
Carolina Herrera: dueña y señora
Nació en Venezuela, en 1939, y a los 40 años construyó un imperio diseñando moda. Amada por las neoyorquinas, pero con tiendas en más de 40 países, es considerada una de las mujeres más elegantes del mundo. En esta entrevista cuenta su historia y confiesa que adora Buenos Aires, donde acaba de aterrizar para presentar una nueva fragancia
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NUEVA YORK.- Le dicen la señora. Puertas adentro de la empresa, para todos Carolina Herrera es la señora. Lo cual tiene sentido para separar a la diseñadora de carne y hueso, madre de cuatro hijas y abuela de cinco nietos de la firma homónima valuada en 410 millones de dólares, con 700 empleados y una sede central en Madison Avenue que corta el aliento. Pero hay algo más. En el mundo de la moda, uno de los más feroces, locos y violentamente competitivos, si hay alguien que encarna la esencia de lo que es ser una señora es Carolina Herrera.
La entrevista se realiza en el despacho de su taller, a pocas cuadras de las carpas de la New York Fashion Week, donde reinó con una colección inspirada en Jacques-Henri Lartigue. "Las ideas las saco de la memoria. Hace poco más de un año vi una retrospectiva fantástica en París de sus fotografías y no podía dejar de pensar en esas imágenes en € blanco y negro que evocaban mujeres relajadas, tan chic que no tuvieron que hacer el esfuerzo de ir a la moda. La moda vino a ellas", asegura Herrera, cómodamente sentada bajo el retrato que le hizo Andy Warhol.
No lo dice, pero es bien sabido que fue su mismo caso. La moda fue a ella desde los 13 años, cuando una abuela llevó a la pequeña princesa de la sociedad venezolana por primera vez a un desfile de Balenciaga en París. Sin embargo, Herrera no empezó a diseñar hasta hace dos décadas, a los 40. Toda su vida estuvo en la lista de las mujeres mejor vestidas del jet set internacional, ambiente en el que se movía junto a su marido, Reinaldo. Pero hasta que la legendaria editora de Vogue, Diana Vreeland, y su amigo el conde Rudi Crespi no le insistieron en que canalizara su creatividad fue puramente esposa y madre.
"Empezar a trabajar a los 40 tiene sus ventajas. Sobre todo, que una ya sabe exactamente lo que quiere. Yo, hasta entonces, tenía claro que me gustaban mis perros y caballos, no mucho más. Hay que tener talento y trabajar muchísimo, por supuesto. Pero, aunque no muchos lo reconozcan, también hace falta suerte", se sincera mientras Gaspar y Gastón, dos perritos peludos tan elegantes como su dueña, se le trepan a la falda y reciben una de las galletas que sorprendentemente guarda entre los bronces y flores de su inmaculado escritorio.
Carolina Herrera esta vestida de Carolina Herrera. Pantalones negros de tiro alto y camisa entallada, tacos altos, aros discretos. Impecable para mezclar trabajo, perros inquietos y nietos otro tanto. Y consultada sobre cuál considera ella que fue su contribución a la moda, no va con vueltas: "Ayudo a que las mujeres se sientan más chic y bonitas. Todo para el ojo, nada para el intelecto. La moda no es para la cabeza y es esencialmente frívola. Los que digan otra cosa no son serios. Lo que importa son los colores, las formas, las proporciones. Diría un estilo clásico con toques modernos. O sea, perfecto para las argentinas", dice con una sonrisa enorme, anticipándose a su llegada a Buenos Aires para presentar su nueva fragancia, Carolina.
-¿Cuál es el peor error de las mujeres al vestirse?
-Yo soy una gran admiradora de la juventud porque todo lo que se ponen les queda bien, así sean ridículas. No les puedo dar ninguna recomendación porque son naturalmente tan divinas, con pieles perfectas. El gran error es la mujer un poco más grande que trata de ser como ellas. A ésas sí les puedo dar un consejo: hay que aprender a cambiar de edad. A los 30 uno no puede vestirse como a los 15, y así sucesivamente. Muchas mujeres creen que van a estar sexy y modernas porque se ponen lo que ven en las revistas, aunque no les quede bien. Nada más triste que estar vestida de niñita y no ser una niña.
-¿Para qué sirve la elegancia?
-La elegancia le da a la mujer un poder extra prácticamente a ningún costo.
-¿Cómo es una mujer elegante?
