
Animales en peligro: los últimos de su especie
Más de cinco mil variedades zoológicas se encuentran hoy en riesgo de extinción. Cuáles son las causas y los casos más dramáticos, que exigen inmediata atención
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La extinción ya aparece en las primeras páginas del Génesis. Es, como enseñó Darwin, parte del mecanismo que promueve el recambio generacional entre animales y plantas. Alguna vez dejó el dominio planetario en manos de los mamíferos. Pero la intervención del hombre confirió a esta herramienta evolutiva un alcance y un ritmo intolerables.
Factores de riesgo
Ciudades, cultivos y obras de infraestructura sustituyen sin tregua los ambientes agrestes, dejando sin casa a miríadas de bichos. Un aprovechamiento egoísta e imprevisor agota el stock silvestre. El cambio climático, desencadenado por el uso de combustibles fósiles, convierte de un día para el otro humedales en desiertos, pastizales en comarcas anegadas. Y el envenenamiento del aire, el suelo y el agua recorta aún más las posibilidades de supervivencia.
Estos cambios vertiginosos, brutales y vastos desbordaron hace rato la capacidad adaptativa de la flora y la fauna. La extinción pasó así a ganarle la carrera a la formación de nuevas especies. Su tasa actual resulta 1000 a 10.000 veces mayor que la esperable en condiciones naturales. De persistir, aventura el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), la Tierra perdería hacia 2025 una quinta parte de todas las especies conocidas.
Y esto es apenas la punta del iceberg. Fuera de cálculo quedan millones de criaturas ignotas. Muchas de ellas desaparecerán sin que la ciencia llegue siquiera a colocarles etiqueta, llevándose más de un valioso secreto.
El Zoo de cristal
En los últimos 500 años, la actividad humana forzó la desaparición de 816 especies. Según el Libro Rojo, que edita periódicamente la Unión Mundial para la Naturaleza (UICN), 11.046 corren hoy riesgo de seguir sus pasos. De ellas, 5435 pertenecen al reino animal. La lista incluye a uno de cada cuatro mamíferos y una de cada ocho aves, desde la ballena azul -el bicho más imponente de todos los tiempos- hasta el diminuto colibrí de Lillian.
Dentro de este amenazado lote hay 1978 criaturas al borde mismo del precipicio (en peligro crítico, para la UICN). El caso más extremo es el del guacamayito azul o de Spix. Se conoce un solo ejemplar en estado silvestre, que fue avistado por última vez en 2000 y probablemente ya haya muerto. La única esperanza que resta a esta exclusividad brasileña es la reintroducción a partir de animales cautivos. Existen, en tal sentido, promisorios antecedentes. Los ciervos del padre David que repoblaron los pantanos de Da Feng (China), tras siglos de ausencia, descienden por entero de los 18 individuos que el duque de Bedford llevó a Inglaterra en 1900 y éstos, de los que burlaron la extinción al amparo del Parque Imperial de Pekín. El cóndor de California regresó gracias a ejemplares incubados en zoológicos. Y una solución análoga salvó al tití león dorado de las selvas costeras de Brasil. También caminan por la cuerda floja el lince ibérico, el zorro volador de Livingston, el jabalí pigmeo de la India, el águila monera de Filipinas y otras curiosidades zoológicas.
Algo menos apremiados, dentro de la categoría en peligro, hay dos celebridades: el panda gigante y el gorila de montaña, que hasta compartió pantalla con Sigourney Weaver (Gorilas en la niebla, 1988).
Con ellos se codean, hermanados por el infortunio, el tigre de Sumatra, la foca del Mediterráneo, el ibis japonés, el aye aye de Madagascar, el solenodonte de Haití y 2640 especies más.
Para saber más
LA NACION Revista agradece al Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y la Fundación Vida silvestre Argentina (FVSA) la cesión de las imágenes que ilustran esta nota. En especial a Carolina Diotti, encargada de Prensa de la FVSA.
¿Y POR CASA?
El aporte argentino al listado de animales extinguidos resulta humilde. Se limita, por ahora, al guacamayo violáceo y el zorro-lobo de las Malvinas (otra víctima, en realidad, de la intrusión británica). Sin embargo, parecemos empeñados en mejorar la marca. Hoy, según la Fundación Vida Silvestre, 529 especies están en vías de extinción.
A la cabeza marchan tres caracoles de los otrora rápidos de Apipé (Corrientes), condenados a sobrevivir en laboratorio desde que la represa de Yacyretá sepultó su acotadísimo hábitat. Muy cerca vienen, entre otros, el venado de las pampas, la harpía, el yaguareté, la ranita de somuncurá, el pato serrucho, la chinchilla de cola corta, el capuchino de collar, la ballena franca, el guacamayo rojo. Y, algo más atrás, una nutrida legión de gatos, ciervos, loros, delfines, armadillos y sapitos. Hasta la tortuga terrestre está en problemas. Evitar la desaparición de estos argentinos es, ante todo, tarea nuestra. Hace falta un nuevo Nunca más.






