
Bernardo Stamateas, psicólogo: “El enamoramiento es ciego, el amor ve”
El reconocido escritor diferenció entre enamoramiento y amor; “Una palabra dicha con amor, un abrazo y una mirada amorosa tienen capacidad sanadora”, destacó
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¿Por qué algunas personas no pueden enamorarse? Por lo general, porque han sufrido una desilusión y sienten dolor. Cuando amamos y nos lastiman, ese amor duele. Por esa razón, algunas personas han levantado una inhibición en el proceso de enamoramiento.
Pero debemos entender que el enamoramiento es un hecho psicobiológico. ¿Qué significa eso? Que uno no dice: “Mañana me voy a enamorar”. Surge espontáneamente y no puede evitarse. Sin embargo, algunas personas tienen inhibida su capacidad de enamorarse. Entonces, conocen a alguien, lo observan y empiezan a encontrarle defectos.
En realidad, actúan así para cuidarse de no volver a ser lastimados y sufrir. Desarrollan un mecanismo de negación. Aunque también podría tratarse de personas rígidas. Y, en el otro extremo, están aquellos que se enamoran todo el tiempo. Van a hacer compras… y se enamoran del vendedor o la vendedora. ¿Por qué? Porque confunden alegría, entusiasmo y comodidad con enamoramiento. Lo cierto es que tomar la decisión de no enamorarse más o de no formar pareja no resuelve el dolor; lo único que hace es evitarlo. Y todo lo que evitamos se multiplica.
Ahora bien, ¿cómo suele ser el proceso de enamoramiento? Ciego. Por eso, quien está enamorado idealiza al otro: lo ve como alguien perfecto y maravilloso. “Es mi media naranja”, expresa. Pero nadie es una media naranja; todos somos naranjas enteras. Dicha idealización es un desborde de dopamina. Por eso, los cantantes le cantan y los poetas le escriben al enamoramiento, que no es otra cosa que una “experiencia de ilusión” que todos celebramos, porque es un estado mágico que puede durar unos nueve meses.
¿Y en qué se diferencia del amor? Fundamentalmente en que, mientras el enamoramiento es ciego, el amor ve. ¿Qué ve el amor? ¡Lo que el enamoramiento no veía! La idealización que mencionamos, que no es amor, es como un estado de locura temporal donde no vemos los errores del otro. Pero nadie es perfecto: todos venimos fallados de fábrica.
El amor es una “construcción de a dos” que requiere tiempo y conocimiento. No podemos amar realmente a alguien a quien no conocemos. Necesitamos conocer a la otra persona para construir, a partir de ahí, un vínculo amoroso. Y, como me enseñó mi amigo y mentor Juan Carlos Kusnetzoff, en el amplio sentido de la palabra, el amor es cuidar cuidadosamente. Es decir, considerar y tener empatía por alguien. Por eso, si no hay cuidado, no hay amor.
Y el amor no se mendiga ni se ruega. No se trata de algo que tengamos que ganarnos, sino de un regalo que se da y que sana tanto a quien lo ofrece como a quien lo recibe. Una palabra dicha con amor, un abrazo y una mirada amorosa tienen capacidad sanadora. El amor nos cura porque somos seres amorosos. Pero mucha gente busca que un otro llene sus vacíos. Sin embargo, no deberíamos buscar que alguien nos haga felices, sino aprender a ser felices tal como estamos. Solo así podremos amar a otros con cuidado. Porque nadie puede dar lo que no tiene. Cuando dejamos de esperar que el otro nos complete, podremos vivir el enamoramiento de otra manera y darle lugar a que se transforme en amor.
El enamoramiento debe dar a luz al amor, porque este último ve los defectos y, aun así, permanece, acepta, negocia y cuida. Ambas cosas funcionan juntas: si el amor pierde el enamoramiento, se queda sin combustible. Es como un tanque vacío. Y el enamoramiento, sin el volante del amor, es como un automóvil sin dirección.
¿Y hasta qué edad uno se puede enamorar y amar?
¡Hasta la muerte! De todos modos, cuanto más grandes somos, más flexibles necesitamos ser, porque también acumulamos más mañas. Y hay algo importante a tener en cuenta: el amor se alimenta de la novedad. Por eso, necesitamos mantenernos curiosos y descubrir algo nuevo del otro cada día. Preguntarle: “¿Qué sueño tenés pendiente?”, “¿Qué necesitás hoy que antes no necesitabas?”. Porque nuestro mapa psicológico se va actualizando, ya que todos cambiamos con el paso de los años. No obstante, siempre podemos seguir enamorándonos y seguir amando.
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