
Ciervos en Neuquén: naturaleza salvaje
De la mano del turismo rural, se extiende la oferta de avistaje de animales silvestres por todo el país. La Revista visitó un complejo neuquino en el que diversas especies de ciervos pueden observarse a distancia mínima, con emociones máximas
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NEUQUEN. -Está apenas a unos seis, siete metros de distancia. El pequeño grupo de turistas se acurruca detrás de unas piedras para mirarlo mejor. El ciervo permanece inmóvil, en el centro de un claro. Aún es joven, pero ya tiene un porte majestuoso. Se lo nota algo intranquilo; debe de estar intuyendo la presencia de intrusos.
Domenico, el guía, hace una seña. Tras dos días de practicar avistajes, todos saben lo que eso significa: momento de hacer silencio y esperar. El fotógrafo alista la cámara; el resto del grupo deja descansar los prismáticos. El guía se arrebuja en su capa, calza más profundo el sombrero, e ingresa en un extraño estado de letargo. Hay algo casi zen en todo esto. Se trata de aguardar, estáticos, el momento justo. Pero, ¿cómo saber cuándo llega? Otra vez, Domenico marca los tiempos. Transcurridos unos minutos, se incorpora y mueve ligeramente la cabeza. Llegó la hora.
Son efímeros los trofeos en este tipo de excursión. Apenas un instante de gloria: el momento en que el binocular registra el elástico perfecto de la musculatura del ciervo a punto de huir.
Callar, escuchar, mirar
"¡Pero qué lindo ese colorado!" Los ve todos los días y, no obstante, a Domenico Panciotto se le ilumina el rostro cada vez que, acompañando a los excursionistas de turno, redescubre alguno de sus ciervos.
No se trata de un guía cualquiera. De obvio origen italiano, ingeniero de profesión, admirador por igual de la frescura siciliana y del rigor alemán, se dedicó durante mucho tiempo a la construcción de puentes de altura en Nepal. Otros trabajos lo llevaron a recorrer diversas regiones de Europa, Asia y América. En su vida no faltaron emociones. Pero hace alrededor de ocho años se dejó maravillar por las araucarias que rodean la zona del lago Aluminé, en Neuquén. Y decidió que allí pasaría el resto de la vida. Construyó un espléndido resort a orillas del lago Pulmarí (a 35 km de Aluminé y 190 de San Martín de los Andes). Lo bautizó Piedra Pintada, en referencia a los grabados antiquísimos que se encuentran en unas rocas del lugar.
El complejo es una combinación de estancia y hotel cinco estrellas. Abarca 2000 hectáreas, en las que se crían animales, se realizan cultivos orgánicos, habitan especies en estado silvestre y anidan cerca de 178 variedades de aves. Incluye un sector de 700 hectáreas donde viven tres especies de ciervos: colorado, padre David y dama. Ellos son las grandes estrellas de los avistajes. Una vez que se traspasa el cerco que rodea su territorio, se ingresa en una zona con códigos propios.
Allí está ahora el grupito de turistas liderado por Domenico, que procuran ser sigilosos en sus movimientos: es fundamental no asustar a los ciervos.
Como a buena parte de la población argentina, a los ciervos locales también les toca el mote de "llegados de los barcos". En el caso de los habitantes de Piedra Pintada, los orígenes son diversos. El ciervo colorado (Cervus elaphus), distinguido por su fortaleza y altivez, es oriundo de los Cárpatos. Se introdujo en la Argentina a comienzos del siglo pasado. Respecto del ciervo dama(Dama dama), los primeros ejemplares llegaron alrededor de 1900.
Por su parte, el ciervo padre David (Cervus elaphurus davidianus) fue descubierto en Oriente por el misionero francés Armand David. Llegó a nuestro país sólo en 1969.
Furtivos
Impulsados por el auge del turismo rural, los avistajes ofrecen una experiencia realmente diferente para cualquier habitante de la ciudad. La oferta actual es numerosa, y se extiende a todo el país: desde observación de aves en el Litoral hasta safaris fotográficos en La Pampa, el Chaco o en distintas zonas de la Patagonia.
Suelen realizarse en regiones protegidas que, aunque no sean parques nacionales, funcionan con criterios de reserva natural.
Tal es el caso del complejo creado por Panciotto. Lo cual no quiere decir que en este predio no se practique la cacería. "En la actualidad no existen territorios 100% vírgenes -dice-. Por eso es necesario intervenir para asegurar el equilibrio entre la población de animales y el medio ambiente en el que viven. Una excesiva población de ciervos perjudicaría a algunas especies vegetales, por ejemplo."
El italiano quiere que el concepto quede claro: "Este lugar no es un coto de caza -continúa-. Sólo cazamos en cantidades mínimas. Lo necesario para controlar el crecimiento demográfico de los ciervos. La carne se destina al consumo de la hostería: es un alimento libre de colesterol, producto de animales que no sufren estrés cuando son faenados".
Un tema aparte es el de los cazadores furtivos, que se introducen en esta y otras zonas protegidas. A los turistas que siguen a Panciotto en esta ocasión les toca un raro privilegio: toparse con los restos de la acción de uno de aquéllos. Un ciervo de algo menos de 12 años (edad en la que alcanzan su esplendor) yace en medio de un descampado. Alguien lo mató de un tiro. Por el tiempo que lleva muerto, ya no sirve de alimento para los humanos. Quien le disparó ni siquiera se llevó la cornamenta como trofeo. Una muerte totalmente inútil. Los excursionistas lo rodean, conmovidos. De todas las impresiones que venían a buscar, ésta es la menos esperada. Pero no la más improbable: aunque en la Argentina existen más de 3000 normas vinculadas con la conservación de las especies, su aplicación es precaria.
Parte de la adrenalina de un avistaje es saber que se pueden encontrar las huellas de animales que, como los pumas, huyen de los humanos, pero atacan a los ciervos. Son depredadores y, se sabe, tienen su razón para serlo. Enfrentarse con la sinrazón de ciertos actos humanos es algo bien distinto. Pero, a su manera, también puede resultar iluminador.
Para saber más
www.patagonia.com.ar
www.medioambiente.gov.ar
www.piedrapintada.com
La brama
Para los rituales del amor, los ciervos apenas cuentan con treinta días en todo el año. Cada variedad tiene su período de celo en un mes diferente. Por ejemplo, el colorado entra en ese estado entre mediados de marzo y mitad de abril; el dama, en abril, y el padre David, en diciembre.
En estos períodos, los machos se tornan feroces competidores. Los bramidos con los que buscan intimidarse entre sí surcan el bosque y se hacen más evidentes a medida que declina el sol. Es un espectáculo primitivo y fascinante. Quienes saben de avistajes, recomiendan tener en cuenta el período de brama (así se llama el celo) a la hora de programar las excursiones.
Amenazados
- Más allá de Neuquén, en otras provincias argentinas viven otras familias de ciervos, originarias de este continente, muchas de ellas amenazadas. Según la Fundación Vida Silvestre ( www.vidasilvestre.org.ar ) en nuestro país se cazan tarucas en las sierras de Ambato (Catamarca), venados de las pampas en la bahía de Samborombón (Buenos Aires) y en el norte de Corrientes, ciervos de los pantanos en el Iberá (Corrientes) y en el delta bonaerense y huemules en el cerro Ventisquero (Río Negro). Todos estos ciervos autóctonos se encuentran amenazados de extinción y están protegidos legalmente, tanto en el nivel provincial como en el nacional y en el internacional. Incluso, algunos de ellos fueron declarados Monumento Natural, la máxima categoría de protección legal.






