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Jóvenes y enólogos. Rescatan cepas olvidadas, elaboran blends y toman el vino en vaso

Daniela Chueke Perles
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23 de abril de 2020  • 00:49

Los millenials cambiaron la forma de escuchar música, de trabajar, de ver cine y hasta de viajar. Ahora también están cambiando la forma de tomar vino.

Con ese objetivo un grupo de amigos y colegas formó La Liga de Enólogos que, como la Liga de la Justicia, están dispuestos a hacer honor al espíritu de su generación y romper con los moldes establecidos.

Lo forman siete colegas, compañeros de trabajo en una misma empresa, en distintas bodegas del país: en San Juan, Cafayate (Salta) y Mendoza. Todos los años, después de cada vendimia el grupo se reune entero. El resto del año se ven poco aunque se conectan mucho. Antes del boom por lo virtual que se instaló durante la cuarentena, ellos mantenían su vínculo a la distancia, consolidando su identidad y compartiendo sus noticias por Whatsapp.

Crédito: Gentileza

En noviembre del 2017 La Liga de Enólogos salió al mercado, con cuatro etiquetas que fueron muy bien recibidas por el público al que se dirige. Al menos es lo que se pudo ver en el encuentro #vendimiahechaconamigos en el Valle de Uco, que reunió a artistas e influencers para compartir una experiencia de cosecha, gastronomía y asado con fogón y ronda de guitarras. En lugar de copas, el vino se sirvió a lo largo de toda la jornada en unos vasos de cristal pesados, redondeados y con una base en chanfle. Fue todo un desafío hacia el famoso precepto de "la copa se debe tomar por el tallo para no calentar el cristal con la mano". También rompieron con la solemnidad del maridaje: cada quien, cuando quiso, combinó sus platos con cualquiera de las cuatro etiquetas de El Bautismo, la primera línea de la Liga: el Malbec M4, el Blend de tintas BT4, el Blend de blancas dulces BB4 y el Criollo Rosado R4. Y finalmente, impusieron una nueva forma de rotular los vinos, con letras y números. Sin nombres ni apellidos rimbombantes, sino con una especie de código secreto, como de superagente especial. Las letras refieren a la composición del vino y el número a la cantidad de enólogos que participaron en su cocreación.

¿Cómo se ponen de acuerdo para encontrar el vino perfecto? Es un misterio: ni ellos conocen exactamente cuál es el secreto, pero siempre logran llegar a un punto en el que las opiniones confluyen. Todos coinciden en que es preciso amar y conocer las uvas, ser conocedores para captar lo esencial pero también tienen muy claro que en su trabajo no hay fórmulas exactas.

Ellos mezclan los extractos de las distintas uvas en proporciones que según su olfato podrán resultar en una buena combinación. Luego lo prueban para contrastar con todos los otros sentidos, el del gusto, el de la vista, el de la experiencia total, si la fórmula resulta un blend agradable o si tiene que modificarse. Y así, pueden pasar horas, entre botellas con distintas tintas como las italianas freisa, sangiovetto, raboso veronés, nebbiolo, ambruscode que usaron para crear el BT 4 de El Bautismo.

La rebeldía de buscar la autenticidad

Crédito: Gentileza

"Mi vida siempre estuvo relacionada con el vino, crecí con el vino gracias a mis antecesores, que fueron pioneros en el valle Calchaquí. Desde muy chica mi vida gira en torno a esta hermosa profesión", cuenta Carolina Cristofani radicada en Salta que con 35 años es la mayor del grupo. Sus compañeros de equipo bromean, ella "la que manda", quizá porque fue profesora de algunos de ellos cuando estudiaban en la universidad.

También mendocino y radicado en Salta, Emile Chaumont (30) que además es descendiente de franceses y el más joven del grupo, siente que lleva el vino en la sangre. "Recuerdo los domingos en familia, cómo miraba a mi abuelo y a mi papá tomar esa bebida tan misteriosa. Era imposible no ser seducido por los aromas del vino y la pasión que contagiaban los que lo tomaban", evoca. Emile encontró en Cafayate, su lugar en el mundo, él trabaja en El Esteco y su mujer en el hotel aledaño. "Acá aprendí que los grandes vinos se hacen siendo detallista, apasionado y algo rebelde", manifiesta.

Ser "entendido" de la vida

4 de los 7 enólogos: Caro, Emile, Juan y Fer.
4 de los 7 enólogos: Caro, Emile, Juan y Fer. Crédito: Gentileza

Ellos crean vinos con la mente puesta en los que quieren un acompañamiento para disfrutar de cada comida, de cada juntada, de cada charla, de cada momento. Por eso son frescos, frutados, ligeros y fáciles de tomar. Son vinos que no pretenden ser protagonistas, sino cómplices de esos momentos vividos por los "entendidos" de la vida.

