
Carla Bruni, mi lugar en el mundo
Cuando en 2002 sacó su primer disco, la prensa la miró con desconfianza. Pero la ex modelo e hija de un magnate italiano no sólo despuntó el vicio: escribe y canta bien, además de vender millones de copias
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Turín fue su cuna. Pero a los cinco años llegó a París, y su vida transcurrió entre Francia y Suiza. Ahora, la hija del multimillonario Alberto Bruno Tedeschi (que heredó y vendió la empresa CEAT) y de la concertista de piano Marysa Borini es una ex modelo orgullosa de haber cambiado las pasarelas por la música. Dueña de dos discos y muchas más canciones que la crítica hoy ve con buenos ojos, ahora lo suyo es el arte.
Carla nació el 23 de diciembre de 1967, mide 1,75 metros, y su primera inclinación fue la arquitectura. Claro que, cuando despuntó su carrera como modelo, los planos quedaron en el camino. Desfiló para Versace y Guess, entre otras grandes firmas, y dejó las pasarelas en 1997.
Su primer disco, Quelqu’un m’a dit (2002), fue un homenaje a la chanson francesa, con el 95% de los temas de su autoría. La prensa desconfió, pero ella vendió más de un millón de copias.
En enero de este año, Bruni presentó No promises, un disco en el que canta en inglés y para el que adaptó poemas de Emily Dickinson, Yeats, Dorothy Parker y Walter de la Mare, entre otros.
La música se metió tanto en su vida que hasta la acercó a Mick Jagger y a Eric Clapton, incluidos en la lista de hombres que sucumbieron a sus encantos. Mientras tanto, ella marcha sin pausa hacia su tercer disco.
Para saber más: www.carlabruni.com






