
Cartas de amor por encargo
Son escritoras inéditas, viven en Buenos Aires y redactan cartas a pedido, asi todas para unir a enamorados tímidos, amigos distanciados o matrimonios en crisis
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"Recuerdo muy bien a uno de mis primeros clientes. Viudo, galante, correctísimo. Había conocido a una señora en un club de jubilados. Charlaban, jugaban a las cartas, bailaban. Quiso sorprenderla y me encargó un trabajo. No era exactamente una declaración. Elogiaba su mirada, su forma de ser. Hoy viven juntos. Supongo que una carta de amor no lo puede todo, pero abre puertas, ayuda al sentimiento."
Nancy Castellanos, de 42 años y ya abuela, fija por un instante sus ojos claros en el vacío, como para ordenar mejor los pensamientos. Cuenta que una vez fue periodista, que llegó a jefa de turno en Radio del Plata. Cuando en 1998 se quedó sin trabajo, sus amigos y su familia la ayudaron a comenzar con lo que llama su emprendimiento independien-te: escribir cartas por encargo.
Curioso oficio el suyo, ejercido en un anonimato cuyos laureles literarios se los lleva el cliente y que, en Buenos Aires, sólo es ejercido por Nancy y otras poquísimas escribas. Todas ellas románticas, inéditas, amantes de la poesía y sin un trabajo estable.
¿Quiénes las contratan? Hombres y mujeres de todas las edades, que quieren poner en palabras algo que sienten, pero que no saben expresarlo. ¿Cómo se promocionan? Con avisos en revistas, tarjetas o carteles que reparten en la vía pública. ¿Cuánto cobran? Entre 15 y 70 pesos, ya que algunos servicios incluyen un poema, ilustraciones hechas a mano o, incluso, un desayuno artesanal que le llega al destinatario junto con la carta. ¿Viven de este trabajo? En general no, pero ayuda. Además, ellas dicen que lo hacen por algo más sagrado que el dinero, que lo hacen, ante todo, por vocación.
Marisa Borda tiene ojos rasgados, cabello castaño muy abundante, 28 años, una rara mezcla de timidez y audacia. Llega a la cita en el café Tortoni con su gran carpeta de dibujo y un cuaderno con poesías. "Soy de Esquina -cuenta-, de Corrientes, donde nació Maradona. Lo conozco bien a Diego, hasta hace unos años iba a Esquina para el carnaval. Vine sola a realizar mis sueños en la Capital y, como dice Almafuerte, cien veces me caí, pero me levanté cien veces." Tiempo atrás le fue mejor, incluso dibujaba una tira cómica, Anacleta, para la revista Antena. Pero la revista cerró, y también una editoral educativa en la que estaba contratada. Entonces se le ocurrió la gran idea: unir a la gente con sus cartas de amor, cosa que ya hacía, gratis, para los amigos en su Corrientes natal.
Atesora muchas historias. Algunas tiernas, otras dolorosas. Por ejemplo, la aún inconclusa de un muchacho de 25 años que, a punto de irse a estudiar a Estados Unidos, le confesó a su madre que era homosexual. "Ella lo echó de la casa. El estaba desesperado, dividido, creía que tenía que elegir entre su pareja y su mamá. Todavía no terminamos su carta, nos está llevando tiempo", explica Marisa, casi disculpándose por no poder ofrecernos aún un final feliz.
Otras de sus historias son realmente felices. Como la vez que reunió a dos amigas. Las chicas se habían conocido por chat. Una era uruguaya y vino de visita, pero el viaje terminó en pelea. La carta de Marisa, con algunos versos y el dibujo a lápiz de un simbólico mate de la paz, ayudó en la reconciliación.
Y están las tragedias. Por ejemplo, la de un empresario que se comunicó con la escritora una noche, desesperado. El hombre había seducido a la esposa de su mejor amigo. Ambos tenían hijos grandes, pero la mujer quedó embarazada y, sin decirle la verdad al marido, tuvo a su criatura. Los amigos se pelearon, aunque por motivos intrascendentes. Hoy el empresario desea simplemente ver cada tanto al bebe, eso dice su carta, y le confiesa a la mujer que todos los domingos, cuando ella va a misa con el niño, los espía, escondido atrás de un árbol, enloquecido de dolor y de vergüenza.
