
Caza de brujas en el cine
En la sala Leopoldo Lugones, una muestra que da cuenta de la persecución política en Hollywood
1 minuto de lectura'

Tengo la sensación de que, en gran medida, la industria del cine efectivamente se ciñe al entretenimiento. No creo que se dejen desviar demasiado de ese fin con películas de propaganda. Muy de tanto en tanto se filtran cosas que nadie pesca. Si los comunistas no trabajaran en la industria del cine, no habría manera de que se filtraran sus ideas." Estas palabras fueron pronunciadas por Robert Taylor, un testigo bien dispuesto, el 22 de octubre de 1947, ante el Comité Especial sobre Actividades Anti-Americanas.
A partir del martes, en la sala Leopoldo Lugones del Teatro San Martín, se presentará una muestra integrada por cinco films que dan cuenta de una época en la cual la persecución política se institucionalizó en los Estados Unidos y afectó particularmente a la industria del cine, que sufrió el estigma de las listas negras y las delaciones masivas.
El 26 de mayo de 1938, la Cámara de Representantes de Estados Unidos aprobó la constitución de un comité especial, cuyo objetivo era investigar cualquier posible instigación subversiva. Las primeras investigaciones se realizaron en 1940, pero fueron interrumpidas por la guerra y reanudadas en 1947.
Tras la guerra, la izquierda norteamericana quedó identificada con el enemigo exterior y el enemigo interno , hecho utilizado por el Comité para izar la bandera de la extrema derecha y observar en Hollywood la posibilidad de conseguir grandes titulares de prensa y publicidad gratuita.
Deseoso de explicar los porqué de una serie de películas prosoviéticas producidas durante la guerra, Jack L. Warner advirtió que guionistas comunistas se estaban burlando del sistema político. Por su parte, Adolphe Menjou alertó al Comité sobre una forma comunista de interpretar que, según él, hacía propaganda subversiva mediante una mirada, una inflexión o un cambio de voz.
Walt Disney fue otro de los que se subió al banquillo inquisidor y declaró que los comunistas que trabajaban en los estudios de dibujos utilizaban los materiales y las horas de trabajo para realizar su propaganda.
Esta especie de psicosis derechista se apoderó de Hollywood, donde hasta fines de los años 50 decenas de actores, directores y guionistas sufrieron persecuciones y, en algunos casos, como el grupo denominado Los diez de Hollywood, padeció la cárcel. Se trata de los escritores John Howard Lawson, Dalton Trumbo, Lester Cole, Alvah Bessie, Albert Maltz, Ring W. Lardner Jr., Samuel Ornitz, Herbert J. Biberman; el director Edward Dmytryk y el productor Adrian Scott.
Cuando en 1951 el senador Joe McCarthy entró en escena, Hollywood estaba rendido a los pies del Comité y el compromiso que había asumido la industria en no dar empleo a "ningún comunista o miembro de cualquier partido o grupo partidario del derrocamiento del gobierno de los Estados Unidos por la fuerza o mediante algún método ilegal o anticonstitucional", fue el comienzo de una extensa lista negra que creció hasta fines de la década.
Entre los tantos hombres y mujeres que fueron perseguidos, la carta que Charles Chaplin envió en 1953 junto con su permiso de retorno al país se convirtió en un símbolo de la época: "...desde el final de la última guerra mundial he sido objeto de mentiras y de propaganda maliciosa por parte de poderosos grupos reaccionarios, los que con su influencia, más la ayuda de la prensa amarilla de América, han creado una atmósfera insalubre en la que los individuos de inclinación liberal pueden ser señalados y perseguidos. Con estas condiciones creo imposible continuar mi trabajo cinematográfico y abandono por tanto mi residencia en los Estados Unidos".
Toda la programación
Martes 19: La sal de la tierra (1953), de Hebert J. Biberman. Con Juan Chacón y Rosario Revueltas. Un clásico ejemplo del cine de resistencia, un film producido al margen de Hollywood por Biberman y el guionista Michael Wilson, dos proscriptos de la industria oficial del cine.
Miércoles 20: Carne y espíritu (1947), de Robert Rossen. Con John Garfield, Lili Palmer y Anne Revere. Es curioso comprobar la lista de rebeldes que figura entre realizadores e intérpretes de esta película. Algunos fueron acusados de comunistas y terminaron su carrera (Garfield, el guionista Abraham Polonsky, la actriz de Anne Revere). Otros emigraron de Hollywood (Lili Palmer, Canada Lee) y el director Rossen y su asistente Robert Aldrich sufrieron distintos tipos de presión.
Jueves 21: La estrella norteña (1943), de Lewis Milestone. Con Anne Baxter, Dana Andrews y Walter Huston. Durante la Segunda Guerra Mundial, la colaboración militar entre Estados Unidos y la Unión Soviética se extendió desde 1941 hasta 1945. En ese lapso, Hollywood produjo tres films que exaltaban parcialmente la causa bélica rusa, entre ellos éste, que le provocó inmensos problemas a su guionista, Lillian Hellman. Citada por el Comité, Hellman se declaró dispuesta a prestar franco testimonio sobre sí misma, pero se negó a delatar a terceros, como solía ser habitual.
Viernes 22: Los verdugos también mueren (1943), de Fritz Lang. Con Brian Donleavy y Walter Brenan. Entre los colaboradores del realizador alemán, en esta película figuran dos compatriotas que llegaron a tener problemas y debieron abandonar Estados Unidos: Bertolt Brecht y el compositor Hanns Eisler, que fue acusado de ser el Karl Marx del campo musical.
Sábado 23 y lunes 25: Mi nombre es Bertolt Brecht (1988), de Norbert Bunge y Chrstien Fischer-Defoy. Documental inédito en la Argentina, que da cuenta del exilio de Brecht en los Estados Unidos, de su comparecencia ante el Comité y de su relación con otros exiliados alemanes que llegaron a Hollywood huyendo del nazismo.
Las funciones se realizan a las 14.30, 17, 19.30 y 22, en Corrientes 1530; 4371-0111 al 8. Entrada, $ 3.