-Uno escucha decir que cierta mujer tiene estilo. Lo que quieren decir es que tiene modales elegantes, movimientos elegantes y pensamientos elegantes. La elegancia tiene mucho que ver con la manera en la que una mujer actúa. Es un medio de expresión. Las personas verdaderamente elegantes hacen que uno se olvide de lo que tienen puesto porque llaman la atención primero por su personalidad. Uno repara en la ropa después. Cada vez que salgo, estudio a la gente a mi alrededor. Lo que más me impacta es la actitud. Me interesa la gente que se siente cómoda en su ropa. Y la elegancia no implica necesariamente gastar un millón de dólares en el guardarropas. Se basa en lucir como si uno los hubiera gastado.
-¿Pero es más fácil si uno verdaderamente los gastó?
-A veces el dinero juega en contra. Porque si uno tiene un presupuesto ajustado, tiene que pensar mucho en qué va a comprar para que le combine con las cosas que ya tiene, sea práctico y demás. Quienes compran algo sólo porque lo ven y les tentó tienden a vestirse sin pensar, y eso no sirve. Hay que analizar y probarse mucho antes de ponerse algo nuevo.
-¿Sin qué accesorio no puede salir a la calle?
-El perfume es el accesorio invisible más importante. Te hace una personalidad, un estilo. Cuando alguien lo huele, te recuerda. Entonces cuando tú no estás, también estás.
-Como diseñadora con base en Nueva York, ¿cree que cambió la moda después del 11 de septiembre?
-Yo creo que con el 11 de septiembre y toda esa muerte innecesaria cambiaron los valores dentro de uno, pero no la moda. La moda es frívola, es su esencia, y todas somos frívolas. Por favor, ¡nos compramos un par de zapatos para sentirnos mejor! ¿De que otra manera se puede explicar eso? La gente cambió su manera de pensar, pero no a la hora de comprar ropa, que tiene algo de escapismo.
-Usted habló de las mujeres de 30, las de 15, de la TV. ¿Ve Sex and the City?
-No lo veo nunca. ¡Es un desastre lo que enseñan ahí respecto de la moda! Tiene el mismo efecto que tuvieron las series Dinastía y Dallas en los años 80. Yo viajaba a Europa y me preguntaban si las mujeres americanas verdaderamente se vestían así. Y ahora, lo mismo. Es una antimoda total. Lo peor es que están influenciando muchísimo. Y para las más chicas, Christina Aguilera y Britney Spears también son una influencia fatal. ¡Porque no están vestidas, están desnudas! Cuando mis hijas crecían, la influencia era Madonna. Una loca suelta, pero se vestía diferente, no estaba desnuda.
-Su hija Patricia ahora se incorporó a su equipo de diseño. ¿Controlaba lo que se ponía cuando era chica?
-A todas yo les dejaba que se pusieran lo que quisieran. Pero de pronto les hacía algún comentario cuando las veía con zapatos de policía y llenas de pulsera, y ellas me decían que yo no entendía nada. Hoy reconozco que tienen un estilazo. Muy natural, nada pensado. Patricia mezcla las cosas de manera distinta, con ojos más frescos, pero sigue siendo mi línea. Mi equipo de diseño tiene que tener mis ojos.
-¿Qué opinó su marido de que se lanzara al mundo de la moda?
-Le encantó. Si no le hubiera gustado, yo no lo hubiera hecho.
-¿No temía pasar a ser el marido de Carolina Herrera?
-Mi marido es uno de los hombres más inteligentes que hay. No pensaría en su vida en una cosa tan torpe.
-Tiene un imperio de millones de dólares, pero ni idea de los números, ¿verdad?
-No me meto en nada que no sea puramente creativo. Por un lado, creo que un diseñador no puede estar envuelto en las finanzas porque se le arruina la creatividad. Pero también tiene que ver con que cuando yo era pequeña era considerado fatal, de malísima educación, hablar de dinero. Y yo me quedé con esa educación ridícula, porque hoy en día habría que saber muchísimo de números. Todas las mujeres son banqueras... A mí todavía me cuesta.
-Como mujer, ¿se puede ser exitosa en el trabajo y tener familia o hay que elegir?
