Clase 4: detener el tiempo jugando

Eduardo Chaktoura
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23 de noviembre de 2014  

Crédito: Eva Mastrogiulio

En nuestra clase anterior comenzamos a trabajar sobre cómo opera la mente en relación al tiempo. Decíamos que nuestro cerebro late todo el tiempo al ritmo de la nostalgia (pasado) y la incertidumbre (futuro). En este sentido rescatábamos la importancia de "prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar el proceder ni los resultados".

Esto es lo que promueve el doctor Jon Kabat-Zinn con la práctica del Mindfulness (traducido como atención o conciencia plena), haciendo foco en promover la autoconciencia para reducir los síntomas físicos y psicológicos asociados al estrés, y mejorar así el bienestar general. Hoy, con el objetivo de avanzar en la reducción del estrés y la ansiedad, vamos a descubrir los beneficios del flow. Tan sólo se trata de dejarnos llevar por la satisfacción que nos provocan aquellas actividades que nos dan verdadero placer.

¿Qué es eso que tanto te gusta hacer? El concepto de flowing fue propuesto en 1975 por el psicólogo Mihaly Csíkszentmihalyi y, a desde entonces, se puso en práctica en diferentes campos y aspectos de la vida privada, la empresa, la educación y el deporte. ¿Cuáles son esas actividades que nos despiertan interés? ¿Cuál es el hobby de nuestros empleados? ¿Qué prácticas motivan e integran a nuestro grupo?

Cuando tomamos contacto con lo que nos provoca placer, nuestra mente hace foco exclusivo en la tarea. Es tal el interés que no hay desdoblamiento de conciencia. No tenemos otra preocupación más que ponernos al servicio de la actividad que nos motiva. Leer, dibujar, pintar, correr, jugar al tenis, a la play, al metegol, cantar, bailar, cocinar, hacer jardinería. Sea cual sea la actividad que nos abstraiga, la mente y el cuerpo traduce esta oportunidad en emociones positivas. No sólo experimentamos la sensación de que el tiempo se detiene (y que incluso no entendemos cómo es que han pasado las horas sin darnos cuenta), sino que en esas horas de inmersión en el placer, el cuerpo ha generado anticuerpos y tantos otros reductores de estrés, ansiedad y demás síntomas y trastornos.

Fluir, en definitiva, es un acto de entrega sincera, de respeto a nosotros mismos. ¿Cuánto nos estaremos respetando? ¿Cuánto estaremos disfrutando? ¿Cuánto nos estaremos riendo (por dentro y por fuera)? Según nos enseña Csíkszentmihalyi en sus investigaciones, con la práctica del flowing podemos, entre otras cuestiones, precisar objetivos, poner en práctica habilidades y destrezas, promover la concentración y el enfoque, estimular nuestra creatividad y flexibilidad, experimentar la gratificación y retroalimentación directa e inmediata.

El estado de flujo en grupo potenciará la creación de espacios creativos de planificación, encuentro y comunicación. Fomentará, entre otros, el ejercicio de virtudes tan vitales como el liderazgo, el sentido de equipo, civismo, justicia y solidaridad. ¿Cuánto tiempo dedicamos a aquellas actividades que pueden provocar todos estos efectos positivos? ¿Qué estamos haciendo por promover los beneficios del proyecto, el tiempo y espacio compartido?

Nos sorprenderá (evitemos el juicio y/o enojo) tomar conciencia de cómo ciertos hábitos y exigencias de la vida moderna nos apartan de lo que, en definitiva, nos hace bien y nos potencia.

La clase 4, y su propuesta placentera de"detener el tiempo jugando como cuando éramos niños", nos invita a repasar los objetivos anteriores:

1) Identificar en qué hacemos foco: ¿en qué y quiénes invertimos nuestro tiempo, energía y dinero?

2) Establecer prioridades saludables: ¿a qué le doy prioridad? ¿Qué es lo urgente, lo importante y/o necesario?

3) Sincronizar relojes en este aquí y ahora: ¿qué dice tu mente en este instante? ¿Qué sensaciones o emociones están presentes?

Ahora, ¡a jugar! Verán que hemos dado otro gran paso.

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