
Ben Stiller: un tipo serio
Increíble, pero resulta que el genial comediante no es de esos que hacen reír a todos en una fiesta. Tímido, en esta entrevista reflexiona sobre la autoexigencia y la madurez
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CIUDAD DE MÉXICO.– "De la tierra de Del Potro. De ahí vengo", le digo a Ben Stiller (48), luego de que mi nombre y la palabra Argentina fueran pronunciados por uno de los agentes de prensa en el momento de la presentación. Me mira, estrecha la mano y tras acomodar los anteojos con el dedo índice, repite las palabras: "Del Potro. Argentina". Y para confirmar que no se trata solamente de quedar bien, agrega: "El top ten Juan Martín Del Potro". Aunque está aprendiendo a hablar en español –en esto mucho tienen que ver sus hijos, que estudian en una escuela bilingüe–, este comediante que parecería animarse a todo en su vida todavía no logra soltarse con el castellano. "Gracias por comprender", repite, como si fuera la frase que incorporó en la última lección.
Antes de continuar con los elogios al tandilense, Stiller se enciende al recordar una de las anécdotas que más lo entusiasman del año que acaba de irse. Pisó la cancha para jugar un improvisado partido de dobles en el mítico Madison Square Garden de la Gran Manzana. De un lado, Rafael Nadal y él; del otro lado de la red, Del Potro y una niña del público que resultó ovacionada. "Fue un momento único. Me sentí como un chico entre dos monstruos."
Como buen neoyorquino y fan de los deportes, Stiller se hace tiempo para alentar a los New York Knicks en la NBA y disfrutar de los grandes duelos del U. S Open, el cuarto y último torneo Grand Slam de la temporada. "El básquet y el tenis son mis deportes favoritos."
¿Sólo sos espectador o también te animás a jugar?
Soy un muy buen espectador y no tan buen jugador. Tengo problemas con mis rodillas. No puedo correr.
Sin embargo, en La increíble vida de Walter Mitty [la película acaba de estrenarse en nuestro país] se te ve muy bien corriendo, escalando montañas y recorriendo Islandia en patineta.
Todo eso gracias a la magia del cine. En las escenas más sencillas ahí estaba; en las otras, un doble hizo que quedara bien, como un chico todoterreno.
¿Y con la patineta? Hubo un tiempo en el que te destacabas con la tabla.
Es cierto. Crecí en Nueva York y solía usar el skate. La ciudad tiene lugares increíbles para subir y bajar con la tabla. Todavía puedo hacer algún que otro truco. La verdad es que me encantó volver a subirme a una. Tanto me gustó que después del rodaje me animé a regalarle un skate a mi hija.
Obseso del trabajo, zurdo y cuarentón, Stiller es, para muchos, uno de los grandes genios del humor, capaz de establecer nuevos códigos en el género tanto como actor, guionista, director y productor. Pero eso parece no conformarle y prefiere salirse de su zona de confort para ir un poco más allá y, por qué no, ponerse serio.
"Soy un tipo serio", bromea. "¿Será cosa de la edad?", pregunta, y tras reacomodar los lentes que tan bien le que quedan reflexiona: "La verdad es que me conecté mucho con lo que le pasa a Mitty, un tipo esencialmente bueno que siempre ha estado ahí para su familia, que trabaja duro, que perdió a su padre cuando era un adolescente y se hizo cargo de mantener a su madre [Shirley MacLaine] y a su hermana. Alguien un poco retraído. Hay una analogía interesante: la sustitución del negativo por el soporte digital, algo presente en su trabajo y en cierto modo en esa sensación de abandonar lo seguro, lo conocido, por una novedad que implica riesgos, pero también muchas posibilidades. De alguna forma, él está obligado a cambiar: la metáfora del soporte fotográfico está referida a que también su vida ha de sufrir un cambio. El cambio es necesario para avanzar". Dedicado, Stiller se extiende al ofrecer un perfil sobre el protagonista de su nueva película, que reversiona el cuento clásico de James Thurber –llevado al cine por primera vez en 1947– sobre un tímido fotógrafo de la revista Life que tiende a evadirse de la realidad y decide embarcarse en busca de un negativo perdido a través de un viaje sin precedente. "Creo que como a él un poco nos pasa a todos: hay una necesidad implícita de que debemos alcanzar la mejor versión de uno mismo o por lo menos hacerle creer a los demás que la alcanzamos por el temor a convertirnos en seres invisibles. Sólo basta mirar los perfiles que nos hacen crear en las redes sociales. Hay que llenar tantos casilleros como si fuéramos aventureros o superhéroes. Pero quizá lo más importante –dice en un tono que recuerda a los pensamientos reflexivos de Alex, el león de Madagascar, al que le puso su voz– es que nos hacen dudar de la percepción que tenemos de nosotros mismos y por sobre todo de nuestro potencial."
¿Te ocurrió alguna vez?
Soy una persona muy exigente conmigo misma, siempre lo fui y he tenido momentos de dudas. A todos nos pasó imaginar cosas de nosotros mismos y nunca decirlo.
¿Cómo si uno llevara una vida distinta en la cabeza?
Exacto, hoy vivimos en un mundo cada vez más despersonalizado y electrónico. Todo está cambiando demasiado rápido, como si uno quedara obsoleto en su propia vida.
