“Cada aroma es una historia”: artista plástica y curiosa desde chica, eligió una profesión para reunir todo lo que la marcó en la vida
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Cada vez que María Caram huele la fragancia “Fig” (con frutos secos e higos) viaja, por unos instantes, a la quinta de sus abuelos paternos, Nani y José, en La Plata. Allí, en su propia huerta familiar cosechaban albahaca, menta y cítricos, que luego utilizaban para preparar recetas sirio libanesas.
Sus recuerdos olfativos la remontan al aroma de la cocina de su nonna. Chispeante, inquieta, atrevida y elegante. En ella se inspiró para crear la esencia “Petite Fleur” con jazmines de la India, flor de naranjo, rosa turca, lirios, bergamota y bourbon. Desde jovencita sintió especial atracción por el olor de las maderas fuertes e intensas. “Esos materiales nobles, fuertes y con mucha presencia como el cedro, el ébano y el roble macizo me marcaron para siempre: como si estuviera ahí para sostenerme. Además, me acompañaron y siguen siendo un referente el incienso y el cuero. Son historia en sí mismo, son historia en mi”, afirma la emprendedora, detrás del imponente mostrador de su tienda de perfumería de autor y cuidado personal “Época Bella”, en la esquina de Nicaragua y Gurruchaga, en el barrio de Palermo.
El pequeño local llama la atención por su estética: está ambientado como una antigua tienda de Ramos Generales. Al ingresar, se perciben aromas deliciosos y frescos: naranja, jazmines, sándalo, cedro, rosas, pimienta, pomelo y nardo, entre otros. Cada uno, según sus vivencias, recordará algo diferente: desde viajes transformadores, amores de la juventud, la cocina de las abuelas y hasta incluso el perfume que usaba su madre a diario. “Aquí hay muchos perfumes que huelen a recuerdos”, asegura la artista plástica, mientras acomoda los altos estantes de madera con colonias, difusores, aceites y home sprays. A su lado, se encuentra una antiquísima balanza roja, que utiliza para pesar los jabones artesanales de glicerina.
“Quise reunir todo lo que me marcó en la vida”
Caram decoró el local con objetos y muebles de antaño con la ilusión de sentirse en un almacén de barrio. “Cuando era chiquita siempre iba a comprar galletitas al antiguo Mercado de Vicente López y Arenales y me fascinaba elegir de las cajas de lata las variedades que más me gustaban. También me quedaba horas seleccionando las golosinas en la caramelera. Acá quise reunir todo lo que me marcó en la vida”, dice. Su padre era médico; su madre periodista y escenógrafa. De ellos heredó la pasión por la botánica y el arte.
María desde niña tuvo pasión por la pintura al óleo. Siempre fue curiosa y solía destacarse en las clases de dibujo. Cuando finalizó la escuela secundaria se anotó a estudiar Bellas Artes y, además, realizó cursos de alfarería. A los dieciocho años lanzó su primera línea de objetos de decoración de cerámica (hornitos y candelabros) y velas artesanales. Al tiempo, comenzó a venderlos en los puestos de las ferias del barrio de Belgrano. “Los trabajaba con un tinte a base de yerba mate o té y las piezas quedaban con una onda precolombina. En esa época todas las velas que había en el mercado eran de colores fuertes y yo propuse una gama de colores terrosos. También empecé a jugar con los aromas”, cuenta, quien luego se capacitó con el reconocido perfumista Bernardo Conti. En 1999 abrió las puertas de su primer local en La Costa, en la localidad de Cariló. Luego, en 2005 se instaló en Palermo, en Gorriti y Serrano. Tres años más tarde se mudó a su ubicación actual.
Caram admite que la etapa creativa del perfume es, sin dudas, una de las instancias que más disfruta. Crea aromas simples, pero sobre todo se entusiasma con los complejos. “Todos los días estoy creando y armando notas aromáticas. Me encanta componer, mezclar combinaciones y sorprenderme con lo que descubro. Mis hijos en casa me dicen Dexter (por el dibujito animado) porque me la paso todo el día en el laboratorio”, cuenta, quien se suele inspirar en deseos, viajes y recuerdos personales. “Quienes me conocen dicen que tengo mucha nariz. Este es un oficio que vas aprendiendo día a día. Cuanta más prácticas, mejor sos”, admite y cuenta que incluso varias tiendas de indumentaria, decoración, hoteles y spas la han convocado para que les diseñe perfumes o su aroma insignia. “Creo que forma parte de la identidad de la marca. Uno empieza a identificarla con un perfume. Es parte de la experiencia y dejan una huella”, agrega.
Muchos clientes se identifican con un aroma y no lo cambian por nada
Josefina, una habitué se acercó a la esquina palermitana en busca de su fragancia predilecta: “Santal” con cardamomo, pomelo, eucalyptus, cedro, sándalo, menta, piperina, rosa intensa y musk. Bárbara, una de las empleadas, le recomienda descubrir el aroma de “China Rose” con rosa china y frutos del bosque en un pintoresco exhibidor con lámparas. “Muchos clientes nos siguen desde los inicios y se identifican con un aroma. No lo cambian por nada y utilizan tanto para aromatizar el hogar como para el cuidado personal”, cuenta.
En los últimos meses Caram estuvo ideando fragancias para el lanzamiento de su nueva línea de “perfumería de nicho”. “Estará inspirada en todo lo que yo usaría. Mezclando maderas con corazón picante y rosas llegamos a mi personalidad”, adelanta. Habrá uno de rosa con pimienta negra, anís, pachuli, angélica, clavo de olor y absenta y una versión masculina cítrica con albahaca japonesa, pomelo, cedro; entre otras sorprendentes creaciones.
Cada aroma es una historia: genera percepciones, sensaciones y recuerdos. Desde las deliciosas galletitas de la abuela, el rocío matinal en el pasto o la flor de lavanda en plena primavera. “Te llevan a un lugar, a un instante o momento de tu vida. Tienen esa magia de transportarte”, remata Caram y huele el “Petite Fleur” que le dedicó a la nonna Nani.
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