En Mendoza están Alejandra Riofrio (34) y Victoria Flores (33), las "locas lindas", como las llamaban en la facultad.

"Mi viaje por el mundo de la enología empezó a los 16 años, cuando hice mis primeras pasantías, de secundaria, en el laboratorio de una gran bodega en Maipú", cuenta Ale. "El equipo técnico me enseñó a analizar los vinos, a saber químicamente la composición de cada botella, y mi curiosidad me llevo a probarlos. Así descubrí un mundo nuevo y me generó una duda: saber cómo con un mismo producto, la uva, podía obtener tan amplia gama de productos, los blancos, tintos, dulces, espumantes, tardíos" Un día vio una etiqueta con la cara del Che Guevara en una botella de rosado. ¡Y eso fue como "guau", la revolución del vino! Recuerda que la facultad hasta la llegada de León, su hijo, fue la época más linda de su vida. Cada momento estuvo acompañado por el vino y sus amigas: en el festejo de cada materia aprobada, en el llanto de un desamor, en las recibidas, en los cumples, un día de charla cualquiera, en el río, en los casamientos o cuando anunciaban que alguna estaba por ser mamá. Como souvenir de cada uno de esos momentos, una de "las locas lindas" del grupo junta los corchos y los conserva como el tesoro de una gran amistad.

Vinos de amigos para los amigos: un sueño hecho realidad

El Bautismo se toma en vaso
El Bautismo se toma en vaso Crédito: Gentileza

Cuenta Fernando Siberol que el grupo estuvo formado mucho antes de que el proyecto viera la luz. "Todos estuvimos trabajando juntos en una bodega en Mendoza durante el 2014 y el 2015, haciendo pasantías o trabajo de temporada cuando todavía éramos estudiantes de enología", recuerda. Pasaron algunos años y algunos migraron a otras regiones vitivinícolas a seguir perfeccionarse y seguir aprendiendo.

Con Tomás Bustos y Juan Ignacio Arnulphi, Fernando se fue a San Juan, la segunda región vitivinícola más importante de la Argentina, con el desafío de explorar los valles de Pedernal, Zonda y Calingasta.

Después de varios meses de no verse, en un momento coincidieron todos en la Mendoza y organizaron una juntada. En esa reunión compartieron los vinos que cada uno había empezado a elaborar. En la sobremesa, después de ponerse al día con las anécdotas entre varias copas de vinos, se pusieron a jugar a hacer blend con los diferentes varietales de Salta, San Juan y Mendoza. Quedaron fascinados por el resultado y se preguntaron ¿por qué no? "Creo que ese fue el momento en que nació la idea de emprender un proyecto juntos", cuenta Juan Arnulphi.

Crédito: Gentileza

Desde que arrancó esta idea que los convoca muchos cuentan que volvieron a sentirse como a los 20 años, en los tiempos en que eran estudiantes de la facultad, cuando sus responsabilidades eran menores y el futuro una promesa.

El presente los encuentra reunidos en la Liga, como enólogos y creadores, con la satisfacción de un sueño cumplido. Eso es lo que siente Vicky: "nuestro objetivo es lograr que se transmita cada pizca de la magia que fue el momento de cocrear los vinos".

La primera línea de vinos que lograron elaborar repitiendo cada vez este procedimiento es El Bautismo. "La idea fue crear vinos accesibles, muy amables de tomar, frutados y divertidos, utilizando algunas variedades poco convencionales y rescatando algunas algo olvidadas. Creo que fue el primer escalón a los jóvenes que recién se inician en el mundo del vino y también fue nuestro primer escalón, nuestro propio bautismo", concluye Emile.

Cómo es el vino que conquista a los millenials

  • Amable. Fácil de tomar, frutado, aromático, claro y divertido.
  • Con hielo, en vaso y en tragos. Es un vino maleable que se adapta a los gustos personales y a la coctelería. Para disfrutar sin reglas establecidas.
  • Poco convencional. Rescata varietales olvidados como la uva criolla y cepas autóctonas provenientes de Italia, España y Argentina.
  • Accesible. El precio ronda los $200.
  • Propuestas que acompañan distintos momentos y situaciones. Rosado, blend de blancos, malbec y blend de tintas italianas.
  • Blend de tintas: raboso veronés, nebbiolo y lambruscode; "Variedades de origen italiano que rinden honor a nuestros antepasados; los abuelos italianos."
  • Blend de blancas dulces: Pedro Gimenez, torrontés y moscatel; un blend de uvas blancas de origen español en memoria de quieneseligieron nuestra tierra como su hogar. Dulce y liviano que no empalaga.
  • Criollo rosado: elaborado de la cepa criolla que fue insignia en el pasado; un vino fresco y relajante.
  • Malbec: una reinterpretación del clásico argentino.

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