
Anteojos de lectura, un accesorio que no requiere prescripción médica
Sin padecer miopía, presbicia ni astigmatismo, cada vez son más los que eligen usar lentes, únicamente, por una cuestión estética
1 minuto de lectura'

La foto, en blanco y negro, muestra a una mujer en primer plano, el pelo recogido, los labios pintados y un par de anteojos extravagantes, los marcos triangulares, asimétricos y de dos colores diferentes. Detrás, dos hombres de traje y sombrero de copa observan con unos binoculares lo que parece ser una carrera de caballos. El eslogan de la gráfica dice: "Anteojos Mikli. Los anteojos tanto para ver como para ser vistas". Con esta publicidad de 1985, el diseñador francés Alain Mikli sembró el germen de lo que hoy, casi treinta años después, es vox pópuli y no se discute: los anteojos de lectura ya no se disimulan, se lucen. Incluso, sin necesidad de prescripción médica.
Es que los anteojos de lectura se liberaron del estereotipo del "cuatro ojos", rompieron con la exclusividad que regía para los intelectuales. Los nerds (devenidos hipsters) supieron transformar a esos enormes con marco de pasta negro en accesorio cool y hoy cualquiera se anima a ponérselos sin tener que hablar de presbicia, astigmatismo o miopía. Una moda que impusieron los jugadores de la NBA durante las conferencias de prensa dos años atrás, que luego siguió Cristiano Ronaldo el año pasado y que, a nivel local, tuvo al Chino Maidana como uno de los principales exponentes. Hasta Marcelo Tinelli generó un debate semanas atrás sobre el porqué de ese par de anteojos con los que arrancó esta temporada televisiva: ¿con o sin aumento?; ¿necesidad o estética?
La diseñadora y tercera generación de la óptica Carla Di Sí tiene su propia teoría y es que los anteojos no son un accesorio, sino una categoría en sí misma, como los zapatos o las carteras. "Hoy la tendencia es que el anteojo se vea -dice-. Si van a estar, que estén, nada de medias tintas."
Haber logrado ese nuevo estatus en el anteojo de lectura, ese que ahora también incluye entre sus cultores a quienes ni siquiera los necesitan, implicó un quiebre. Porque como recuerda el fundador de Infinit, Gabriel Hanfling, cuando trabajaba con su padre en una fábrica de anteojos hace 30 años, el hecho de no asociar las gafas con el diseño industrial las relegaba a un rol de elemento ortopédico que remitía, inevitablemente, al afeamiento estético. Y mucho más si se estaba en el colegio.
¿Cómo podía ser entonces que las gafas, que están en el lugar más visible del cuerpo, no pudieran jugar con los colores, las morfologías, los tamaños y los materiales? Si vestimos las orejas con aros o el cuerpo con tatuajes, se decía Gabriel, ¿por qué no vestir también los ojos basándose en una elección ligada al placer de verse bien?
La vara, según Hanfling, la fueron corriendo íconos sensibles a la estética, al diseño y a la moda, que lograron eso que ocurre hoy: que los anteojos maquillen una mirada. "Cuando ponés los anteojos por delante de vos -explica-, lográs una pequeña transformación que, si está bien hecha, resulta atractiva y se decodifica en ese: «Che, qué bien te quedan las gafas»".
Una cuestión de estilo
Durante sus recorridas por las calles porteñas en busca de estilos particulares para retratar, los chicos de On the Corner aseguran que un par de anteojos puede sumar en un look si está acompañado de cierto estilo. Fieles a su filosofía de "vestimos lo que somos", si ese alguien los usa porque los necesita, el resultado será más genuino... "Si alguien no está acostumbrado a usarlos diariamente se le nota enseguida que son por pura facha", plantea Flora Grzetic, la styler de OTC.
Carla Di Sí llega más allá de las razones estéticas a partir de su propia experiencia. Ella usa anteojos desde los cuatro años y hoy siente que si no los tiene puestos le falta eso que se interpuso siempre entre sus ojos y el mundo. Esto la lleva a pensar que así como para muchos puede tratarse de una diversión, para otros puede significar un incentivo de seguridad, incluso una protección.
Di Sí hace una aclaración histórica: "No olvidemos que así como los anteojos de sol se asocian con el mundo del glamour a partir de que las estrellas de Hollywood los empezaron a usar para cubrirse de los flashes, los de vista se asociaron siempre con los intelectuales, por esos primeros que se valieron de monóculos para poder leer en una época en la que había mayoría de analfabetos". Un estereotipo de intelectualidad que retomaron luego íconos del siglo XX como John Lennon, Woody Allen, Victoria Ocampo o Malcolm X, haciendo de un estilo particular de anteojos un rasgo de su personalidad.
"Después la moda misma se encarga de hacerlos circular -suma Grzetic-. Las marcas, el marketing y las estrategias, junto a los personajes del momento, son claves para que muchos quieran adoptar esta moda de usar lentes de lectura sin necesitarlos. Es como todo, las morochas que quieren ser rubias, las de pelo lacio que quieren rulos y las chicas y los chicos que quieren usar gafas como sus ídolos."
Todo esto, para Di Sí, es consecuencia de dos hitos que tienen a la compañía italiana Luxottica como protagonista. El primero fue en 1988, cuando los anteojos entraron al mundo de la moda, luego de que Luxottica adquiriera la licencia de Armani. El segundo, cuando esa misma empresa italiana compró Ray Ban, en 1999. ¿Cuál fue la estrategia que los convirtió en los más populares del mundo? Sacarlos del mercado y que no se pudieran conseguir, para volver al tiempo como un producto reinventado y con precio duplicado. Fue esa reinvención, para ella, la que metió al anteojo en el imaginario colectivo. Tanto, que para muchos hoy ya no se trata de una cuestión de ver bien, sino sólo de verse bien.






