
Aquel verano en que se rebeló la noticia
De programas exitosos y que han marcado a la televisión argentina, la historia del medio está llena. Sin embargo, quizá ningún otro haya tenido el impacto y consecuencias para su generación que, con apenas tres años en el aire, tuvo La noticia rebelde. Si la democracia volvió al país en diciembre de 1983, no fue hasta el verano de 1986 –hace ahora 30 años– cuando la noticia se rebeló definitivamente, librándose de las rigideces atávicas de años de prohibiciones oficiales, autocensura y falsa pacatería. Es cierto que Semanario insólito, pocos años antes, había dado el primer paso en la irreverencia de mezclar en televisión la actualidad y el humor, pero este ciclo, emitido por primera vez en abril de 1982, en plena Guerra de Malvinas, fue más un intento de aliviar con sonrisas la realidad de aquellos años oscuros, que una liberación de la noticia.
A toda primavera le sigue siempre un verano, pero en aquel de 1986, cuando La noticia rebelde comenzó a emitirse por ATC, aún se respiraba el perfume de la primavera democrática. Fue Mario Sabato, a cargo entonces del canal, quien convocó a un productor privado, Raúl Naya, y a los conductores: Raúl Becerra y Adolfo Castelo, sobrevivientes de Semanario insólito, y a Jorge Guinzburg y Carlos Abrevaya, con trayectoria hasta entonces en medios escritos. Un muy joven Nicolás Repetto se ocuparía de las notas en exteriores y los deportes extremos. No lo sabían aún, pero juntos formarían un equipo inolvidable, un dream team que no volvería a repetirse y del que se desprenderían algunas exitosísimas carreras individuales. Pero los primeros programas no fueron lo que esperaban. La audiencia no asimilaba del todo los nuevos códigos, y los conductores no se soltaban. Temían cruzar demasiado rápido los límites en un canal oficial, aunque era precisamente Sabato quien los empujaba a arriesgar. Cuando lo hicieron, nada los detuvo. El humor inteligente, la ironía, el doble sentido y la convicción de que ningún tema era tabú, los catapultaron en el rating. La televisión ya no sería la misma.
Pero la historia del humorismo en la Argentina parece signada por los finales amargos. Conocidas son las diferencias que entre Guinzburg y Abrevaya comenzaron a crecer y, finalmente, a volverse irreconciliables. Aunque las temporadas se sucedían y el público acompañaba, los roces en el elenco se multiplicaron. Para 1988, el grupo se separó. Becerra y Guinzburg se marcharon a hacer, con menos fortuna, Sin red, y Abrevaya, Castello y Repetto se quedaron un tiempo más con La noticia rebelde. En 1989 la primavera había pasado, Alfonsín se iba antes en un país sumido en la hiperinflación, y los nuevos interventores entendieron que el ciclo estaba cumplido.
Para Repetto, entrevistado para esta edición por Flavia Fernández en Punta del Este, fue el primer éxito en una brillante carrera que manejó a su antojo, reconvirtiéndola cuantas veces quiso, eligiendo entrar o salir del medio cada vez que su brújula le indicó un nuevo rumbo. Sobre ese secreto, el de estar sin dejar de permanecer, nos habla hoy, tres décadas después de aquel verano en medio de una primavera.