¿Qué es lo que te mantiene vivo para no correr el riesgo de quedar obsoleto?
Mis hijos, mi familia, el cine, conocer gente, pero por sobre todo disfrutar de los pequeños momentos, creo que uno empieza a darse cuenta de eso con el tiempo. Es parte del aprendizaje.
¿Qué te hace feliz?
Ver a mi hijo en las clases de karate, enseñarle a andar en patineta a mi hija. Charlar con amigos. Son esos momentos donde dejo de lado la autoexigencia y me doy cuenta de que no tengo el control sobre nada, que sólo intento vivir. Tan cliché como real.
Reconoce ser un tipo con suerte. "No puedo quejarme, sería injusto hacerlo. A lo largo de mi vida tuve experiencias muy diferentes, y la actuación me dio la oportunidad de ser parte de aventuras constantemente."
Pero, sin duda, siempre tuviste un sueño que cumpliste o falta cumplir...
Que cumplí. Hace cinco años, me subí al escenario y canté con los Beastie Boys, con gorrita incluida, era una de mis grandes fantasías. Y lo hice.
De yapa regala un movimiento hip hopero, imperdible en el video de ese momento que se puede encontrar en YouTube.
La música para Ben es un cable a tierra, un lugar de descarga. Y en su última película, cada canción acompaña la vida de este hombre ordinario capaz de convivir con su héroe interno. "La música es muy inspiradora y la voz de José González [cantante sueco de nacimiento, hijo de argentinos] le da el tono melancólico justo, creo que aporta mucho."
A su manera, Mitty lucha por un mundo mejor y más justo. Y Ben lo hace a través de su fundación (www.thestillerfoundation.org). Después de visitar Haití por primera vez con Save the Children, en 2009, el actor se comprometió a encarar diversas campañas. Tal fue la respuesta, que un año más tarde fue distinguido por la revista Time por su labor filantrópica incluyéndolo en la TIME 100, como una las personas más influyentes del mundo.
"Uno intenta pensar en un mundo mejor y más justo, creo que debemos hacerlo."
¿Haití te abrió los ojos?
Fue una experiencia increíble y durísima. Que sea un lugar tancercano a Estados Unidos y tenga semejante nivel de pobreza fue revelador para mí. Me abrió los ojos en muchos sentidos.
¿Y ser famoso ayuda a abrir los ojos a otros?
No tengo muy en claro qué es exactamente la fama, pero ayuda a apoyar estas causas. Aunque solamente sea para que la gente preste atención a una situación.
PP¿Y cuál sería el mensaje que buscás transmitir con tu último film, donde además de protagonista sos director y productor?
Que de algún modo hay que enfrentarse a lo desconocido y ser capaz de conectar con uno mismo, con los propios sentimientos. Desechar la idea de que arriesgarse es fallar.
Siempre decís que su padre te dio el mejor consejo.
Sí, cuando estoy deseperado siempre me dice "dormir arreglará todo. Anda y echate una siesta." No sé si funciona totalmente o si soluciona algo, pero definitivamente ayuda.
Al final sos un tipo serio, en serio.
No soy de los que van a una fiesta y hace reír a todos. Soy más bien tímido. De hecho, siempre me gustaron más los dramas que las comedias.
10 cosas que hay que saber
Nació el 30 de noviembre de 1965, en Nueva York, como Benjamin Edward Stiller. Es hijo de los actores Jerry Stiller y Anne Meara. Está casado hace 13 años con la actriz Christine Taylor. Tienen dos hijos: Ella Olivia (11) y Quinlin Dempsey (8).
De chico soñaba con parecerse a Al Pacino o Robert De Niro. Luego se fascinó con Albert Brooks, Bob Hope, Lou Costello, Chaplin y Buster Keaton.
La primera vez que pisó un escenario fue a los 10 años en la serie de televisión Kate McShane, que protagonizaba su mamá.
A los 20 debutó en teatro con The House of Blue Leaves. En el cine lo hizo con una pequeña participación en El imperio del sol (1987), de uno de sus mayores ídolos: Steven Spielberg.
En televisión hizo The Ben Stiller Show (MTV 1992) e inmortalizó la mirada blue steel de Derek Zoolander para un especial de los VH1's Fashion Awards (1996).
La increíble vida de Walter Mitty (que se estrenó el jueves pasado) es su quinta película como director. Anteriormente dirigió Generación X (1994), Dr. Cable (The Cable Guy, 1996), Zoolander (2001) y Una guerra de película (2008).
Sus grandes amigos son Owen Wilson, Vice Vaughn, Jack Black, Robert Downey Jr y Tom Cruise.
En la exitosa Madagascar le dio voz a Alex, el león estrella del zoológico de Nueva York. Otros clásicos suyos: Loco por Mary, Mi novia Polly, Los excéntrico Tenenbaum y la saga La familia de mi novia, entre otras tantas.
El 3 de diciembre pasado puso sus manos y pies en el mítico Teatro Chino de Hollywood.
Lo que se viene. Asegura que es muy posible que Zoolander tenga su segunda parte; vuelve con Una noche en el museo y la comedia dramática While We're Young, con dirección de Noah Baumbach.