-Yo creo que sí, pero hay que estar organizada. Ayuda que a una le guste muchísimo lo que está haciendo, pero en la mayor parte de los casos simplemente no hay alternativa. Ahora, eso no quiere decir que se pueda hacer todo sola. No hay nada más maravilloso que tener un hombre que abra la puerta del auto. ¿Por qué no? Obviamente, una puede hacerlo, pero se consigue muchísimo más en la vida siendo femenina. Incluso a las niñas que son banqueras o que trabajan en estas grandes compañías con muchos hombres yo les digo que se pongan muy femeninas porque van a llegar muchísimo más lejos. Por más que trabajemos a la par, nadie quiere ser igual a un hombre. No se es menos profesional por dejar que nos atiendan.
-Saint Laurent decía que nada viste a una mujer como los brazos del hombre que ama. ¿Está de acuerdo?
-¡Qué bien! El amor es lo más importante. Te hace más feliz, más humana. Si no eres un robot.
-¿El secreto de la belleza?
-Creo mucho en la salud. Y la base es comer correctamente.
-¿Nunca un pancho?
-¡Pero claro, es una de mis pasiones! El otro día comí unos perros calientes en la final del US Open, los adoro. Me tiento con lo que sea, pero no todos los días. Y, sobre todo, no creo que se pueda ir fastidiando a la gente contando lo que uno puede o no comer. Esa conversación es aburridísima. Si me invitan a una casa yo como lo que hay en el plato. ¡Y si no puedo, lo revuelvo un poco con el tenedor y nadie se da cuenta!
-¿Algún otro secreto?
-Fundamental que haya un espejo de cuerpo entero en todas las casas (¡vamos, que los hombres son vanidosos también!) y otro con gran aumento para maquillarse. No hay que creer en lo que otros nos dicen. Hay que tener espejos.
-¿Qué no debe faltar en ningún guardarropas?
-Una falda, un buen par de pantalones y muchas camisas de algodón blancas. Yo tengo millones, que compro en tiendas informales. Jeans, claro que uso, me encantan, pero tienen su momento. No son para todo el día. Y un buen vestido de cóctel y otro de noche. Nada de tratar de estar con la misma ropa de la mañana a la noche. Hay que ser femenina, lavarse la cara, pintarse otra vez y ponerse otra cosa.
Para saber más
www.carolinaherrera.com
Famosas
Carolina Herrera es considerada la diseñadora por excelencia de las mujeres de la sociedad neoyorquina. Pero además se anima al espectáculo: este año vistió a Renee Zellweger y Salma Hayek para la entrega de los Oscar, a Courtney Cox y Stockard Channing para los Emmy, y a Jennifer Connelly para los Globo de Oro. Sin embargo, ella es reacia a hablar sobre sus clientas. "Jamás doy nombres. Si ellas quieren decir que yo las visto, encantada. Si no, nada. Cuando yo no era diseñadora me daba una rabia horrenda cuando se me mencionaba en la lista de clientas, por lo que nunca lo hice."
Quién es Carolina Herrera
- María Carolina Josefina Pacanins y Niño nació en Caracas, Venezuela, en 1939, si no en una cuna de oro, en algo cercano. Descendiente de una saga de hacendados y hombres de Estado vinculados con la historia venezolana por 400 años, de niña pasaba sus días montando a caballo, jugando con sus perros y cumpliendo a la perfección el papel de jovencita de la sociedad caraqueña.
- A los 13 años su abuela la llevó a uno de los desfiles de Cristóbal Balenciaga en París. Tal fue el impacto que aún hoy considera al modisto español su principal inspiración, pero pasarían algunos años hasta que pusiera en práctica su pasión por la moda.
- Primero tuvo un matrimonio de siete años con Guillermo Behrens Tello, del que se divorció causando una gran escándalo en su familia y el tout caraqueño. A los 25 se mudó de vuelta a la casa de sus padres con sus dos pequeñas hijas y comenzó a trabajar haciendo las relaciones públicas para la sucursal de Pucci.
- En 1968 se casó con Reinaldo Herrera, del que tomó el apellido y una vida en el jet set internacional. Durante las dos décadas siguientes apareció constantemente en la lista de mujeres mejor vestidas del mundo, pero sólo en 1980 se animó a presentar una colección propia. Dado el éxito, se mudó a Nueva York con su marido y las cuatro hijas que para entonces ya tenía y abrió un discreto showroom. El resto ya es historia: comenzaron los perfumes (el más nuevo, Carolina, exitosísimo en la Argentina), accesorios, una boutique en Madison Avenue, otra en Madrid y una segunda línea más accesible, CH, con la que piensa abrir más de 40 tiendas en todo el mundo.





