
Chicas que pegan
Una ola inédita de películas, libros y crónicas sobre boxeo femenino está invadiendo el ambiente norteamericano. No sólo las hijas de los grandes campeones, como Laila Ali, Freeda Foreman y Jacqui Frazier son noticia, también los son actrices, escritoras y ejecutivas
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Durante la primera parte del siglo XX, la obsesión romántica de escritores y directores cinematográficos varones elevó el boxeo a una situación de respetabilidad, rescatándolo de las charlas de taberna. Desde las columnas de Damon Runyon en The New York American, pasando por las cavilaciones de Ernest Hemingway en torno de la "dulce ciencia", hasta los ensayos de Norman Mailer y el film Toro salvaje, de Martin Scorsese, el boxeo ha funcionado como metáfora del malestar y la agresión masculina. El ambiente del boxeo -un entorno sin ley, hasta la fecha- invitaba a largas e intensas lucubraciones sobre la explotación y la corrupción.
Pero ahora, una nueva ola de cronistas del boxeo ha subido al ring -las mujeres-, y los libros y películas que producen ofrecen una imagen diferente.
Girl Fight, la película que ganó el premio mayor durante el último Festival de Cine de Sundance, consagró a su desconocida protagonista, Michelle Rodríguez, por su descarnada interpretación de una mujer que canaliza su furia entrenándose para competir como peso pluma. Shadow Boxers, un documental sobre Lucia Rijker, considerada como la más descollante boxeadora del mundo, se estrenará en el canal Sundance en febrero. On the Ropes, otro documental, fue nominado para un Oscar en 1999. Y Kate Sekules, una periodista británica, que boxeó profesionalmente, acaba de publicar sus memorias, The Boxer´s Heart: How I Learned to Love the Ring (El corazón puesto en el boxeo: Cómo aprendí a amar el ring).
La nueva literatura y los nuevos films acerca de mujeres en el ring eluden los clichés heroicos y románticos de Rocky, por ejemplo. La intriga que rodea al boxeo masculino se produce debido a una suma de testosterona, dinero y machismo. Pero lo que da resonancia a estas historias sobre el boxeo de mujeres es que alude a temas como la imagen corporal, el equilibrio entre femineidad y agresión, y la lucha por el reconocimiento en un ambiente masculino.
Las mujeres que boxean aún son consideradas marginales, cuando no raras, por los aficionados a los deportes. Alentar a dos mujeres que tratan de desmayarse a golpes entre sí suele causar incomodidad en muchos espectadores. Pero si nos basamos en los ejemplos de la historia, esta nueva ola de libros y películas puede poner de moda el boxeo femenino.
Una de las razones por las que este nuevo género de historias de boxeo es menos sentimental es que nacen de la propia experiencia. Los hombres que mitologizaron el boxeo eran, en general, espectadores. En realidad, entre ellos y los pugilistas, en general pobres y poco educados, solía abrirse un abismo cultural.
Kate Sekules, en cambio, que tiene acento de clase alta y es una bella mujer, boxeó profesionalmente durante un par de años a fines de la década del 90. La directora y productora de Shadow Boxers, Katya Bankowsky, fue púgil, y compitió en el torneo amateur Golden Gloves, al igual que Karyn Kusama, escritora y directora deGirl Fight.
Estas mujeres no son boxeadoras y escritoras por azar. Muchas mujeres atraídas por el boxeo han tenido una buena educación y se destacan como profesionales. Bankowsky, productora independiente de televisión, se graduó en la universidad de Yale. Rosalie Parker, la campeona nacional de peso pluma, asistió a la universidad de Harvard, y acaba de graduarse en relaciones internacionales.
"Suelen decir que los hombres boxean para salir de un gueto -dice Kate Sekules, que es editora de la revista Food and Wine-. Yo bromeo diciendo que el boxeo fue mi manera de entrar en el gueto."
