
Audrey Hepburn vuelve a escena
Londres inaugurará una muestra dedicada a la actriz mientras su hijo Luca Dotti, a quien La Nación revista encontró en Buenos Aires, presenta una biografía íntima (y culinaria) de su madre
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Por mucho tiempo, Luca Dotti (45), el hijo menor de Audrey Hepburn, estuvo dividido entre la imagen íntima de su madre y la figura externa de la estrella de cine. "Tuve que hacer un esfuerzo para juntar las dos partes, porque aunque mi mamá era la misma persona en público que en privado, son visiones separadas", dice, en buen castellano, a su paso por Buenos Aires, donde visita a su hijo Vincenzo, de 14 años, fruto de su primer matrimonio con la fotógrafa argentina Astrid Verstraeten.
De la fama de su mamá, Luca recién se dio cuenta después de su muerte, en 1993, por el amor de los fans que la lloraron y por el acoso de personajes interesados en explotar su imagen. "Cuando niño, fue más fácil. Mi mamá era como todas las demás: me llevaba al colegio, me retaba si no hacía los deberes, me compraba regalos por Navidad. Algo destacable es que ella logró un equilibrio entre el glamour de Hollywood y su vida privada", afirma Dotti –hijo de Hepburn y del psiquiatra Andrea Dotti, su segundo marido, a quien ella conoció en 1968 y de quien se separó en el 82– antes de tomar un vuelo de vuelta a Roma, la ciudad en que nació y se crió. Y que también marcó el debut cinematográfico de su madre, que, en 1953, recorría las calles de la capital italiana junto a Gregory Peck, sobre una moto Vespa, en La princesa que quería vivir.
Si bien Luca ahora está casado con Domitilla Bertusi, una ilustradora con la que tiene dos hijas, de 5 y 3 años, con su primera mujer tuvo una relación que duró 17 años. Desde hace seis, ella y Vincenzo viven en Buenos Aires. "Él va a un colegio normal y asiste a clases de actuación. Dice que quiere ser actor", señala Dotti, y agrega que su hijo está "absolutamente fascinado con la figura de su abuela". No es el único fanático, por supuesto. La protagonista de Desayuno con diamantes (1961), nominada cinco veces a los Oscar, continúa sumando admiradores y homenajes. De hecho, el próximo 2 de julio, la National Portrait Gallery de Londres le dedicará la muestra Audrey Hepburn: portraits of an icon. La exposición cuenta con 35 fotos inéditas del archivo personal de Luca y su hermano Sean Ferrer –hijo de la artista y el actor Mel Ferrer– y fotos de nombres señeros del siglo XX, como Richard Avedon, Cecil Beaton, Angus McBean, Irving Penn, Terry O’Neill y Norman Parkinson. La selección abarca su carrera cinematográfica, así como su faceta como musa de Givenchy –quien la ayudó a definir su estilo desde Sabrina, 1954– y su labor humanitaria.

La exhibición también explora la relación de Hepburn –hija de un británico que trabajaba en una compañía de seguros y de una aristócrata holandesa– con la capital inglesa y el papel de ésta en sus comienzos artísticos. En 1948, la actriz, que de niña había pasado una temporada en un internado de Kent, arribó a Londres con una beca para estudiar ballet en la Rambert School. "Era una ciudad muy especial para ella, no sólo porque estudió cerca de ahí de niña, sino porque fue el tiempo posterior a la Segunda Guerra Mundial. Entonces representaba el renacimiento de la esperanza y el comienzo de una nueva vida", asegura Luca. "Yo viví en Londres mientras tomaba clases de diseño. Mi madre iba a visitarme y en su mirada podía ver la ilusión y la emoción que le provocaba estar ahí."
Terence Pepper, director de la sección fotográfica de la National Portrait, buceó en el archivo de Luca y Sean –unas 4 mil fotos–, y en cajones de coleccionistas para armar una panorámica de Hepburn. En su búsqueda, junto con la cocuradora Helen Trompeteler, se encontraron con que Ciro’s, un teatro de variedades donde Hepburn había trabajado como bailarina y corista para ganarse unos pesos, funcionaba en el actual edificio de la National Portrait. "O sea, están trabajando en el lugar donde mi mamá actuó. Es un honor, porque es como si ella volviera a subir al escenario que la cobijó, hace tantos años."
