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Historias para conocer

Bodega de culto. Quién es el joven enólogo argentino que elabora vinos de 300 dólares

Daniela Chueke Perles
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16 de junio de 2020  • 00:56

Con 32 años Andrés Vignoni es uno de los enólogos más joven a cargo de una bodega en Argentina. En abril, además, recibió esa caricia en la espalda que representa el reconocimiento internacional: primero el crítico James Suckling le otorgó 100 puntos a uno de los vinos que elabora en Bodega Viña Cobos y, a fines de mayo, Tim Atkin lo eligió como "Joven enólogo del año".. Así lo menciona en la octava edición de su reporte de Argentina 2020 que elaboró después de visitar nuestro país en febrero y degustar más de 1.736 vinos de más de 300 bodegas nacionales.

No lo logró solo, por supuesto,y lo mencionará varias veces a lo largo de su charla con LA NACIÓN este mendocino que trabaja en la industria del vino desde los 17 años, pero vivió toda su vida inmerso en una atmósfera de viñedos y bodegas. Es cuarta generación de una familia de viticultores, una historia que comienza con la inmigración de su abuelo italiano a un pequeño rincón de Mendoza. Todo comenzó con un trabajo en la cosecha, hasta que logró comprarse un terreno y empezar a plantar la vid. "Ese sentido de pertenencia lo tengo muy arraigado, con todo lo bueno y lo malo, porque aunque suena muy romántico, lo cierto es que mi famlia sufrió un montón de contratiempos a lo largo de los años, pero siempre salimos adelante en la viticultura que es nuestra pasión. Fue su legado generacional el que me impulsó a estudiar, a ser enólogo y conocer a Paul Hobbs que me dio mi primera gran oportunidad".

Un gesto de confianza

Paul Hobbs con Andrés Vignoni: llevan diez vendimias juntos en 5 años.
Paul Hobbs con Andrés Vignoni: llevan diez vendimias juntos en 5 años. Crédito: Gentileza

El gerente de Enología de Viña Cobos, que hace los vinos de culto más caros del país -una botella puede costar 300 dólares- se refiere a la misión que asumió desde que Hobbs, dueño y fundador de la bodega, decidió delegarle hace tres años la responsabilidad de colocar al malbec argentino en el mundo. Con este desafío, Andrés junto al equipo que lidera, elabora vinos que define como "de precisión".

La enología de precisión, según explica, es una metodología de elaboración que se basa en el cultivo de un viñedo en una parcela pequeña de tierra para lograr vinos únicos.

"Tiene mucho que ver con tu relación con el viñedo, con tu observación, anotar si las hojas de acá son más largas que las de allá o si las ramas son largas o no tan cortitas", explica Andrés. Pero también está presente la tecnología: hacer escaneos de suelo,obtener imágenes y datos informatizados que brindan datos de cálculo necesarios para tomar algunas decisiones. Sin embargo, la mirada del enólogo que está en contacto con el terroir es irremplazable. "Cuándo plantar, cosechar o regar son tus decisiones en función de los datos que te da la tecnología. Son tus decisiones, la percepción que surge de tu experiencia y tu observación. En ese sentido creo que utilizamos las dos cosas por igual, pero la vida del viñedo se vive en el viñedo".

Antes de asentarse en su provincia natal, Andrés probó suerte en el mundo: trabajó en vendimias y bodegas en Italia, Nueva Zelanda y Estados Unidos. Todavía sigue viajando y comparando los vinos del mundo con los argentinos. Siempre de la mano de quien considera su mentor, Paul Hobbs, colabora en otros proyectos que el enólogo tiene en Galicia y en Francia; asistió a diez vendimias en los últimos cinco años. " Acá cosechamos en marzo, pero la primavera del hemisferio norte es en septiembre entonces estamos siempre yendo y viniendo", cuenta. "Eso ayudó a fortalecer el vínculo y a establecer un sistema de trabajo en la forma de llevar adelante Viña Cobos.

Cómo hacer un vino de culto

¿Por qué sus vinos son tan reconocidos y tan buscados por los coleccionistas más exquisitos? Según Andrés uno de los motivos es la capacidad de evolución de la bodega. Toda la filosofía que le imprimió Hobbs hace veinte años cuando la fundó embriagado por el sabor del malbec, la cepa de bandera de la bodega, sigue vigente. Pero al mismo tiempo, un nuevo estilo, más joven y alejado de los criterios tradicionales, le imprime una mirada que acerca al vino a los consumidores.

"Cuando hubo que decidir elípticamente qué camino iba a tomar la bodega, seguimos apostando al malbec pero también sumamos otras cepas para competir con los otros grandes del mundo: chardonnay, cabernet sauvignon y pinot noir. Argentina ya está en condiciones de disputarle el podio a los vinos franceses que son tan afamados", comenta Andrés.

El vino evoluciona con el tiempo, no es una receta que se repite todos los años, sino que se retroalimenta de los consumidores y de la experiencia de los enólogos. Al hacer vinos que se añejan, el desfío es importante. "La desventaja que tenemos es que hacemos vinos que se van a consumir dentro de tres o cuatro años. Hoy estamos sacando a la venta vinos de 2017 y si hoy gustan quiere decir que tomamos las decisiones correctas hace 3 años", confiesa.

Crédito: Prensa

En ese momento decidieron elaborar un vino único a partir de las plantas de malbec que reflejaran todo el potencial de la variedad. "Logramos una versión auténtica y superadora, un vino elegante, de muy buen balance y concentración, cuya estructura le permitirá vivir por décadas", describe. Y evidentemente el desafío resultó bien porque justamente fue ese Cobos Malbec el que resultó distinguido por James Suckling en su reporte 2020. Así lo explicó el crítico: "He estado yendo a Argentina a probar cada año durante los últimos seis años y nunca he encontrado tantos vinos excelentes y sobresalientes en todos los niveles de precios. Es un año de referencia para esta nación productora de vino. Nuestro mejor vino del viaje fue Cobos 2017, que ilustra sobre lo que he estado hablando, una transparencia y definición rotunda, que transmite maravillosamente dónde y cómo fue hecho".

El desafío resultó bien porque fue ese Cobos Malbec el que resultó distinguido por James Suckling en su reporte 2020.

Esta pasión por encontrar el elixir perfecto exige ponerle el cuerpo a la tarea. Para Andrés la clave está en conocer el terreno como a la palma de la mano. Haber trabajado con decenas de viñedos durante muchos años, llevó a que, junto a su equipo, aprendan a identificar pequeñas parcelas de gran potencial y comprobar que, trabajadas individualmente, resulten vinos más enfocados y con perfiles muy distintivos. Esto dio como resultado un corte superior, una evolución hacia la excelencia que siempre se transmite en los vinos de la bodega.

Pero el éxito, así como los desafíos, no son individuales. Son de toda una generación. Los enólogos jóvenes del país están haciendo escuela. Para Andrés hay un cambio de paradigma en la relación que esta generación tiene con respecto a la elaboración del mejor vino. Ya no es la búsqueda del vino individual, sino la meta común: posicionar a los vinos argentinos a escala mundial. Es con todos.

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