acerca de las "previas", los abusos de alcohol, los desatinos? No está mal ser prudentes y firmes en este tipo de cuestiones, poner límites, etc., pero? ser adolescente es algo más que eso, y ese "más" implica, también, que aparecen los amores (vínculos afectivos singulares y significativos) que son importantes y no deben ser descalificados.
Muchos chicos y chicas se involucran emocionalmente, se atraen y se rechazan, se quieren y desquieren, para volver luego a quererse, con una intensidad que es, al igual que en épocas anteriores, muy fluctuante y alborotada, tanto que a veces es importante que tengan alguna referencia adulta (directa o indirecta) para poder tramitar esas vicisitudes de la mejor manera.
Es verdad que una mayoría de chicos no cuentan mucho de sus cosas, y menos a sus padres, pero dejan traslucir lo que les pasa de una manera u otra. A su vez, no hace falta "sentarse a hablar" para comunicarse con los adolescentes. Simplemente alcanza con respetar los afectos, estar disponibles con sobriedad, no hacerse los cancheros a través de desmerecer el aspecto emocional de las relaciones (por ejemplo, abordando la cuestión sólo desde el aspecto utilitario), respetar a la propia pareja ofreciendo el mejor ejemplo posible? ésas son maneras de comunicar también, aun cuando no sea de forma directa.
Se trata de actitudes que van generando un mapa que ayuda a los adolescentes a vivir las tormentas de sus emociones de mejor forma, sin cosificar su circunstancia ni quedar librados a la impulsividad o a la moda pava que tantas veces se les impone de manera artificial.
Los amores en la adolescencia, cuando aparecen, son hondos, aun cuando puedan durar poco. Esto es así porque el corazón suele estar menos parapetado. Si bien los primeros involucramientos amorosos forman parte de un aprendizaje (en realidad, ¿qué amor no es un aprendizaje?), esos vínculos tienen un valor en sí mismo, no solamente como inversión utilitaria futuro. Desmerecer el sentir de los chicos no ayuda, ya que enseña a banalizar la hondura de ciertos sentimientos, más allá de que, ya grandes y heridos, los adultos sabemos que la historia, difícil y potencialmente maravillosa, recién empieza.
Es verdad también que testimoniar a un hijo o hija en pleno metejón revive lo que cada padre experimentó, con luces y sombras, allá y entonces en los años mozos. El arte de acompañar a un hijo enamorado requiere, necesariamente, volver a pasar por el corazón aquellas experiencias de antaño, con la oportunidad que esto significa de "sanar" viejas heridas ocultadas por el tiempo.
El amor adolescente es cosa seria, aun cuando no sea comparable con los amores destinados a otro tipo de madurez, perduración y compromiso. Si bien respetar la emoción no significa subordinarse a ella, los grandes ayudan cuando acompañan, mientras los chicos se las ven con ese misterio inagotable que es el amor, el que, aun con el paso de los años, todos seguimos abocados a desentrañar.
El autor es psicólogo y psicoterapeuta
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