
Campo entrerriano
Próxima a La Paz y Santa Elena, la estancia Vizcacheras invita a descansar y disfrutar de las espléndidas vistas que ofrecen las cuchillas, barrancas y playas doradas del Paraná
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Allá por el 1900 fue patrimonio del inglés John Lawson Johnston, creador del mundialmente reconocido extracto de carne Bovril, que marcó un antes y un después en la industria del ramo. Enton-ces, la principal actividad en el poblado de Santa Ele-na era un matadero rodeado de campos verdes en las lomadas entrerrianas. En ese casco histórico deci-dieron los Malenchini empezar a recibir turismo, para lo cual remodelaron la casa, de modo que cada una de las cinco habitaciones dispusiera de baños gigan-tescos con tinas a tono. También construyeron un deck en el jardín, bajo el gomero que preside las comidas cuando el tiempo acompaña. Como no podía ser de otra manera, los detalles criollos com-binan con el estilo colonial inglés del casco. Amplias galerías circundan la casa; el interior reproduce la sen-sación de tranquilidad de afuera, entre salamandras, sillones y hamacas. En "la salita de Bovril" todavía pen-de el retrato del último descendiente de la familia fun-dadora, lord Luke, que la vendió en los años 70.
Las cabalgatas son uno de los placeres aconseja-bles en Vizcacheras. Más allá, el monte se presta a lar-gas caminatas hasta la ribera del río Alcaraz, límite natural de la estancia y afluente del Paraná. El para-je desolado invita a tirarse debajo de algún chañar o a pescar dorados, que abundan entre octubre y abril. Las actividades rurales son un atractivo especial así como el avistaje de especies varias –vizcachas, por supuesto–, ciervos, garzas, cigüeñas y hasta un criadero de yacarés.
Revista Lugares sugiere
Estancia Vizcacheras. Ruta 12 km 554,5. Entre Ríos. En Buenos Aires, Tel.: 4719-5613/5635. Fax: 4719-5649. E-mail: vizcacheras@sanenri que.com.ar. En la Web: www.vizcacheras.com.ar .
Precio por persona, US$ 70 diarios con las cuatro comidas y bebidas (incluye vino), salidas de pesca, cabalgatas y demás actividades dentro de la estancia. Hay un criadero de yacarés montado a lo largo del camino al campo que vale la pena visitar. La playa propia sobre el río Alcaraz, que luego se junta con el Feliciano –ambos desagotan en el Paraná–, es ideal para dedicarse a la pesca de dorados o bien para bordearla y deleitarse en sus pequeñas bahías de arenas pálidas y cristalinas.