¿Otras? Hay historias de adolescentes celosos o parejas con más de veinte años de casados. Como la de un abogado que encargó un soneto para leer en su fiesta de aniversario, o la del productor artístico que anualmente encarga, secretamente, una carta de cumpleaños para su mujer, pero además le pide a la escritora que elija el regalo.
También hay quienes necesitan expresar su decepción al descubrir que su pareja fue infiel o aquellos que escriben a quien ya no está, como una señora uruguaya que encargó una carta para su esposo ya fallecido y la hizo publicar en un diario local.
"Fue en un viaje a Montevideo, pero a la mujer no la volví a ver -dice de ese caso caso Reina Flores, de 21 años, la autora más joven de cartas por encar-go-. A esa señora no le cobré, a veces cobrar es difícil. Es que éste es un oficio poco común, son pocas las personas que lo hacen. Preferimos estar en el anonimato, no nos gusta mostrarnos. Somos como Cupido, somos el ángel del amor y lo que queremos es llegar al corazón de la gente."
Muchos creen que Internet tiene, conceptualmente, poco o nada que ver con el romance, con la poesía, con los sentimientos humanitarios, pero Reina Flores no se cuenta entre ésos. Ella formó un ciberclub para ayudar a los corazones solitarios, un ciberclub cuyo lemas es: Si estás solo, entrá.
"Yo estaba mal, mi novio me había dejado y empecé a chatear con un chico uruguayo. Se sumó más gente, mujeres que se aburrían cuando los maridos se iban a ver fútbol, un padre soltero que vive con su hijo de 14, un hombre al que le decimos Fantasma y que ya va por su novia número cincuenta, pero no encuentra la mujer de su vida... La gente que entra en Internet por algo así no sabe comunicarse en forma directa; es más fácil decir te quiero por e-mail que personalmente. Y cuando llegan a encargar las cartas de amor es porque no tienen más recursos, no saben cómo acercarse", reflexiona con un dejo de tristeza.
Al instante sonríe, cuando recuerda que gracias a su ciberclub una reciente divorciada se reencontró con su primer novio, también separado, y formaron pareja por segunda vez. "Escribo cartas con frecuencia para un grupo de divorciados que son casi abonados. Los hombres se sinceran más conmigo. Es que a veces terminás siendo un poco el psicólogo de la gente."
En este punto sus otras colegas no están de acuerdo. Nancy jamás da consejos, porque le parece que ésa no es su función. En cuanto a la actitud de un sexo y otro, considera que los varones tienen más calesita, que dan vueltas y vueltas sin saber bien lo que quieren, a diferencia de las mujeres. La experiencia de Marisa es similar, ya que si bien tiene muchos clientes varones "hay que sacarles las palabras con tirabuzón, mientras que ellas me cuentan todo con lujo de detalles y me siguen llamando para decirme cómo sigue la historia".
Por supuesto, las tres coinciden en lo esencial: consideran que los sentimientos son lo más valioso que tiene el ser humano, saben que las palabras tienden puentes entre la gente y todas alguna vez se cartearon con alguien muy querido. Marisa con un muchacho rosarino, durante cuatro años, hasta que lo conoció personalmente y todo quedó en la nada. Reina con su novio actual, al que conoció en el chat, en un sitio llamado Sólo románticos. Y Nancy, en su infancia, con la señorita Herrera, su maestra de tercer grado.
"Ella se fue a vivir a Necochea y desde ese momento no hubo nada más importante para mí que encontrar cada tanto un sobre blanco en el buzón. Ojalá viva, ojalá vuelva a encontrarla -desea en voz alta- porque nunca la olvidé, aunque un día, por esas cosas de la vida, dejamos de escribirnos."
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