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Grandes Esperanzas

Barreras sociales: "Mi hija nació con un chip inclusivo incorporado"

Carina Durn
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29 de marzo de 2019  • 00:58

En febrero del 2008, Leandro Gil tuvo un accidente en la estación Jujuy del Subte E. Allí, con apenas 22 años, perdió ambos brazos.

De aquella mañana recuerda a un tren que no paró su marcha y, casi instantáneamente, la imagen de su propio cuerpo inerte. En algún momento pensó que estaba muerto y que se había convertido en espectador de un Leandro que ya no existía. Se acomodó donde pudo, entre el subte y el andén, y pidió ayuda con todas sus fuerzas. "No prendan nada, acá estoy. Todavía estoy", recuerda que gritó.

Aún consciente, le dijo a un bombero su nombre y que estaba bien. "Tuve sensaciones extrañas en todo mi cuerpo", rememora, "Después vino el sueño y muchísima sed que ahogó mi garganta", continúa. Lo trasladaron en camilla y le pusieron un cuello ortopédico, mientras la oscuridad de los cables y los rieles subterráneos transformaban aquella mañana soleada de verano por completo. "Ya no sentía frío, dolor o miedo; de pronto, sentí que la calma había comenzado a inundar cada rincón de mi cuerpo", revela. La línea E estaba interrumpida.

Leandro.
Leandro.

Recuperar la independencia

En un parpadeo su destino había cambiado para siempre. A partir de aquel día, Leandro se había convertido en una persona con discapacidad. "Al principio, sentí mucha angustia, miedo e incertidumbre. Pero luego entré en un proceso de aceptación que me permitió poner a trabajar la cabeza y así suplir las manos. Una vez que comencé a recuperar mi independencia empecé a sentirme satisfecho", reconoce.

Fue así que luego de recibir el alta, Leandro diseñó un brazalete que le permitió alimentarse por sus propios medios, utilizar la computadora, estudiar y trabajar. Fue el primer impulso hacia su transformación liberadora.

"Pero no fue fácil. Al principio, hubo una etapa muy compleja de duelo corporal. Y a nivel entorno era una suerte de drama constante y eso se veía reflejado también en la discriminación que empezaba a percibir en cuestiones sociales", recuerda. "Pero también siento que fui capaz de desarrollar un nuevo punto de vista sobre el respeto y la defensa de la diversidad funcional, que influyó en el enfoque que le daría posteriormente a mi carrera", afirma.

Todo es posible.
Todo es posible.

Leandro estaba desempleado y quería ser periodista, algo que por momentos parecía un sueño imposible. Decidió pedir una beca en TEA y, sin bien lo aceptaron, tuvo que enfrentarse a un mundo lleno de barreras arquitectónicas y sociales. Allí comenzó a experimentar en profundidad lo que significaba la discriminación y no ser incluido. Sin embargo, estaba decidido a no dejarse vencer.

Un nuevo destino

Su relación con sus vínculos más cercanos no había cambiado, lo que surgió, en cambio, fue una reacción colectiva de conciencia en torno a la discapacidad. "Y en medio de mis estudios, la aceptación y los nuevos aprendizajes, conocí a una mujer. Entre momentos fluctuantes de dolor y la búsqueda de la felicidad, ella me preguntó qué podía darme; le respondí: un hijo", confiesa.

Lis Daniela Gil nació el 19 de julio de 2010 "con un chip inclusivo incorporado", asegura Leandro. "Mientras aprendía a ser papá, siento que adquirí la capacidad de ser paciente y de manejar la ansiedad frente a cualquier inconveniente que debía resolver", revela.

Leandro con su hija Lis.
Leandro con su hija Lis. Crédito: Fotógrafo: Brian Ezequiel Aja

Fue así que, de a poco, quienes pensaron que las limitaciones físicas lo frenarían, comenzaron a respetarlo. Aun así, todavía existía un obstáculo que no había superado: la barrera laboral. Leandro intentó insertarse en aquel mundo, pero se topó por primera vez con esa afirmación que nadie nombra. "Muchos creen que una persona con discapacidad no puede trabajar. Pero también entendí que gran parte de lo que hiciera dependería de mi propia voluntad. Desde entonces, cada una de mis producciones periodísticas intentan acortar la distancia que separa a todas las personas con discapacidad de la inclusión plena", expresa con orgullo.

Ser protagonistas

Hoy, Leandro tiene 33 años y es redactor de notas sobre discapacidad en importantes medios. También conduce los programas radiales "Le Banquet", de Mosquito Sancineto (Radio Tu); "Under Gráfica" y "Sin Condiciones", un magazine social sobre discapacidad y grupos vulnerables que busca generar conciencia. Además, es productor de la fanpage de "Vidas Reales" y miembro de la Biblioteca Humana Argentina. En 2017, publicó "Las Vías de la Herida", una novela autobiográfica con versión en audiolibro inclusivo, que fue traducido a lengua de señas y que está recorriendo todo el país con resultados increíbles. Su ópera prima ya estuvo presente en las ferias del Libro de San Martín de los Andes, Pilar y Buenos Aires.

Fue ganador del 26vo. Premio ALPI, la Asociación Civil sin fines de lucro que desde hace más de 75 años se dedica a la rehabilitación neuromotriz de pacientes pediátricos y adultos.

Firmando su libro.
Firmando su libro.

Cuando Leandro habla es serio, pensativo, pero cuando sonríe es tierno, sincero y deja ver a un joven entusiasta que todavía tiene muchos sueños por cumplir. "Mirando hacia atrás y rearmando mi historia, no siento que deba transmitir un mensaje como si fuera un ser iluminado que debe decir a los demás lo que deben o no hacer. Pero basándome en mi propia experiencia, sí me atrevo a defender la premisa de que, cuando se dan las condiciones, el que quiere siempre puede", reflexiona.

"A otras personas que viven o vivieron situaciones similares a la mía y que aún sienten que no pueden salir adelante, me gustaría decirles que se animen a ser los protagonistas de su historia, aunque para eso sea vital apoyarse en el resto del elenco", concluye, y sus palabras fluyen sin obstáculos, como si fueran el prólogo de un nuevo libro.

Si tenés una historia propia, de un familiar o conocido que quieras compartir, escribinos a GrandesEsperanzas@lanacion.com.ar

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