Su espíritu entusiasta y su rostro angelical llamaron la atención de directores que la convocaron para pequeñas partes en films británicos. La opción de actuar, en realidad, surgió un poco por descarte, empujada por la opinión de su prestigiosa profesora Marie Rambert, quien le vaticinó un excelente futuro como segunda bailarina (era muy alta y muy mayor para ser estelar). Tímida e insegura, Audrey actuó en París en el musical We will all go to Monte Carlo. Su distinción y su frescura impactaron a la novelista francesa Colette, que la eligió para interpretar a Gigi, una aspirante a cortesana, en la adaptación de su obra en Broadway, en 1951. El éxito de Gigi llevó a Hepburn directo a Hollywood: William Wyler la reclutó para La princesa que quería vivir, film que le reportó un Oscar como Mejor Actriz.
Nacida en Bélgica el 4 de mayo de 1929, ella tenía 9 años cuando sus padres se divorciaron, entre otras cosas, porque su mamá no compartía las ideas pro nazis de su marido. Entonces, la mujer, Audrey y sus dos medios hermanos Ian y Alexander se mudaron a Holanda. Hepburn entró a estudiar ballet en el conservatorio de Arnhem y conoció pronto las miserias de la guerra. En 1944, el año en que los alemanes entraron al país, era considerada una buena bailarina. Clandestinamente, se ganaba la vida bailando y colaboraba con la resistencia, mientras pasaba frío y hambre. Eso quedaría grabado en su memoria para siempre, tanto como el horror de haber visto cómo los nazis se llevaban a los niños judíos.
Cuando Holanda fue liberada, el hecho de que a ella la rescataran organismos humanitarios marcó a la futura estrella, que más tarde sentiría la necesidad de retribuirlo. En 1988 se convirtió en embajadora de buena voluntad de Unicef y viajó a países como Etiopía, Somalia y Sudán, para "darles su voz a los sin voz", como decía ella. "Fue a África varias veces. La balearon, incluso, pero a ella nadie la paraba. Nosotros vivíamos preocupados", rememora Dotti. En 1994, un año después de que su madre muriera de cáncer de colon, Luca, su hermano Sean (54), un ex productor de películas, y Robert Wolders, la última pareja de Hepburn, crearon Audrey Hepburn Children’s Fund, una institución que ayuda a mejorar las condiciones de vida infantiles en el mundo.
Considerada una de las mejores actrices de todos los tiempos, aunque ella se encontraba "fea y mala actriz", Hepburn compartió escenas con Humphrey Bogart, Henry Fonda, Fred Astaire, Gary Cooper, Cary Grant y Peter O’Toole, nada menos. También tuvo romances dentro y fuera del set, con William Holden –su coprotagonista de Sabrina, al que abandonó porque él no podía darle hijos–, y Ben Gazzara (Lazos de sangre, 1979), con quien mantuvo un romance tormentoso. Gazzara la recordaría así: "Ella era muy genuina, lo que vos veías en la pantalla era lo que veías en la vida: esa sonrisa y la forma en que iluminaba una habitación".

Luca admite que, hasta hace poco, no veía sus películas porque se emocionaba. "Ahora, con mis hijos, veo clásicos como Vacaciones en Roma, pero también películas que la sacan de su papel de princesa o de dama, donde se luce más su actuación, como Sola en la oscuridad, en que hace de ciega. Para las nuevas generaciones es un placer descubrir a mi madre."
El 16 de junio último, en los EE.UU. se lanzó Audrey at home (Audrey en casa), "una recopilación de recetas y una biografía" sobre su mamá, que a Luca le tomó seis años. "Me interesaba explicarles a sus nietos que ella era una mujer sencilla, para que no tengan sólo la visión de Hollywood. Eso es algo que al público y también a mi hijo Vincenzo les cuesta imaginar: que ella era muy normal. La muestro en familia, con amigos, con los perros. Y no es que ella fuera chef, son platos de todos los días; cada receta es una razón para contar un pedazo de nuestra vida." Entre las preparaciones de Hepburn se cuentan la torta de chocolate con crema chantilly para la celebración de la liberación de Holanda, en 1945: el penne al vodka, de sus años en Hollywood; el róbalo a la turca, que marcó su romance con Andrea Dotti, y el boeuf à la cuillère, una carne guisada, que era el plato favorito de Givenchy, y que ella le preparaba cuando él la visitaba.
El libro se editará en la Argentina en diciembre. "En todo actuaba de acuerdo a lo que le daba felicidad", subraya Luca, quien de su madre extraña la convivencia, los viajes, las conversaciones. "Todo".




