Cerca de Dios, lejos de su patria: el doloroso final de Jorge Porcel, uno de los cómicos más populares de la Argentina
El legendario “gordo”, que brilló con su humor picaresco en el cine, el teatro y la televisión, se fue a vivir a Miami en 1991 y murió allí en mayo de 2006, víctima de varias dolencias relacionadas con su obesidad
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Con su inconfundible figura, su velocidad para el chiste y su impronta picaresca, Jorge Porcel protagonizó más de 40 películas, brilló como capocómico en tiempos dorados de la Revista porteña y encabezó programas de televisión que hicieron reír a todo un país.
Con esa larga trayectoria, sostenida por su gracia innata, el llamado ‘Gordo’ Porcel se convirtió, sin dudas, en uno de los cómicos más populares de la historia del espectáculo argentino.
Sin embargo, pasó los últimos años de su vida fuera de su patria. Llegó a Miami en 1991 y murió en esa ciudad el 16 de mayo de 2006, hace exactamente veinte años.
En Miami con nostalgia porteña
“Cuando necesite volver sí o sí, retornaré a Buenos Aires. En Miami me tratan de maravilla, así que voy a continuar trabajando acá. Mi ciudad está permanentemente conmigo en mi corazón”, decía Porcel en una entrevista a la revista Semanario de diciembre de 1991.
Hacía muy poco tiempo que el cómico se había afincado en los Estados Unidos, pero ya exhibía un tono de nostalgia por su terruño que no lo abandonaría. “A veces sueño que doblo por Corrientes -decía-, me meto en una de sus librerías únicas en el mundo y me encuentro con uno de esos barbetas de pipa y gruesos anteojos eligiendo cuántos libros llevar”.
Porcel había ido a trabajar al país del norte en condiciones que él definió como “inmejorables”. El canal norteamericano Telemundo le ofreció liderar A la cama con Porcel, un programa con el estilo propio del cómico que salía en horario nocturno y llegaba a la gran comunidad latina de los Estados Unidos.
Fueron tiempos de proyección internacional para el talentoso humorista argentino. El Chicago Tribune dijo de él que era, para Latinoamérica, como Benny Hill para los británicos o Roseanne Barr para Estados Unidos. El cómico había cautivado, incluso, a los estadounidenses que no hablaban español: “Me paran por la calle y me dicen: ‘No te entiendo nada, pero igual te veo y me mato de risa’”.
La idea primitiva del artista era alargar dos o tres años su carrera en tierras norteamericanas para luego regresar a la Argentina. Pero la estadía se prolongó y, si bien volvió en visitas esporádicas, ya no fue posible ese retorno definitivo.
El abrazo de Al Pacino
Además de sus actuaciones para la comunidad latina, la carrera de Porcel en tierras del norte tuvo un punto relevante cuando participó de una destacada producción de Hollywood. Se trata de Carlito’s Way, película dirigida por Brian De Palma donde el argentino tiene un par de escenas nada menos que con Al Pacino.
El cómico sale de su faceta humorística en el filme para interpretar a Saso, el dueño de un boliche nocturno donde llega su amigo Carlitos, el personaje de Pacino, que es un expresidiario que quiere rehacer su vida.

Ambos actores juegan una escena en la que el norteamericano le ofrece ayuda económica al argentino, que está endeudado hasta el cuello con gente de avería. “Vengo a salvarte el culo”, le dice Carlitos a Saso, y le pide a cambio una participación en su negocio.
El rodaje se realizó en 1993. Porcel, que se mostraba orgulloso por el trabajo en el filme, definió a De Palma como “un director sutil y talentoso” y se mostró sorprendido por la capacidad económica de Hollywood.
“Mientras filmaba, me enteré que la reconstrucción de ese lugar había costado 2,5 millones de dólares. Inmediatamente pensé que con ese dinero convenía comprar un cabaret verdadero”, le decía el actor a LA NACION en aquel entonces.

Para referirse a su relación con Pacino, una verdadera celebridad cinematográfica, Porcel contaba una anécdota: “Mucha bola no me dio. Preguntó qué experiencia tenía yo delante de la cámara y le contaron. Y a partir de ahí me miró con respeto. Un día me abrazó y me dijo: ‘En ninguna parte del mundo es fácil hacer cuarenta películas’”.
“El Negro siempre está conmigo”
El actor de El Padrino hacía referencia en ese diálogo a la prolífica trayectoria de Porcel en la Argentina, sin saber acaso que el Gordo había compartido buena parte de esa filmografía con otro ilustre cómico criollo: Alberto Olmedo.
La referencia al humorista rosarino es necesaria porque ambos conformaron una dupla artística desopilante.