Desde que el torneo amateur Golden Gloves empezó a admitir mujeres, en 1995, el número de participantes femeninas se multiplicó por diez. En el campeonato realizado en abril de 2000 en el Madison Square Garden, el 29% de los púgiles eran mujeres. En el nivel nacional, hay en los Estados Unidos más de 1500 boxeadoras amateurs y 400 profesionales, incluyendo a las hijas de Muhammad Ali, Joe Frazier y George Foreman. Existe una poderosa tendencia a convertir el boxeo femenino en deporte olímpico para 2004.
Mientras que los hombres boxean casi siempre por dinero, no ocurre lo mismo con las mujeres. Rara vez les ofrecen más de 10.000 dólares, ni siquiera por un combate por el campeonato. Se calzan los guantes por razones más complejas.
"Peleo porque es el mayor desafío, y porque me sirve para ampliar la idea que tengo de mí misma", dice Bankowsky. Lejos de la imagen estereotipada y violenta, las boxeadoras suelen ser también innegablemente femeninas, Lucia Rijker, con sus pómulos notables y su mirada penetrante, actuó recientemente en una remake de Rollerball, del director John McTiernan. Bankowsky, cuyos ojos azules acentúan su piel pálida, tiene cabello platinado y un corte audaz.
Karyn Kusama, la realizadora de Girl Fight, cree que son esas divergencias de las expectativas generales las que hacen atractivo el boxeo femenino como espectáculo. "Es mucho más dramático ver a dos mujeres combatiendo -dice-. Vuelve obvio el hecho de que el boxeo es básicamente legalización de la violencia."
Ver boxear a mujeres plantea una pregunta: ¿no tienen miedo de que les arruinen la cara? Tenley Zinke, graduada en Smith College y publicista de moda, compitió sin embargo en las finales de 1999 del torneo Golden Glove. Una semana antes del combate, le pidió a una amiga que le fotografiara la nariz. "Me imaginé que si me la rompían, querría que me la operaran y le devolvieran su forma original", dice. Pero antes de la pelea, durante el entrenamiento, Zinke terminó con los dos ojos negros y la nariz hinchada. En la calle, la gente la miraba con compasión, suponiendo que era una víctima de la violencia doméstica. Dos días después tuvo que presidir una reunión destinada a reintroducir los productos de Helena Rubinstein en los Estados Unidos. "Afortunadamente, la clienta sabía que yo boxeaba, y lo tomó muy bien", recuerda Zinke.
Otro aspecto del boxeo con el que tienen que enfrentarse las escritoras y realizadoras de cine es la corrupción constante de este deporte. "Es un negocio oscuro, sin ley -dice Bankowsky-, y creo que es un punto crucial de las historias." En Shadow Boxers, sigue a Lucia Rijker por todo el mundo, denunciando los tratos sucios de promotores y otros habitantes del mundo del boxeo.
Uno de los mayores problemas es que todavía no existe infraestructura adecuada para el boxeo femenino. A pesar del aumento del número de buenas boxeadoras, para ellas no hay un sistema codificado de ranking como el de los hombres. Eso implica que no hay una manera adecuada de preparar combates oficiales entre boxeadoras. Y los promotores -que controlan los combates de un modo no permitido en ningún otro deporte- son reticentes a invertir en boxeadoras. Prefieren actuar como representantes de Mia St. John, una modelo de Playboy, que posó para la portada de esa revista, desnuda y con guantes de boxeo.
Tal como declara la directora Kusama, "las mujeres todavía son extranjeras en el mundo del boxeo". Pero todas estas cronistas esperan que las cosas cambien. Laila Ali, que tiene gran talento pero escasa experiencia, dicen los especialistas, le infundirá gran fuerza al deporte si logra convertirse en una verdadera púgil. Y el impulso del boxeo femenino será aún más grande si el Comité Olímpico lo admite como de po rte. Eso sería un gran progreso, dice Seth Abraham, que controla la programación de HBO y Time Warner, porque sería una gran vidriera para una nueva generación de mujeres boxeadoras. Abraham declara que está siguiendo de cerca el nuevo deporte, esperando el momento en que dé el gran salto. "Mientras tanto -advierte-, cuantos más libros y films se hagan, tanto mejor, Así fue como creció el boxeo masculino. Primero aparecieron las columnas periodísticas, los libros y las películas. Y después llegaron las multitudes de espectadores".