Envueltos en el inevitable contraste de sus físicos -Porcel, gordo; Olmedo, flaco- protagonizaron, en las décadas del 70 y 80, clásicos de la picaresca criolla como A los cirujanos se les va la mano, Mirame la palomita, Te rompo el rating o Rambito y Rambón. Siempre rodeados de mujeres hermosas y con poca ropa, los dos interpretaron las más de las veces a perdedores divertidos (a su pesar) con una sola idea en mente que casi nunca se les cumplía.
Si bien hoy buena parte de los gags de estos dos grandes artistas caerían bajo la lupa inclemente de la cancelación -tildados de vulgares, chabacanos y machistas-, en aquel tiempo eran una imbatible máquina de generar carcajadas.
Y la mención del ‘Negro’ Olmedo viene a cuento porque quienes conocieron a Porcel aseveran que su vida cambió a partir de la muerte de su flaco coequiper. Esto ocurrió en la fatídica noche del 5 de marzo de 1988, en Mar del Plata, y se dice que el Gordo entró en una depresión de la que nunca terminó de salir.
Es difícil saber si el cómico hubiera puesto rumbo a Miami si su compañero de tantas películas no hubiera caído aquella noche del piso 11 del edificio Maral 39. “El Negro siempre está conmigo. Lo nombro permanentemente. No ha habido otro como él, no ha aparecido otro como él. Fue el más grande”, lo recordaba Porcel en la revista Gente en 1993.

Su acercamiento a la religión
Otro de los aspectos que marcaron la vida de Porcel en Miami tiene que ver con su acercamiento a la religión. Poco tiempo después de arribar a la ciudad de la Florida, el hombre abrazó la fe del evangelismo cristiano.
“Me orienté hacia Dios porque después de tantos triunfos encontré mi vida vacía. Lo que Dios me da no me lo puede dar mi familia, ni mi mujer, ni nadie. Es un amor infinito”, decía el cómico, que se embarcó en las filas de la Iglesia del pastor Luis Palau.

En su nueva situación cercana a Dios, el humorista abjuró de ese pasado en el que basaba su comicidad en comentarios soeces y en la utilización de mujeres como objetos. “Hay que rajarle al facilismo y enterrar para siempre la idea de que lo cómico solo es posible en base al erotismo o la sexualidad”, decía.
En 1999, en una de sus visitas a la Argentina, el humorista estuvo, en su rol de representante religioso, en el estadio de Huracán, en Parque Patricios. “La gente tiene que tomar conciencia de que estos son los últimos tiempos y que la venida de Jesús está muy pronta”, dijo en aquella ocasión, dando cuenta de hasta dónde se había compenetrado en las prédicas evangélicas.
Pese a que habló frente a unas 1.500 personas en la cancha del Globo, en el entorno del actor aseveraban que él no era pastor. “Era un hombre que tenía fe. Prácticamente como todos los evangélicos. Desde que conoció al Señor, Porcel cambió en todos los aspectos, el ético, el moral...”, decía en su momento Alberto Ávila, el vocero de la familia Porcel.
“Siendo obeso se la pasa muy mal”
En aquella ocasión en Buenos Aires, el actor ya se mostraba en silla de ruedas, una consecuencia del sobrepeso que comenzó a hacer estragos en su salud. Serios problemas de columna le impidieron moverse por sí mismo. Además, a su frágil estado se sumaron las complicaciones por su diabetes y ciertos problemas cardiovasculares.
“La obesidad es una de las peores enfermedades -decía el propio humorista en Teleclick-. Genera una gran angustia, cierta marginalidad, mucha tristeza. Eso de que todos los gordos somos divertidos es un verso que quisieron imponer para conformarnos. Siendo obeso uno la pasa muy mal. Creeme, te lo digo por experiencia”.
En los últimos años, a este de por sí difícil cuadro se le sumó el diagnóstico del mal de Parkinson.

A la pasta con Porcel
Otro elemento debe destacarse del período estadounidense de Jorge Porcel. Es la creación de su propio restaurante, A la pasta con Porcel, instalado en la Avenida Collins y 27 de Miami.
Especializado, como su nombre lo dice, en pastas pero también en comida argentina, el local gastronómico se encontraba decorado con posters y fotografías de la carrera del cómico.

El lugar era un sitio muy concurrido por los turistas argentinos que visitaban la ciudad, también por los artistas que pasaban por Miami.
En una de sus visitas en la Argentina, en 1997, el Gordo fue invitado a Polémica en el bar, el antiguo programa donde él también fue figura, y definió a su restaurante como “un consulado argentino en Miami”.
En esa ocasión, rodeado por el creador del ciclo, Gerardo Sofovich, y por Javier Portales, el cómico habló del restaurante y de otros aspectos de su vida en Miami.

Al comediante ya se lo veía un tanto lento en sus movimientos pero con la misma lucidez y la chispa de siempre. Una muestra de ello se dio cuando el ‘Ruso’ le preguntó si seguía desde Estados Unidos lo que pasaba en la Argentina. El humorista guardó silencio, se llevó la mano a la cabeza en señal de preocupación y respondió: “Racing”. Hacía referencia, por supuesto, al club de sus amores, que en ese entonces -como otras veces- no pasaba por un buen momento futbolístico.
Familia, romances y un hijo extramatrimonial
Jorge Raúl Porcel de Peralta nació el 7 de septiembre de 1936 en Avellaneda. Hijo de padre taxista y madre ama de casa, el muchacho comenzó su trayectoria artística en 1956 en la audición radial La Revista Dislocada. A partir de allí, nunca paró.

El cine, el teatro y la televisión le sentaban igual de bien. El humor que transitaba apelaba al doble sentido y a referencias sexuales. Por eso, para atenuar la intensidad de sus chanzas, el Gordo remataba con un latiguillo que se volvió un clásico: “¿No es fino?“.
Casado en 1963 con Olga Gómez, su mujer de toda la vida, ambos adoptaron en 1983 a la pequeña María Sol, de tres años. Más allá de su matrimonio, el cómico tuvo algunos romances famosos, entre los que se cuentan a Carmen Barbieri o a Luisa Albinoni.
Además, Porcel tuvo un hijo extramatrimonial, Jorge, nacido de su relación con Norma de Mauricio. El joven años después se convertiría en un personaje mediático. El Gordo cumplía en lo económico con su hijo, pero no lo veía. Y mucho menos cuando estaba en Miami. “Hay cosas que no se pueden pagar con dinero, como los abrazos, el cariño y el amor de un padre”, se quejó alguna vez ‘Jorgito’.


Los últimos años
Los últimos años del humorista en Miami fueron de pleno deterioro. Uno de los mejores cuadros sobre su estado en esos tiempos lo dio Jorge Luz, el partenaire inolvidable del Gordo en el sketch de La Tota y la Porota, incluido en Las gatitas y ratones de Porcel, el ciclo televisivo que el actor realizó entre 1987 y 1990 por Canal 9.
“Me llamaba a horas extrañas, capaz las dos de la mañana para decirme por qué no hacíamos allá (en Miami) a la Tota y la Porota -dijo Luz a Semanario-. Yo no lo escuchaba bien. Hablaba lento, ya le costaba y aunque nunca se lo dije, hubiera sido imposible volver a hacer el programa. Realmente no sé por qué me llamaba a mí. Quizás era la distancia, la añoranza o porque uno al estar lejos, piensa”.
En 2004 se lo pudo ver en una entrevista televisiva con Susana Giménez para Telefe en la que Porcel se veía claramente desmejorado. La charla con la diva de los teléfonos fue la última aparición pública del actor, al menos para la televisión argentina.
En diciembre de 2005, Porcel ingresó al hospital Mount Sinaí de Miami para ser operado por una apendicitis. Pero la estadía en terapia intensiva debió prolongarse unas semanas debido a una neumonía que afectó al actor, posiblemente por un virus intrahospitalario.
Su cuerpo, tras años de sobrepeso, se hallaba muy afectado por diversas dolencias que vulneraron su sistema inmunológico.

La muerte de Porcel
Aquella vez, Porcel pudo salir del hospital pero debió retornar a una clínica en mayo de 2006, por una operación de vesícula. Esta vez fue en el Mercy Hospital de la misma ciudad. Poco después su estado se agravó. El 16 de ese mes, a las 19.20, un paro cardiorrespiratorio le produjo la muerte.
El actor cómico había pensado muchas veces en bajar de peso, a pesar de que se enfrentaría a un dilema existencial que él mismo se planteó: “Si yo adelgazo, voy a dejar de ser el gordo Porcel”.
El caso es que, en el año en que cumpliría 70, la vida del humorista se apagó.

Un gran retrato del cómico encabezó su funeral íntimo en una sala de Miami. Allí estaban presentes su esposa, su hija y el pastor Palau, que dio palabras de consuelo a su familia y leyó el Salmo 23, el preferido del actor, que se inicia con la frase: “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar”.
El cuerpo de Jorge Porcel llegó a Ezeiza en la madrugada del 24 de mayo de 2006. Ese mismo día, familiares, amigos y colegas despidieron con un aplauso los restos del cómico cuando ingresaba al Panteón de la Asociación Argentina de Actores del Cementerio de la Chacarita. Allí había pedido el artista que fueran enterrados sus restos.
Dicen testigos de la ceremonia que el féretro de Porcel fue depositado frente al lugar donde yacen los restos de Alberto Olmedo. Socios en el cine y compañeros en la muerte.
De todos modos, como sucede con los ídolos populares, la figura de Porcel, como la de Olmedo, no se apagará fácilmente en el recuerdo del público. Como dijo Jorge Luz: “Para mí, el gordito, como todos los artistas, no se murió: solamente se fue de gira”.
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